Bruselas quiere decidir las condiciones del 'Breturn'

El nuevo contexto geopolítico empuja a Londres a buscar un acercamiento, pero la UE advierte que no aceptará acuerdos "a la carta"

4 min
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el primer ministro británico, Andy Burnham.
08/11/2026 - 19:07 h

BruselasCuando en 2016 los británicos votaron a favor de separarse de la Unión Europea, la decisión cayó como un jarro de agua fría en todas las capitales. Se marchaba un contribuyente neto al bloque, una de las grandes potencias económicas y militares y uno de sus miembros más influyentes. Una década después, el primer ministro británico, Andy Burnham, ha abierto la puerta a la posibilidad de que el Reino Unido dé marcha atrás. ¿Pero querría la Unión Europea aceptarlos?

En estos diez años, a ambos lados del canal de la Mancha se ha constatado que las expectativas que habían alimentado la separación no se han cumplido. Ni el Reino Unido ha experimentado el revulsivo económico que prometían los partidarios del Brexit –de hecho, su economía se encuentra en plena recesión–, ni a Bruselas le ha ido tan mal sin Londres. Las circunstancias, por tanto, son muy diferentes de las que llevaron a la ruptura. Si entonces fue el Reino Unido quien obligó a los socios a negociar las condiciones de la separación, ahora, en un contexto geopolítico turbulento marcado por la amenaza rusa, la imprevisibilidad de los Estados Unidos y la competencia china, es la UE quien tiene la oportunidad de decidir los términos de un posible Breturn, el concepto que se ha empezado a utilizar para referirse al acercamiento de Londres a Bruselas. Y es el Reino Unido, reticente a quedar a la intemperie geopolítica y comercial, quien tiene incentivos para entrar.

Londres y Bruselas viven una nueva luna de miel desde la llegada de Burnham a Downing Street; la sintonía de Ursula von der Leyen no había sido tan buena con ninguno de los cuatro predecesores con los que ha coincidido desde que es presidenta del ejecutivo comunitario. Los dos dirigentes tendrán la oportunidad de exhibir esta complicidad el 20 de noviembre, en una cumbre que se organizará en la capital comunitaria para escenificar este acercamiento.

El acercamiento entre la UE y el Reino Unido comenzó en septiembre, durante un encuentro al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Según informó entonces el Financial Times, el premier británico compartió con Von der Leyen el desasosiego de que las compañías británicas quedaran excluidas del made in Europe, la nueva política industrial del bloque para combatir la competencia china favoreciendo a las compañías de la UE en las subvenciones y los contratos públicos.

Aquella conversación cogió a los dirigentes comunitarios por sorpresa. Pero, desde entonces, todos los líderes que se han pronunciado sobre un posible Breturn han recibido la propuesta con los brazos abiertos. "Welcome back", reaccionó en inglés el presidente francés, Emmanuel Macron, a finales de septiembre, después de que Burnham planteara la posibilidad de reincorporarse al bloque. "Son muy buenas noticias, tanto para su país como para los europeos", remachó. En una línea similar se han manifestado el presidente español, Pedro Sánchez, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, por citar algunos ejemplos.

Que la Unión Europea tiene muchos motivos para querer recuperar Londres es un consenso. A escala internacional, se trata no solo de una gran potencia militar y nuclear, sino también de un estado con asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. En el ámbito económico, es uno de los grandes centros financieros mundiales. ¿Pero cuál es el precio que Bruselas estaría dispuesta a pagar?

La trampa de la "selección a la carta"

A estas alturas, el escenario más verosímil es que el Reino Unido busque "incorporarse a la unión aduanera o al mercado único sin ser miembro pleno de la UE", explica a ARA Michael Emerson, investigador asociado del think tank CEPS, que subraya que estas opciones son las más sensatas en términos económicos. Sin embargo, la entrada al mercado único chocaría de lleno con uno de los grandes caballos de batalla de la política interior británica: la inmigración. Este marco exige aceptar la indivisibilidad de las cuatro libertades fundamentales del bloque –circulación de bienes, servicios, capitales y personas–, hecho que obligaría a Londres a renunciar al control fronterizo exclusivo para los ciudadanos comunitarios.

Es por eso que los estados europeos advierten que no permitirán que la adhesión del vecino británico sacrifique la integridad del mercado común. Teniendo en cuenta la trayectoria histórica del Reino Unido dentro del bloque –marcada por excepciones constantes como mantenerse al margen del euro y del espacio Schengen–, fuentes diplomáticas señalan a este diario que no tolerarán una "selección a la carta". "O bien la unión aduanera, o bien las dos cosas", afirman.

Una advertencia que también comparte Emerson: "La idea de intentar unirse solo a las partes del mercado único que sean más favorables para el Reino Unido es una ilusión, ya que muy probablemente sería rechazada por la UE", avisa. Así, el investigador considera que cualquier reapertura de las conversaciones de adhesión conduciría a unas negociaciones difíciles en las que Bruselas exigiría renunciar a los antiguos privilegios y excepciones –opt-outs o el cheque británico–, lo cual enfriaría el entusiasmo de Londres por el reingreso.

Mientras tanto, el acercamiento se va abriendo paso a través de acuerdos sectoriales. Con respecto a las urgencias industriales, Francia y Alemania ya han indicado que aceptarían incluir al Reino Unido en la legislación made in Europe, con la condición de que el gobierno de Burnham se alinee con la posición arancelaria de la UE contra los vehículos eléctricos chinos. Sobre la mesa de la cumbre también hay tres carpetas más en las que se podría llegar a un consenso de manera más inmediata: un acuerdo para eliminar los controles de salud y la burocracia en las exportaciones alimentarias, la reincorporación del Reino Unido al programa de movilidad Erasmus –con la incógnita de quién se hace cargo de las tasas universitarias– y un acoplamiento en materia de defensa para reforzar la cooperación en carpetas clave como la ayuda militar a Ucrania.

stats