Defensa

Francia y Alemania entierran el proyecto millonario de un avión de combate de fabricación conjunta

La idea era producir un caza con participación también de Indra, pero Airbus y Dassault no se han puesto de acuerdo después de casi diez años

BarcelonaFrancia y Alemania han enterrado definitivamente un proyecto que preveía el desarrollo y la fabricación conjunta de un avión de combate de última generación. Se trataba de uno de los programas de defensa más ambiciosos de Europa, valorado en 100.000 millones de euros, pero las discrepancias entre los dos principales socios, Airbus y Dassault, han hecho descarrilar el proyecto, según han informado el diario alemán Der Spiegel y las agencias AFP y Reuters, que citan fuentes del gobierno alemán.

La idea de desarrollar y producir conjuntamente un caza de sexta generación nació en 2017, de la mano del presidente francés, Emmanuel Macron, y la entonces canciller alemana, Angela Merkel. Pero en los últimos meses se había hecho evidente que no evolucionaba favorablemente y ya hacía tiempo que había rumores de una posible cancelación. Macron y el canciller alemán, Friedrich Merz, hablaron sobre el proyecto en el marco de la cumbre UE - Balcanes Occidentales en Montenegro la semana pasada y concluyeron que no había ninguna posibilidad de desbloquearlo. Los dos líderes "llegaron a la valoración compartida de que las empresas no podrán unirse", según ha explicado un funcionario a la AFP.

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El gobierno francés ha confirmado en un comunicado que el proyecto se ha cancelado y ha señalado Berlín: "Las autoridades alemanas han considerado que no era posible presionar más a las empresas afectadas", ha afirmado el Elíseo. "Las autoridades francesas continuarán animando a nuestras compañías y a las fuerzas armadas a explorar maneras y medios de llevar a cabo proyectos europeos ambiciosos que sean coherentes con nuestros intereses de seguridad nacional", ha añadido.

Durante el último año –desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca– se han multiplicado y han subido de volumen las declaraciones de líderes europeos que defienden que la Unión Europea debe ganar autonomía militar respecto a unos Estados Unidos cada vez menos confiables y más imprevisibles. Pero la falta de acuerdo para sacar adelante el denominado FCAS (siglas para Future Combat Air System) pone en duda la capacidad del club europeo de avanzar en este aspecto.

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España, damnificada

El objetivo era que el nuevo caza complementara y acabara sustituyendo al francés Rafale y al Eurofighter, que utilizan Alemania y España, hacia 2040. Pero Dassault y Airbus no han conseguido ponerse de acuerdo sobre quién se hacía cargo del desarrollo y la fabricación de las partes más importantes del avión. Con esta cancelación también sale perdiendo España, que estaba involucrada en el proyecto a través de Indra. La compañía, el tercer gran socio del proyecto, fue nombrada "coordinadora nacional" del futuro avión por parte del gobierno español en 2019, después de que España decidiera unirse al proyecto.

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Francia, Alemania y España contaban con una participación equilibrada del 33% cada una. Pero la disputa se ha centrado en quién asumía el liderazgo principal de la producción del avión: Dassault o Airbus. Indra había quedado al margen de la polémica, ya que debía participar con el desarrollo de software y sensores principalmente para la red de drones y otros sistemas de defensa aérea que debían acompañar al caza. Según algunos medios, no se descarta que el proyecto continúe para desarrollar el resto de elementos, sin el avión.

Dassault Aviation, contratista principal de Francia, había dejado claro que prefería hacer el avión por su cuenta si no se le concedía un papel más importante de liderazgo. Pero el socio alemán se oponía e insistía en participar de manera igualitaria en las decisiones. Según algunos medios, Dassault insistía en ser el socio principal en el desarrollo del avión para proteger su propiedad intelectual, mientras que Airbus presionaba por una asociación más igualitaria que implicara transferencias de tecnología significativas.

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En febrero de este año Merz también apuntó que había discrepancias básicas entre Alemania y Francia sobre cómo debía ser el avión: "Los franceses necesitan, en la próxima generación de aviones de combate, un avión capaz de transportar armas nucleares y operar desde un portaaviones. Esto no es lo que necesitamos actualmente en el ejército alemán", dijo el canciller en una entrevista.

Esta ruptura recuerda el momento en que Francia decidió retirarse del proyecto europeo que derivó en la fabricación del Eurofighter, en los años 80. París participó al inicio, pero salió por discrepancias en los requisitos operativos del avión, y acabó desarrollando por su parte su propio caza, el Dassault Rafale.

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La fabricación de un avión de combate de sexta generación habría situado a Europa por delante de los Estados Unidos, que cuentan con un caza de quinta generación, el F-35 de Lockheed Martin.