Crónica de la última ofensiva de Trump contra Zelenski
Washington vuelve a presionar a Zelenski después del acuerdo con Putin para adquirir toneladas de diésel ruso
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WashingtonLas sonrisas de la visita a la Casa Blanca en agosto o la ayuda ucraniana al Pentágono para combatir los drones iraníes le han durado poco a Donald Trump. En cuestión de días, la relación entre el presidente estadounidense y su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, ha vuelto a degenerar. Ya sea en forma de insultos directos contra Zelenski o bien por la interrupción de los servicios de Starlink (empresa de Elon Musk, aliado de Trump) mientras Ucrania estaba bajo ataques rusos, el martes pasado. Una nueva ofensiva del magnate contra Kiev en toda regla.
No hace falta saber las interioridades de la diplomacia estadounidense y ucraniana para notar que el nuevo alejamiento de Trump se produce justo después del anuncio de que Rusia ha acordado entregar inmediatamente 300.000 toneladas de diésel a EE. UU.. Una medida desesperada con la que el presidente estadounidense quiere intentar reducir los altos precios de los carburantes a tres semanas de las elecciones de medio mandato. El republicano lo anunció la semana pasada, dos días después de llamar al presidente ruso, Vladímir Putin, para felicitarle por su cumpleaños. Probablemente, la conversación fue más allá de una simple felicitación.
El acuerdo para comprar diésel a Moscú suponía pisotear completamente el último gran paquete de sanciones que el Congreso había aprobado para seguir presionando a Putin. La decisión de Trump echó por tierra todos los esfuerzos de Zelenski en su último viaje a Washington para conservar el menguado apoyo estadounidense a Kiev. Desde que el republicano volvió al poder, el grifo de la ayuda militar y económica se ha ido cerrando.
Sin Patriots
La poca predisposición de Trump a continuar enviando armamento a Ucrania se ha visto alimentada por el bajo stock de misiles antiaéreos Patriot que sufre el Pentágono a raíz de la guerra de Irán. Cada día que pasa los ucranianos están más expuestos a los ataques aéreos rusos, por el bajo stock que tienen de estos proyectiles después de meses sin que Washington envíe ningún otro paquete de armamento. De hecho, Rusia ha estado intensificando los bombardeos aprovechando estas circunstancias. Este mismo viernes, la cadena CNN ha informado de que Ucrania se ha quedado sin misiles Patriot.
La decisión de comprar diésel a Rusia acabó de matar las esperanzas de Zelenski, que después de festejar con la influencer de extrema derecha, Laura Loomer, aliada del magnate, empezaba a vislumbrar una posibilidad de retomar el plan de paz que la Casa Blanca había trazado para poner fin a la guerra. Unas conversaciones que hace meses que están en punto muerto, ya que Putin no tiene prisa por sentarse en la misma mesa que Zelenski. Tampoco parece que Washington recuerde el acuerdo sobre las tierras raras ucranianas.
Pocas horas después de que Trump anunciara el acuerdo energético, Ucrania atacó una terminal petrolera rusa ubicada en Rostov, e inició una nueva ronda de bombardeos contra infraestructuras energéticas. Inmediatamente, Trump anunció una supuesta tregua entre Rusia y Ucrania, y aunque Zelenski dijo que no sabía nada, la acató durante tres días. Pero Putin continuó atacando centrales eléctricas en Kiev y Járkov. Este jueves, finalmente, las fuerzas ucranianas volvieron a contestar los bombardeos. "Ya basta", dijo Zelenski en una entrevista al Financial Times para anunciar la decisión.
Trump vuelve a culpar a Zelenski
Como ya ha ocurrido en otras ocasiones, Trump pone toda la culpa sobre Zelenski como si Rusia no hubiera invadido Ucrania. "Todo lo que hace [Zelenski] está haciendo subir el precio del petróleo en el mundo. Creo que es una vergüenza", decía este viernes el presidente de los EE. UU. en una entrevista en el canal Newsmax. "Hay muchos objetivos que puedes atacar, pero cuando atacas refinerías de diésel donde haces gasóleo, algo que necesitamos, que el mundo necesita, entonces no estás haciendo un buen servicio al mundo", ha remachado.
Como ya hizo a finales de la semana pasada, ha insistido en que el presidente ucraniano es más difícil de tratar que Vladímir Putin. "No soy un gran admirador de Zelenski", ha dicho, y ha añadido: "Creo que a ambos les gustaría que se acabara [la guerra], pero encuentro más difícil tratar con Zelenski que con Putin". Y ha vuelto a acusar a Zelenski de no querer la paz: "No quiere llegar a ningún acuerdo. Dice que quiere llegar a un acuerdo, pero no lo quiere".
Pero los ataques verbales exigiendo nuevas elecciones en Ucrania no son tan perjudiciales y graves como el apagón de Starlink. La señal de internet de los satélites operados por SpaceX es clave para las comunicaciones y las operaciones con drones en Ucrania, ya que ayudan a guiar los aparatos que operan a larga distancia. Es con estos aparatos no tripulados con los que las fuerzas ucranianas se habían hecho fuertes y habían conseguido llevar la guerra dentro del territorio ruso. El gran problema que tiene Zelenski es que no existe una alternativa a la tecnología de la compañía estadounidense.
Esta mañana Trump ha negado a los periodistas que él, o Elon Musk, tuvieran nada que ver con la bajada de potencia del servicio que ha denunciado Kiev. "No sé si fue alguien, pero yo no fui, y no creo que fuera Elon tampoco", ha dicho el magnate. Ahora bien, según ha informado la agencia Reuters, la orden de limitar el sistema de satélites en Ucrania vino de dentro de la Casa Blanca. Según varios funcionarios anónimos, los dirigentes del departamento de Defensa –que es el principal cliente de Starshield, el sistema que opera SpaceX– recibieron un mensaje con la orden de reducir el servicio para el ejército ucraniano.