Keir Starmer salva la cabeza, de momento, después de una jornada caótica en Downing Street
Dos dimisiones en el núcleo duro del gobierno y la llamada del laborismo escocés para que se marche el 'premier' hacen temblar los cimientos de Westminster
Keir Starmer sale del 10 de Downing Street, esta tarde, para ir a encontrarse con los parlamentarios laboristas en los Comunes.James Manning/PA Wire/dpa
LondresComo en los viejos tiempos de Theresa May, Boris Johnson y Liz Truss, la sensación de caos ha vuelto este lunes a Downing Street a raíz de el impacto del escándalo de los papeles de Jeffrey Epstein y los continuos errores políticos del premier, Keir Starmer, pese a su enorme mayoría en los Comunes. En pocas horas, el jefe de gobierno ha pasado de estar casi condenado a recibir el apoyo de todos sus ministros y, de momento, salvar su liderazgo.
Un liderazgo que ha intentado consolidar dirigiéndose al grupo parlamentario a última hora de la tarde para pedir disculpas y prometer un cambio de rumbo. Otro, porque a la vuelta de las vacaciones de verano ya utilizó esta bala, que tuvo toda su pólvora mojada por la dimisión de la viceprimera ministra, Angela Rayner, a raíz de otro escándalo relacionado con la compra de una vivienda y una incorrecta declaración de impuestos. La pregunta inmediata, pues, es hasta cuándo resistirá Starmer. O mejor dicho, ¿hasta cuándo consentirán a los diputados laboristas que llene de agua un barco que parece navegar sin rumbo bajo su liderazgo?
Dos dimisiones dentro del núcleo duro del premier en las últimas 24 horas –domingo la del jefe de gabinete, Morgan McSweeny, y hoy por la mañana la del jefe de comunicación, Tim Allan– apuntaban a una crisis grave. Ambos dimitieron a raíz del escándalo provocado por el nombramiento de Peter Mandelson como embajador del Reino Unido en Estados Unidos, pese a sus conexiones con el delincuente sexual Jeffrey Epstein.
Los archivos sobre el pederasta hechos públicos el 30 de enero por el departamento de Justicia de Estados Unidos revelaron el nivel de complicidad entre ambos personajes. Cuando era ministro de Negocios, en el 2009, Mandelson compartió con el financiero información crítica del gobierno británico. Además, tanto él como su marido también recibieron dinero de Epstein, se alojó en su apartamento de Nueva York, y le visitó en su isla del Caribe en reiteradas ocasiones. La relación entre ambos continuó incluso después de que Epstein fuera condenado por incitación a la prostitución de menores en el 2009.
Pese a ser públicos los muchos indicios de la relación entre Mandelson y Epstein, Starmer aceptó la sugerencia de McSweeney de nombrar a Mandelson jefe de la delegación diplomado. Peter Mandelson, de 72 años, es conocido como "el príncipe de las tinieblas" de la política británica. Hombre clave en la derechización del laborismo y la purga que Starmer ha llevado a cabo contra la izquierda del partido, ha sido dos veces ministro, con Tony Blair y Gordon Brown, y también comisario europeo.
Pero el mayor bofetón para agravar la sensación de caos ha llegado desde Glasgow, donde este mediodía la cabeza del laborismo escocés, Anas Sarwar, pedía un "cambio del liderazgo de Downing Street". Sarwar no ha ahorrado críticas al premier. "A pesar de mi amistad con Keir Starmer, no puedo ignorar las múltiples carencias de Downing Street, que ponen en peligro la salud, la educación y la seguridad de la gente de Escocia. La situación no es aceptable: ha habido demasiados errores y promesas incumplidas, y su liderazgo no garantiza la transparencia ni la responsabilidad que los ciudadanos exigimos".
Peter Mandelson, a la izquierda, y Keir Starmer, a la derecha, en la embajada británica en Estados Unidos, en febrero del año pasado.Carl Court / Pool via REUTERS
El laborismo escocés obtuvo un muy buen resultado en las elecciones generales del 2024 en Escocia, y Sarwar creía estar en condiciones de acabar con la hegemonía del Partido Nacional Escocés (SNP), en el poder desde 2007, en las elecciones nacionales del próximo 7 de mayo. Sin embargo, la demanda de hoy es fruto directo de unas encuestas que lastran sus posibilidades y que le sitúan, en estos momentos, en tercera posición, por debajo del SNP y del Partido Reformista del extremista y xenófobo populista Nigel Farage.
El único factor que, de momento, mantiene a Starmer con un hilo de esperanza de llegar al fin de semana al 10 de Downing Street es que no existe una alternativa clara de consenso para el liderazgo del partido. Los mecanismos para forzar la salida de Starmer son claros pero políticamente difíciles de activar. Cualquier diputado laborista puede presentarse como aspirante, pero debe conseguir 80 firmas públicas de compañeros del grupo parlamentario, a diferencia del sistema conservador, en las que son cartas anónimas las que pueden desatar la contienda.
Sin amigos en el partido
Si un candidato anunciara que ya tiene estos soportes, se abriría automáticamente el proceso de elección interna. Starmer, como líder en ejercicio, pasaría directamente a ser candidato y podría optar a revalidar el cargo, mientras que otros posibles aspirantes también deberían alcanzar el mismo umbral de firmas. La decisión final recaería en una votación de los militantes del partido.
Aparte de los numerosos errores en menos de dos años de gobierno y los cambios de política en asuntos clave relativos a apoyos sociales, una de las debilidades evidentes de Starmer es su trayectoria atípica dentro del laborismo. Llegó a la política relativamente tarde, ya entrada la cincuentena, después de una larga carrera como abogado, lo que le dejó sin una red sólida de relaciones dentro del partido ni una inmersión previa en la militancia de base de las agrupaciones locales.
Además, su ascenso rápido como miembro destacado del gabinete a la sombra de Jeremy Corbyn hizo que no consolidara vínculos con muchos de los actuales pesos pesados de la formación, que en ese momento estaban enfrentados con el liderazgo corbynista. Este recorrido explica que, por ahora, Starmer no disponga de un gran capital de complicidades personales al que acudir en momentos de presión interna.
La abortada revuelta antes de ejecutar el golpe no está aplastada, sin embargo. Dos fechas en el calendario pueden marcar el futuro de Starmer. El 26 de febrero existe una elección parcial en el norte de Inglaterra. Una derrota del laborismo, después de haber vetado como candidato al alcalde de Manchester, Andy Burnham, que quería presentarse, y una victoria del Partido Reformista de Nigel Farage dispararían de nuevo las especulaciones. Y si superara el golpe, las elecciones municipales de Inglaterra, y las nacionales de Escocia y Gales, del 7 de mayo pueden derribarlo si los resultados, como predicen las encuestas, son catastróficos. Porque las predicciones son tan malas en Escocia como en Gales, donde el laborismo también podría quedar por detrás de los independentistas y del partido de Farage.
El rey Carlos III colaborará con la policía que investiga a su hermano Andrés
El escándalo Epstein y la relación entre el hermano del rey Carlos III, Andrew Mounbatten-Windsor, y el pederasta ha provocado una inédita reacción este lunes por parte de la Corona británica . El Palacio de Buckingham y el de Kensington –la residencia del príncipe Guillermo y de Kate Middleton– han emitido unos contundentes comunicados sobre la conducta de Andrés. Por un lado, Carlos III ha expresado su "profunda preocupación" por las alegaciones que siguen apareciendo sobre el comportamiento de su hermano. El Palau ha subrayado que, aunque corresponde a Andreu responder ante las autoridades de Thames Valley Police si es requerido, el monarca está "dispuesto a colaborar plenamente" con la investigación policial.
En paralelo, los príncipes de Gales, Guillermo y Kate, rompieron su largo silencio sobre el tema con una declaración conjunta del todo inusual. Los príncipes han hecho saber que están "profundamente preocupados" por las constantes revelaciones que rodean la red de Epstein. El comunicado, publicado justo antes de que el futuro heredero aterrizara en Arabia Saudí en visita oficial, hace hincapié en las víctimas y en el daño institucional que la relación entre Andreu y el delincuente sexual ha causado en la Corona. La monarquía intenta así, a la desesperada, proteger la reputación de la institución, que hoy ha vivido el segundo episodio, en una semana, de abucheo al rey por la conducta de su hermano.