Guerra en Europa

¿Por qué la contraofensiva ucraniana afronta el momento más decisivo?

La operación militar más mediática de la invasión no ha salido como esperaba Occidente, pero Zelenski aún tiene tiempo

BarcelonaEn un punto mal iluminado de una carretera hacia el Donbass, un veterano soldado ucraniano gritaba: "A los rusos nos los follaremos". Lo repetía, eufóricamente, mientras hacía gestos sexuales. Era una noche del mes de febrero, justo cuando se cumplía un año del inicio de la invasión rusa de Ucrania y las tropas de Volodímir Zelenski tenían la moral por las nubes después de haber recuperado una extensión considerable de territorio gracias a la ofensiva del otoño del 2022.

Durante buena parte de la guerra, entre los soldados de Kiiv ha imperado un discurso que ridiculizaba a los militares rusos. El fracaso de la operación relámpago con la que Moscú quería tomar el control de Kiiv o los pocos avances rusos durante el primer invierno de la invasión consolidaron la idea de que los hombres de Vladimir Putin no estaban tan preparados como cabía esperar. En las redes sociales ucranianas se popularizó un término para llamarlos: orcos, es decir, monstruos mitológicos que suelen ser muy feroces, pero que no tienen mucha inteligencia.

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La contraofensiva ucraniana de verano, esperada con insistencia, ha cambiado esta percepción. Lo admite otro soldado de Kiiv, que prefiere el anonimato. “Los rusos han aprendido. Están haciendo una defensa muy fuerte. Es difícil, pero saldremos adelante”, escribe a través del chat de Instagram. Los 800 kilómetros de fortificaciones que Rusia ha levantado en el último año están dando frutos. Las tropas ucranianas han tenido que hacer frente a un paisaje que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial: trincheras profundas y conectadas a través de túneles, campos totalmente minados, múltiples posiciones de tiro bien blindadas y un ejército, el ruso, que ha podido reconstituirse y que sigue bien armado.

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Una periodista ucraniana, bien informada de las interioridades de las tropas de Kiiv, explica una estampa bastante ilustrativa del momento actual: ha aumentado el número de soldados que intentan escabullirse de ir al frente porque son conscientes de que las probabilidades de morir también han aumentado. Los últimos informes de la inteligencia occidental dan fuerza a esta versión: la contraofensiva, sangrienta, ha acentuado las bajas de Ucrania y cada metro ganado ha sido a cambio de muchas vidas, sobre todo de jóvenes soldados recién incorporados al ejército y, por tanto, poco entrenados.

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Melitópol, a 70 kilómetros

Han pasado cuatro meses desde el inicio de la contraofensiva y Ucrania afronta ahora uno de los momentos más delicados de la guerra: el otoño ha llegado, no se han logrado grandes triunfos durante un verano que muchos expertos auguraban decisivo y la situación en el campo de batalla sigue bastante enquistada. Ni Occidente ni Kiiv quieren oír hablar de fracaso, pero Zelenski ha tenido que oír que algunos de sus aliados –empezando por el propio Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN– admitían que se estaba avanzando más lentamente de lo que preveían.

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El ARA ha trasladado este mensaje a uno de los combatientes ucranianos que participan en la ofensiva. Su respuesta: “Todo lo que puedo decir es que vengan ellos y que lo hagan más rápido. Todo el mundo es muy inteligente desde casa, sentado frente al televisor o al ordenador”. Minutos después, y más calmado, añade un comentario: “Ya sabes que no puedo dar detalles de la contraofensiva… pero puedo asegurar que mis hermanos [en referencia a otros soldados] se dejan la piel para recuperar cada metro”.

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El mismo día que Stoltenberg admitió la lentitud de la contraofensiva, dijo también que los soldados ucranianos ganaban, de media, unos 100 metros diarios. El grueso de la operación militar –de tres direcciones– está en el frente de Zaporíjia, y la ciudad de Melitópol, considerada el eje de los territorios ocupados por el Kremlin en la costa ucraniana, sigue siendo el objetivo principal. Para llegar a Melitópol –y dividir la zona invadida por los rusos– quedan todavía unos 70 kilómetros, una distancia gigante si se tiene en cuenta el ritmo de conquista actual de los hombres de Zelenski. Pero Ucrania insiste en que la contraofensiva está en curso y que hay margen: se calcula que quedan unas cinco semanas de buen tiempo antes de que se intensifiquen las lluvias del otoño, que empantanan el terreno, y de que, después, llegue el frío y la nieve de invierno, que suelen frenar los combates.

El fron de guerra
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Sobre el mapa, los cálculos de Kiiv parecen bastante claros. Tras liberar la pequeña localidad de Robotine, a finales de agosto, el siguiente objetivo sería la ciudad estratégica de Tokmak, que antes de la invasión tenía más de 30.000 habitantes. Ahora se encuentran a 24 kilómetros de Tokmak y la resistencia rusa sigue siendo feroz: los expertos creen que la cantidad de minas que han esparcido no es comparable a la de ninguna otra guerra y que, en las últimas semanas, Moscú ha blindado aún más la ciudad, ubicada a 50 kilómetros de Melitópol. Las batallas son –y serán– salvajes, tal y como muestran algunos vídeos que comparten en las redes sociales los propios militares ucranianos. Imágenes por satélite recientes también lo corroboran: Robotine, que antes era un pequeño pueblo agrícola rodeado de campos de cultivo, ahora es un pedazo de tierra quemada y llena de cráteres donde sólo quedan los escombros de algunas casas.

Cambio de estrategia

Las fuentes consultadas por este diario coinciden en que es demasiado pronto para sacar conclusiones. “El año pasado, [la ciudad de] Kherson se recuperó en noviembre y la ofensiva se aceleró en otoño”, recuerda Garvan Walshe, analista del European Policy Centre. Pero también admiten que los resultados obtenidos hasta ahora no son los que el gobierno de Zelenski deseaba.

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En junio y julio, primeros meses de la contraofensiva, fueron especialmente duros: aunque no existen cifras exactas –Kiiv las esconde porque las considera secreto de estado–, durante ese período se perdió una cantidad dolorosamente alta de tanques, vehículos blindados y también de soldados jóvenes. Los campos minados, el fuego de artillería y, sobre todo, la superioridad aérea –los cazas occidentales no han llegado todavía– fueron una combinación letal que causó estragos entre las brigadas ucranianas que se aventuraban a atacar las líneas rusas. Muchos hombres murieron de la misma manera: después de que un tanque pisara una mina mientras abría camino, y toda la columna que le seguía tuviera que detenerse y fuera víctima de una lluvia infernal de artillería y drones bomba.

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“Ucrania no podía mantener ese ritmo. En primer lugar porque, a diferencia de Rusia, el armamento es más limitado. En segundo lugar porque, como estado democrático, no puede utilizar a sus soldados como carne de cañón”, apunta Pol Molas, presidente de la Sociedad de Estudios Militares. Por este motivo, el ejército de Zelenski se vio obligado a cambiar de estrategia y ahora, desde principios de agosto, opta mayoritariamente por asaltos de pequeñas unidades de infantería, más discretos y más ágiles, por desgastar poco a poco a la defensa rusa, un método parecido al que se utilizó durante la ofensiva de otoño. "Es una estrategia más lenta, pero más segura", añade Molas.

Tokmak, la clave de Zelenski

En jerga bélica, una línea defensiva es una serie de fortificaciones que los ejércitos preparan para cerrar el paso al enemigo. Normalmente están formadas por tropas atrincheradas, sistemas antitanques –los rusos se llaman “dientes de dragón”, porque la forma recuerda–, nidos de ametralladoras, campos de minas delante y armamento –especialmente fuego de artillería– detrás.

A principios de septiembre, Kiiv rompió la primera de las tres líneas defensivas que los rusos han levantado para proteger a Melitópol. La primera suele ser la más costosa, aunque no está claro en qué estado se encuentran las otras dos. Algunos expertos calculan que el Kremlin había dedicado un 60% de los esfuerzos –es decir, tiempo y recursos– a construir la primera línea y sólo el 40% en la segunda y tercera. Otros creen que la tercera está más protegida porque, básicamente, es la última. Este viernes, algunas informaciones apuntaban que soldados ucranianos habían superado ya la segunda línea en algún punto del frente de Zaporíjia. No había confirmación oficial.

Pero, más allá de las líneas defensivas, es necesario quedarse con un nombre, el de la citada ciudad de Tokmak. Si Kiiv logra tomar su control sería un paso importante: su fuego de artillería tendría al alcance una línea de ferrocarril y una autopista, la M14, que Moscú utiliza para enviar suministro hacia Crimea. Estratégicamente, sería un duro golpe para Putin y Zelenski ya tendría un éxito importante para ofrecer a los aliados occidentales, mecenas de la operación militar y que esperan, inquietos, resultados.

A la espera de las lluvias de otoño, ya se puede anticipar algo: nada hace pensar que la contraofensiva marcará el desenlace de la guerra, tal y como sentenciaban en primavera la mayoría de expertos y algunos mandatarios –a pesar de los llamamientos en la prudencia de Kiiv–. Sí que puede situar a Ucrania en una posición más favorable en una supuesta mesa de negociación con Rusia. En Kiiv no quieren ni oír hablar de negociar, pero eso parece que dependerá más de la paciencia de los aliados occidentales.