Estados Unidos

Trump afina la música de guerra en Cuba

La Casa Blanca redobla la presión sobre la isla, que es una de las grandes obsesiones del secretario de Estado, Marco Rubio

WashingtonCuba se ha convertido en el ruido de fondo que se oye por debajo de los grandes titulares de la guerra de Irán. A pesar de estar muy ocupado amenazando a los ayatolás día sí y día también, Donald Trump ha encontrado huecos para insinuar una posible acción militar contra la isla. Ya sea hablando de hacerle "una parada" o bien diciendo que tomará "el control". Incluso ha planteado enviar cerca del puerto de La Habana el portaaviones Abraham Lincoln –que actualmente está ocupado con el bloqueo de Ormuz– para forzar la capitulación del gobierno cubano. Unos mensajes que, como ya es costumbre en la diplomacia trumpiana, se han contradicho con otras afirmaciones sobre un posible diálogo. Este martes, antes de partir hacia China, el magnate escribía en Truth Social que atendería las solicitudes del gobierno cubano civilizadamente: "Cuba está pidiendo ayuda y hablaremos". El jueves, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajaba a La Habana para tener una sorprendente reunión con altos funcionarios del gobierno cubano. No han trascendido detalles concretos del encuentro.

A diferencia de enero, cuando hizo las primeras insinuaciones después de intervenir militarmente Venezuela, esta vez las palabras del presidente también van acompañadas de hechos. En los últimos meses los vuelos de la inteligencia militar estadounidense han aumentado considerablemente sobre la isla, según el análisis hecho por la CNN en base a los datos públicos. Desde el 4 de febrero Washington ha realizado al menos 25 vuelos de este tipo utilizando aviones tripulados y drones, la mayoría cerca de las grandes ciudades del país, La Habana y Santiago de Cuba. Algunos de los vuelos se han hecho a menos de 64 kilómetros de la costa, según FlightRadar24.

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Una de las primeras lecciones que deja la guerra de Irán es que las declaraciones de la Casa Blanca hay que tomarlas con pinzas, pero no se las puede desestimar. Es evidente que hay una intención de volver a poner el foco sobre Cuba. Pero para el politólogo especializado en Cuba de la Universidad Americana, Philip Brenner, la clave de todo dependerá de a quién decida escuchar Trump en última instancia: "En la cena de Estado con el rey Carlos de Inglaterra, estaba Pepe Fanjul. Él controla mucho azúcar y ha hablado con líderes cubanos sobre invertir en él. Él ha dado dinero a Trump. Si Trump escucha a Pepe Fanjul, habrá negociaciones pacíficas. Si escucha a Marco Rubio, podría ser lo contrario. Depende del interlocutor que tenga el presidente al final".

Fanjul representa la élite del exilio cubano y se ha convertido en una de las figuras más poderosas de Florida y uno de los principales donantes al partido republicano. Recientemente el empresario del azúcar donó 300 millones de dólares para el salón de baile que Trump quiere construir en el ala este de la Casa Blanca. Para este grupo de la diáspora cubana, lo ideal sería una transición pactada que proteja su futuro en la isla.

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Una cuestión personal, no estratégica

La captura de Nicolás Maduro en enero lleva la firma del secretario de Estado, Marco Rubio. El hispano es conocido por ser un halcón tanto con Venezuela como con Cuba, aunque la isla caribeña siempre ha sido una cuestión personal. Buena parte de su carrera política la ha construido en Florida apelando a la diáspora cubana y llamando a destruir el régimen. Durante muchos años Rubio se ha aferrado al relato de que sus padres eran exiliados del castrismo, aunque al final acabó reconociendo que habían abandonado la isla antes de la revolución, bajo la dictadura de Fulgencio Batista.

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"Para Trump, Cuba no es una obsesión estratégica como lo era Venezuela con el petróleo. Pero para Rubio es su legado personal y político, tiene la oportunidad como secretario de Estado que no tendría con ninguna otra administración", expone a el ARA el exdirector del Diálogo Interamericano y profesor de Georgetown, Michael Shifter. E insiste: "La justificación de que Cuba es una amenaza para la seguridad nacional, que es muy débil; el país está en ruinas, con el 20% de su población habiendo emigrado en los últimos cinco años."

Esta inmigración, la gran mayoría dirigida hacia los EE. UU., ya se ha convertido en una preocupación también para el gobierno. "La amenaza de una migración masiva; esta es la carta que tiene Cuba. No interceptarán ciudadanos norteamericanos en botes en el estrecho de Florida rescatando a sus familiares; eso destruiría el Partido Republicano", dice Brenner, cuando se refiere a la gran diáspora cubana que vive a tan solo 150 kilómetros de la isla, donde muchos todavía tienen familiares.

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Bloqueo petrolero impuesto por los EE. UU.

Cuba sufre una de las peores crisis humanitarias en décadas desde que en enero Estados Unidos impuso un bloqueo petrolero con sanciones y aranceles a todos aquellos países que faciliten energía al país. Además, la intervención en Venezuela y la tutela del nuevo gobierno de Caracas ha supuesto cerrar el grifo del principal proveedor de combustible a la isla. El asedio ya afecta a más del 60% de los habitantes de la isla, con graves afectaciones a instalaciones civiles como son los hospitales.

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Shifter cree que "hay una posibilidad real de una operación militar". "Todos los indicios sugieren que hay preparativos en marcha. Se están elaborando planes, pero no creo que sea un hecho inminente. La crisis con Irán ahora mismo podría posponer cualquier acción inmediata con Cuba", apunta.

En el supuesto de que esta acción llegue a ejecutarse, el escenario más "realista" sería un "ataque simbólico", según Brenner. "Pero enviar el portaaviones Abraham Lincoln y pedir que Cuba se rinda, o iniciar una invasión es altamente improbable. No tiene el número de soldados necesario; para ocupar Cuba necesitarías al menos un millón de soldados. Y se enfrentaría a una guerra de guerrillas horrible", remarca. Para Brenner, más peligroso que la retórica bélica o los vuelos de inteligencia, es el último paquete de sanciones que aprobó la semana pasada el departamento de Estado.

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El ministerio de Rubio anunciaba sanciones contra el conglomerado cubano GAESA, controlado por las fuerzas armadas. Este, y no la figura del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, es el auténtico corazón político del régimen. De hecho, a pesar de que Trump intente dibujar un posible golpe contra Cuba con el mismo esquema que en Venezuela, la realidad no es comparable. "Cuba es diferente; un secuestro de Miguel Díaz-Canel no importaría mucho porque no tiene mucho poder individual. Quien tiene el poder real es GAESA, el brazo económico del ejército", advierte Brenner, que insiste también en la importancia de las guerrillas.