Encuentran muerto en su domicilio al catedrático de Cambridge que se inventó una vida falsa
De superestrella académica a paria, Jason Ardey había protagonizado un escándalo académico y social en el Reino Unido
Durante años fue una superestrella académica, un prodigio. Pero después de que los rumores que apuntaban a que todo aquello de lo que presumía era mentira salieran a la luz pública, se convirtió de repente en un paria, en un apestado. El viernes Jason Arday, de 41 años, fue encontrado muerto en su domicilio en circunstancias que aún no han sido aclaradas. Todo hace pensar que se ha suicidado.
Arday había pasado a la historia como el primer catedrático negro y joven que había conseguido dar clases en la prestigiosa y elitista Universidad de Cambridge. Toda una hazaña personal y académica. Pero, por si fuera poco, su biografía estaba repleta de hazañas: no había hablado hasta los 11 años, era autista, y no había aprendido a leer ni escribir hasta los 18 años. Que, con estos precedentes, un joven Arday hubiera llegado a la universidad, hubiera hecho un doctorado, y hubiera sido admitido como catedrático en Cambridge parecía una historia increíble de superación personal. Pero había más, mucho más: había corrido 30 maratones en 35 días, había recaudado 5 millones de libras para causas benéficas... Todo esto superando el racismo y el clasismo del mundo académico de Cambridge.
Los problemas llegaron cuando fue acusado de haber plagiado una tesis doctoral. Entonces se empezó a destapar un caso donde nada parecía cuadrar. Las universidades donde decía haber trabajado no lo conocían, las organizaciones benéficas para las que decía haber recogido fondos no sabían nada de él, los presuntos ataques racistas que había sufrido no le constaban a la policía... Cuando todo saltó a la prensa, el escándalo fue monumental, con decenas de académicos acusando a Cambridge de wokismo, de haber contratado a Arday no porque fuera bueno como profesor, sino sencillamente porque era negro, hecho que permitía a la institución presentarse como una universidad moderna.
Finalmente, la presión fue tanta que Arday, casado y padre de dos hijos, acabó por dimitir, en medio de un escándalo que continúa en la universidad, que ha abierto una investigación para aclarar cómo fallaron los controles de calidad y nadie supo ver que su currículum estaba lleno de sospechas, ni hizo nada cuando sus alumnos lo acusaban de poca calidad docente. Días después de su dimisión, sin embargo, ha llegado la muerte en circunstancias aún no claras.
En un comunicado, la familia de Arday ha afirmado este viernes que "fue víctima de una campaña de abuso continuado durante más de tres años desde su nombramiento en Cambridge por aquellos que movieron cielo y tierra en su intento por desacreditarlo. Esta campaña de desinformación fue demasiado para Jason, un hombre amable que siempre quería lo mejor de cada uno".