Así avanza en el Vaticano el proceso de beatificación de Gaudí

Francesc dio un primer paso al proclamarlo "venerable siervo de Dios" antes de morir

08/06/2026

RomaEl 14 de abril de 2025, solo una semana antes de morir, el papa Francisco proclamó al arquitecto catalán Antoni Gaudí (1852-1926) "venerable siervo de Dios", un título con el que la Iglesia católica reconoce las virtudes heroicas de hombres y mujeres, y que constituye el primer paso hacia la santidad dentro del largo proceso de beatificación y canonización. Una decisión histórica que llegaba después de una iniciativa impulsada en los años 90 por José Manuel Almuzara dedicada a difundir la figura del conocido como "arquitecto de Dios".

Aunque no fue hasta los primeros años de la década de los 2000 que el Vaticano tomó en consideración la solicitud, los devotos de Gaudí llevan más de tres décadas pidiendo su canonización, poniendo el acento en cómo las imponentes agujas de la Sagrada Familia convencieron a muchas personas a convertirse al catolicismo. "Gaudí utilizaba su arquitectura como una herramienta para rezar", explicó recientemente Almuzara, arquitecto y presidente de la Sociedad para la Beatificación de Gaudí, una asociación de fieles y laicos encargada de promover el proceso de canonización ante el Vaticano.

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La decisión del difunto pontífice argentino aceleró finalmente el proceso para subir a los altares al genio catalán, que murió prematuramente al ser arrollado por un tranvía en 1926 y dejó incompleta su gran obra maestra.

Para que Gaudí sea beatificado, la Congregación para las Causas de los Santos, el ministerio vaticano también conocido como la "fábrica de los santos", que decide qué persona reúne las virtudes necesarias para ser inscrita en el libro de los santos, deberá reconocerle un milagro. Para alcanzar la santidad es necesario que este influyente organismo de la curia vaticana certifique al menos dos.

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Los promotores de la causa entregaron un informe de más de 1.000 páginas con testimonios de personas que conocieron al arquitecto, así como varios posibles milagros atribuidos al genio catalán, acontecidos en Europa y América Latina. Pero para los expertos del Vaticano, las obras de Antoni Gaudí son ya auténticos milagros arquitectónicos, expresiones de un profundo diálogo entre la arquitectura, la naturaleza y lo divino.

"Es un gran santo, pero también un gran constructor. Los dos elementos van de la mano, y no debemos olvidarlo", defendió la historiadora italiana Maria Antonietta Crippa, experta en la obra del genio catalán, durante el congreso Arte, Fe y Belleza en la Obra de Gaudí, organizado por la Delegación de la Generalitat en Italia para conmemorar el centenario de su muerte.

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Acompañada por el sacerdote y filósofo Lluís Clavell, Crippa recordó la importancia de la luz en el interior de la basílica, que "evoca un bosque acogedor y luminoso, una construcción que alude a la naturaleza", así como la relevancia de la liturgia en la obra de Gaudí. "Una obra maestra conmovida", dijo.

El religioso catalán, por su parte, dijo que Gaudí "transmite una gran unidad a través de la belleza compartida". "Es el mismo deseo del papa León XIV por la unidad y la paz, que se materializa en la contemplación y la oración que ofrece la Sagrada Familia", añadió.

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Los expertos coinciden en decir que la figura de Antoni Gaudí no se puede comprender sin su intensa vida espiritual. En su edad adulta, el arquitecto vivió una profunda fe marcada por la oración y la completa inmersión en la tradición de la Iglesia. Especialmente significativa fue su devoción por san Felipe Neri –a menudo frecuentaba su oratorio en Barcelona–. Pero quien mejor explicó la estrecha relación entre la Iglesia católica y "el arquitecto de Dios" fue el mismo Benedicto XVI, que definió a Gaudí como "un arquitecto genial y cristiano coherente, cuya chispa de fe ardió hasta el final de su vida, vivida con dignidad y absoluta austeridad".

El 7 de noviembre de 2010, el pontífice alemán visitó Barcelona para consagrar la Sagrada Familia durante una misa solemne, a la que asistieron más de 8.000 personas, que elevó la considerada catedral del siglo XXI a la categoría de basílica, en imitación de las trece iglesias de Roma –siete mayores y seis menores–, que se consideran las primeras de la cristiandad. "En este marco, Gaudí quiso unir la inspiración que le venía de los tres grandes libros que le nutrían como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la liturgia", recordó en su homilía.

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Antes que él, el papa Juan Pablo II elogió al arquitecto catalán por primera vez durante su visita a la Ciudad Condal en 1982. Su obra –dijo entonces el pontífice polaco– recuerda "otra construcción hecha de piedras vivas: la de la familia cristiana".

Pero si Benedicto XVI demostró su profunda conexión con el genio catalán al ser el primer papa en honrar la "santidad" de Antoni Gaudí y años más tarde Francisco abrió las puertas a su proceso de beatificación, León XIV podría ser el encargado de firmar el decreto que permita ascender a los altares al "arquitecto de Dios".

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El próximo 10 de junio, con ocasión del centenario de su muerte, Barcelona recibirá al Papa, que inaugurará y bendecirá la torre de Jesús. Culminada en abril pasado, supone que la basílica ya ha alcanzado su altura máxima, 172,5 metros. El pontífice estadounidense celebrará la eucaristía en el interior del templo y posteriormente la bendición de la torre en el exterior, en una ceremonia que se espera que sea multitudinaria.