Ciberataques y amenazas de bomba: sembrar el caos sin declarar una guerra convencional
La campaña de amenazas de bomba a la aviación civil y los ciberataques recientes contra supermercados muestran las vulnerabilidades de Europa
-
CAT -
ENG
LondresSupermercados con los sistemas de refrigeración saboteados, un banco de sangre víctima de un ciberataque, aviones comerciales amenazados con bombas –y ahora también algunos medios de comunicación–, datos bancarios y personales de miles de ciudadanos de Moldavia expuestos, robos milmillonarios de criptomonedas... Europa ha encadenado últimamente una serie de incidentes de naturaleza muy diversa que pregonan una misma inquietud: ¿hasta qué punto se puede desestabilizar a una sociedad sin declararle la guerra? ¿Somos conscientes los ciudadanos europeos de nuestras vulnerabilidades, derivadas en buena parte de la interconexión de nuestras vidas?
Hace tres semanas, en su conferencia pública anual, Ken McCallum, jefe del MI5, el servicio de inteligencia interior del Reino Unido, habló del "caos sostenido" que algunos agentes extranjeros querían llevar a las calles de las islas británicas y a otros países del continente. Y los identificó, Rusia e Irán, pero dijo que actuarían de manera indirecta a través de redes de sabotaje reclutadas por sus servicios de inteligencia.
Justo un día antes de la intervención de McCallum, la noche del 11 al 12 de octubre, empezó la primera gran oleada de ciberataques contra los sistemas de refrigeración de supermercados franceses. Se vieron afectados cientos de establecimientos y se echaron a perder toneladas de comida. Entre el 1 y el 6 de noviembre, nuevos episodios poco usuales han echado leña al fuego.
El 1 de noviembre los ciberataques contra los sistemas de refrigeración comercial afectaron a supermercados de otros estados del continente: Bélgica, Suecia, Irlanda, los Países Bajos, Finlandia y Estonia. Y al día siguiente también se detectó un asalto informático a los sistemas de refrigeración de tres instalaciones del Establecimiento Francés de la Sangre. En esta ocasión, sin embargo, se evitó el desastre.
Y la guinda del pastel han sido los aviones. El lunes 2 de noviembre, tuvo lugar la primera amenaza de bomba contra un vuelo de Wizz Air entre Londres y Sofía. Finalmente, el aparato acabó siendo desviado a Budapest, en un aterrizaje de emergencia, mientras era escoltado por un caza de la fuerza aérea húngara. El registro demostró que no había ningún explosivo a bordo.
Un patrón que, por fortuna, se ha repetido en el medio centenar de vuelos amenazados entre el martes y el viernes en aviones que cubrían rutas de muchos países europeos diferentes, desde Francia, Dinamarca, Portugal, los Países Bajos, la República Checa o España.
Las alertas por bomba son habituales en la industria aérea, dice Philip Baum, de la empresa Green Light y profesor visitante de la Universidad de Coventry en esta materia. "Cada día del año hay aviones que tienen que desviarse". Lo que es diferente esta vez es el número de amenazas concentradas en una misma área geográfica y en un mismo período de tiempo. Una circunstancia que puede llevar a un efecto contagio. "Preocupa que esto pueda animar a otros autores a imitarlo cuando se den cuenta de lo fácil que es llevar a cabo este tipo de acciones disruptivas", dice.
Las amenazas se han enviado por correo electrónico y es "casi imposible hacer nada", argumenta Baum. "Es una manera muy fácil, muy barata y sencilla, prácticamente gratuita, de no llegar a paralizar la aviación civil pero sí de provocar en ella una alteración muy significativa. Las compañías aéreas no pueden hacer gran cosa.
En Bruselas, tanto las instituciones comunitarias como la OTAN hace tiempo que han puesto sobre la mesa el concepto de guerra híbrida: una manera de desgastar al adversario sin llegar a la confrontación militar directa, explotando sus vulnerabilidades y alimentando la desconfianza en sus instituciones.
El analista e historiador británico Mark Galeotti aseguraba este viernes, en un comentario extenso en X, que sería un error atribuir automáticamente a Moscú la campaña de amenazas contra la aviación civil. Añadía que no hay ninguna prueba que lo vincule con Rusia, pero que quizás ni siquiera haría falta que estuviera implicada para que eso sirviera a los intereses del Kremlin: "Bastaría con generar fricción, transmitir la sensación de que los gobiernos europeos son incompetentes y alimentar los movimientos populistas". Movimientos que a menudo son escépticos con el apoyo a Ucrania.
"¡Calma y adelante!"
Galeotti apunta que "la fragilidad de las sociedades modernas es, en sí misma, una vulnerabilidad estratégica" que cualquier adversario puede explotar. Sistemas interconectados, infraestructuras a menudo externalizadas y cadenas de suministro que funcionan con inventarios mínimos –el modelo just-in-time– pueden convertir un ataque relativamente sencillo en una perturbación de gran alcance. No hace falta destruir una infraestructura ni dejar a un país a oscuras; a veces basta con interferir en su funcionamiento cotidiano para provocar costes económicos, incertidumbre y desconfianza.
Este viernes, en el aeropuerto de Heathrow, la consigna que parecía dominar entre los viajeros era el famoso eslogan británico de la Segunda Guerra Mundial, keep calm and carry on! [¡Mantén la calma y sigue adelante!], la quintaesencia del pragmatismo incluso en las circunstancias más adversas. El vestíbulo de salidas de la terminal 4 ofrecía un aspecto bastante habitual en esta época del año: largas colas en los mostradores de facturación y decoración de Navidad y mezcla de perfumes empalagosos después del control de seguridad. Ninguna de la decena larga de personas con las que hablé tenía en mente las mencionadas alertas. Las cuatro que habían oído hablar de ellas no se mostraban nada preocupadas.
Las estadísticas les dan la razón. Si se toman los datos de Eurocontrol, lo que ha ocurrido esta semana es irrelevante. Entre el 2 y el 8 de noviembre había programados sobre el espacio aéreo europeo poco más de 195.100 vuelos y, hasta este sábado, solo una cincuentena habían sido amenazados. En total, un 0,026%. Hay que tener mala suerte para que te toque la bola negra. Y, aun así, la vulnerabilidad del transporte aéreo es evidente. No hace falta ser un hacker de altísima cualificación para desatar el caos: basta con un correo electrónico enviado desde una dirección IP difícil de rastrear para poner contra las cuerdas a la industria.
¿Quién hay detrás? ¿Rusia, Irán, Corea del Norte, la CIA, el Mossad, una Spectre real y no la de la ficción de James Bond? Quizás la cruda realidad la vuelva a ofrecer Mark Galeotti: "El mundo moderno, con todas sus maravillas, es peligrosamente frágil. Se trata de un problema sistémico que Rusia explota, no de un problema ruso que desaparecerá si Moscú rectifica."