El gran cable submarino que debe unir Europa con Groenlandia
Bruselas considera el Ártico la nueva "línea de frente" de la geopolítica mundial y quiere reforzar su seguridad
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BruselasEuropa ya se prepara para el final de la guerra de Ucrania. Cuando el conflicto haya terminado, el Ártico será el nuevo escenario de seguridad en el cual se focalizarán las grandes potencias y, muy especialmente, la amenaza rusa, afirman fuentes comunitarias. "Con Rusia y China incrementando su huella y ambición, el Ártico se ha convertido en la nueva línea de frente de la competición global de poder", ha resumido la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, que ha insistido en que esta "nueva realidad" ha hecho replantear la estrategia europea y poner la seguridad como primera prioridad.
La amenaza rusa se extiende como una mancha de aceite por la región polar. Últimamente, Moscú ha incrementado la presencia de fuerzas militares en la península de Kola, uno de sus principales activos estratégicos porque acoge la famosa Flota del Norte de Rusia y las fuerzas de submarinos nucleares. Y las amenazas híbridas, como sabotajes de cables submarinos, se han vuelto habituales desde la invasión de Ucrania. Por otra parte, el Ártico se calienta casi cuatro veces más rápido que la media mundial, y el deshielo favorece la carrera por los recursos que se esconden bajo tierra.
Ante este nuevo escenario de seguridad, Bruselas quiere que el Ártico sea su "próximo foco" de inversiones, también en materia militar. La más destacable es que planea construir un cable submarino que una Groenlandia con el continente europeo, para garantizar el paso de las telecomunicaciones. La UE aspira a que este supercable, bautizado como Pan-Ártico, se alargue hasta Japón y Corea del Sur, pasando por Canadá. Todo ello, en el marco de un centro de cables del Ártico.
El nuevo plan de la UE para reforzar la seguridad del Ártico también tendrá a los rompehielos como protagonistas. Entre todos, los estados miembros apenas tienen una decena de rompehielos, algunos de los cuales no son aptos para el Ártico. Rusia, por contra, tiene una cuarentena. Ahora Bruselas quiere revertir esta tendencia e impulsar la compra conjunta de este tipo de barcos, construidos para abrir paso y navegar a través de aguas polares cubiertas de hielo.
"Para defender nuestros intereses, estamos intensificando los esfuerzos en vigilancia, infraestructuras, movilidad militar y tecnologías de defensa que puedan resistir a la dura climatología", ha asegurado Kallas, quien ha destacado que las rutas marítimas y los recursos naturales del Ártico tienen un "interés estratégico" para Europa. Así, para reforzar la cooperación y la vigilancia se creará también un centro de seguridad marítima que facilite el intercambio de información y la supervisión de las actividades marítimas. El objetivo es que el centro se vaya ampliando hasta el punto de poder hacer seguimiento de los barcos de la flota fantasma, detectar la pesca ilegal y la contaminación, y coordinar operaciones de búsqueda y salvamento.
El otro rival, EE. UU.
Groenlandia aparece diversas veces en la nueva estrategia de seguridad presentada por la UE, que actualiza la del 2021. Y no es casualidad. El interés de los Estados Unidos por la isla ártica ha añadido una nueva capa de inestabilidad geopolítica a la región. El incendio diplomático encendido por Donald Trump al amenazar con anexionarse el territorio se apagó a finales de septiembre, en la cumbre de la ONU en Nueva York, cuando Washington firmó un acuerdo con Copenhague y Nuuk. Pero Europa ha aprendido la lección y quiere blindar la alianza con la isla ante la imprevisibilidad del apoyo norteamericano.
El plan, en el que no se detalla ni la cantidad de las inversiones ni el calendario, prevé también que las iniciativas desplegadas tengan un impacto en la economía local. La última que anunció la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, era una inversión de 200 millones de euros en Groenlandia. En el documento, Bruselas recoge la voluntad de continuar dando apoyo al desarrollo del territorio, sobre todo en proyectos de energías renovables y minerales sostenibles. "El petróleo, el carbón y el gas deben permanecer bajo tierra, también en las regiones árticas", insiste.