Italia

Draghi: el salvador del euro que se tuvo que rendir en Italia

El primer ministro acaba dimitiendo y, con su marcha, aboca a Italia a una nueva crisis política

RomaMario Draghi (Roma, 1947) se despidió de la presidencia del Banco Central Europeo con la satisfacción de haber conseguido salvar la Unión Europea de la crisis de deuda más grande de su historia, que amenazaba con enterrar la moneda única. “Me siento como alguien que intentó cumplir con el mandato de la mejor manera posible. Es parte de nuestro legado: nunca nos tenemos que rendir”, declaró entonces, durante su última rueda de prensa al frente de la institución.

Pero hace unos meses, y cuando ya estaba más que preparado para disfrutar de una merecida jubilación, recibió una llamada del presidente de la República, Sergio Mattarella, que no pudo rechazar. El hombre que salvó el euro estaba llamado ahora a rescatar del abismo a su propio país, sumido en el desafío social y económico más grande desde la Segunda Guerra Mundial debido a la pandemia. Una misión que, 17 meses después, ha acontecido imposible. Incluso para Super Mario.

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El febrero del 2021, Mattarella encargó al economista encabezar un gobierno de unidad ante la incapacidad de los partidos de resolver la crisis provocada por la dimisión del anterior primer ministro, Giuseppe Conte. El expresidente del BCE consiguió el compromiso de los principales partidos, excepto los ultraderechistas Hermanos de Italia, que se mantuvieron a la oposición. Diez días después, su ejecutivo juró ante el jefe del estado con dos objetivos: gestionar la pandemia e impulsar la recuperación del país definiendo los proyectos financiados con los más de 200.000 millones de euros puestos a disposición por la UE.

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Draghi se presentó en el Parlamento con un programa que enterraba cualquier aspiración soberanista: “El euro es irreversible: este gobierno es europeísta y atlantista”. Entonces nadie se podía imaginar que la invasión de Rusia en Ucrania convertiría Italia en un actor fundamental de la respuesta europea a la guerra, al mismo tiempo que acabaría condenando a muerte su heterogénea mayoría parlamentaria.

Salto de prestigio y poder

Con Draghi al frente del gobierno italiano, el país transalpino recuperó influencia y se convirtió en socio preferente de Francia y Alemania. Super Mario consiguió curar las heridas con Bruselas después de los desafíos de los anteriores inquilinos de Palau Chigi en cuestiones como la política migratoria o las finanzas italianas, pero también supo levantar la voz cuando hizo falta defender los intereses de Roma.

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El prestigio del exbanquero entre los italianos le permitió encabezar las quinielas para suceder a Mattarella en la jefatura de Estado el febrero pasado, pero la elección presidencial derivó en un bloqueo político que solo se resolvió manteniendo a cada cual en su lugar. Aun así, la batalla por el Quirinal acabó con la tregua política y la guerra de Ucrania marcó el inicio del fin de la luna de miel.

“El Banco Central Europeo está preparado para hacer todo aquello que haga falta para preservar el euro. Y, créanme, habrá suficiente”, dijo el verano del 2012, en el peor momento de la crisis financiera. Tres palabras en inglés (Whatever it takes, lo que haga falta) con las que consiguió calmar los mercados y salvar el euro. Una década después, aun así, el exbanquero se ha rendido ante la evidencia de que para salvar a Italia de su tradicional inestabilidad hacen falta mucho más que tres palabras y la buena voluntad de un solo hombre.