El escándalo por los papeles de Epstein en el Reino Unido hace que Starmer cuelgue de un hilo

Dos dimisiones en el núcleo duro de Downing Street y la llamada del laborismo escocés para que se marche hacen temblar al jefe del gobierno británico

09/02/2026

LondresSensación de hundimiento este lunes en Downing Street por el impacto del escándalo de los papeles de Jeffrey Epstein. Dos dimisiones dentro del núcleo duro del premier Keir Starmer en las últimas 24 horas, la del jefe de gabinete, Morgan McSweeny, y la del jefe de comunicación, Tim Allan, además del llamamiento realizado a primera hora de esta tarde desde Glasgow por parte del jefe del laborismo escocés, Anas Sarwar, para que "cambie el liderazgo de Downing Street" han añadido una enorme presión al primer ministro, al que muchos instan a que abandone el barco antes de que lo hunda aún más. Starmer se encuentra en la cuerda floja a consecuencia del escándalo que pesa sobre Peter Mandelson, una de las muchas derivadas en el Reino Unido del asunto Epstein, toda su red delictiva y sus vínculos con una élite global.

Los archivos sobre Epstein hechos públicos el pasado 30 de enero por el departamento de Justicia de Estados Unidos han revelado el nivel de corrupción de Mandelson. Entre otros datos, se muestra que cuando era ministro de Negocios, en 2009, compartió con el financiero información crítica del gobierno británico.

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Haber elegido al exministro y excomisario europeo como embajador en Washington a principios del 2025, sin tener en cuenta las señales de peligro que existían por su proximidad y relación con el pederasta confeso, puede resultar políticamente mortal para Starmer. Sin embargo, ya pesar de que la incertidumbre y la presión es enorme en estos momentos, de momento algunos de sus ministros han salido públicamente a apoyarle, y aún podría resistir unos días o semanas más. Un primero match ball se podría jugar en una elección parcial a finales de febrero y, de salir adelante, un segundo podría ser el 7 de mayo, fecha de las elecciones locales en Inglaterra y las nacionales en Gales y Escocia.

El líder del laborismo escocés, Sarwar, no ha ahorrado las críticas al premier. "A pesar de mi amistad con Keir Starmer, no puedo ignorar las múltiples carencias de Downing Street, que ponen en peligro la salud, la educación y la seguridad de la gente de Escocia. La situación no es aceptable: ha habido demasiados errores y promesas incumplidas, y su liderazgo no garantiza la transparencia ni la responsabilidad que los ciudadanos exigimos".

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Esta mañana, Downing Street ha asegurado que Starmer no piensa dimitir, ya que considera que cuenta con el máximo apoyo de sus ministros. Pero si al llamamiento de Sarwar se añaden otros pesos pesados ​​del partido, o el del gobierno galés, muy difícilmente Starmer podrá resistir. El único factor que, de momento, le mantiene con un hilo de esperanza es que no existe una alternativa clara para el liderazgo del partido. Hoy, a las seis de la tarde, el primer ministro se reúne con su grupo parlamentario en los Comuns, otro momento que puede ser clave.

Los mecanismos para forzar la salida de Keir Starmer del liderazgo del Partido Laborista son claros pero políticamente difíciles de activar. Para forzar su salida, cualquier diputado laborista puede presentarse como aspirante, pero debe conseguir 80 firmas públicas de compañeros del grupo parlamentario, a diferencia del sistema conservador de cartas anónimas. Si un candidato anunciara que ya tiene estos soportes, se abriría automáticamente un proceso de elección interna. Starmer, como jefe en ejercicio, pasaría directamente a la papeleta y podría optar a revalidar el cargo, mientras que otros posibles aspirantes también deberían alcanzar el mismo umbral de firmas. La decisión final recaería en una votación de los militantes del partido.

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Un hombre sin amigos

Aparte de los numerosos errores en menos de dos años de gobierno y los cambios de políticas en asuntos clave relativos a apoyos sociales, una de las debilidades evidentes de Starmer es su trayectoria atípica dentro del laborismo. Llegó a la política relativamente tarde, ya entrada la cincuentena, después de una larga carrera como abogado, lo que le dejó sin una red sólida de relaciones dentro del partido ni una inmersión previa en la militancia de base de las agrupaciones locales.

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Además, su ascenso rápido como miembro destacado del gabinete a la sombra de Jeremy Corbyn hizo que no consolidara vínculos con muchos de los actuales pesos pesados ​​de la formación, que en ese momento estaban enfrentados con el liderazgo corbynista. Este recorrido explica que, por ahora, Starmer no disponga de un gran capital de complicidades personales al que acudir en momentos de presión interna.

Cuando todavía está vivo en la sociedad británica el recuerdo de los continuos psicodramas de los conservadores a raíz de las reiteradas crisis desatadas por el Brexit –con los regicidios de Theresa May, Liz Truss y Boris Johnson–, el laborismo está inmerso en semejante caos. Y, de momento, según las encuestas, lo más beneficiado es el populista y extremista Nigel Farage. La inestabilidad vuelve a Westminster, con la sensación de fondo que desde el 2016 nunca se ha desvanecido.