Negociar con los talibanes, proteger Israel
BruselasEsta semana se ha hecho especialmente dura en Bruselas. No solo porque la ciudad, sin ni siquiera persianas en la mayoría de las casas, no está nada preparada para olas de calor como la que hemos sufrido. También porque la Unión Europea ha marcado un nuevo retroceso en las casillas de coherencia entre lo que predica y lo que hace. Después de que la semana pasada el Parlamento Europeo nos regalara unas imágenes que dan escalofríos con la celebración de la nueva ley para expulsar personas migrantes a gritos de "“Send them back, send them back”, esta semana la Comisión Europea se ha reunido con los talibanes. Pocos matices posibles tiene esta frase.
La Comisión Europea se justifica diciendo que esta reunión se ha producido después de que una gran mayoría de países de la UE lo pidiera: 20 países de la UE y del espacio Schengen enviaron una carta pidiendo “conversaciones técnicas” para tratar la “devolución y readmisión en Afganistán de personas que hayan cometido crímenes graves o que supongan una amenaza para la seguridad”. Entre los firmantes, Alemania, Italia, Grecia, Bulgaria, Hungría, Noruega o Polonia.
La reunión ha traído cola. El Parlamento Europeo ya ha dicho que pedirá explicaciones, eurodiputados, expertos y organizaciones sin ánimo de lucro han publicado incontables comunicados contrarios al encuentro. Pero la cuestión es que la reunión ya se ha producido, con todo lo que eso implica: el reconocimiento como interlocutor de un régimen que da más derechos y libertades a un gato o una ardilla que a una mujer, en palabras de Meryl Streep.
Además, el argumento de la Comisión afirmando que no puede ignorar las demandas de un grupo tan mayoritario de países cae por su propio peso cuando se compara con la reacción del ejecutivo comunitario ante otras peticiones con peso similar.
A lo largo de las últimas dos semanas, un grupo de hasta 15 países ha pedido a la Comisión Europea que presente medidas comerciales para parar la entrada de productos a la Unión Europea provenientes de asentamientos ilegales israelíes.
Después de que la violencia de los colonos se haya hecho todavía más insoportable y que las imágenes de los activistas de la flotilla maltratados y detenidos por Israel dieran la vuelta al mundo, países como Irlanda, España, Francia, Suecia, Eslovenia o Bélgica, entre otros, han incrementado la presión.
Discrepancias entre Kallas y Von der Leyen
Y vista la larga lista de miembros de la UE que lo querían, la responsable de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas, se comprometió ante los ministros de Asuntos Exteriores a presentar una propuesta en la próxima reunión (13 de julio). Pero la presidenta Ursula von der Leyen se lo está poniendo muy difícil y un portavoz salió a desmentir a la alta representante poco después. Kaja Kallas responde ante los ministros de Exteriores como jefa de la diplomacia, pero también es vicepresidenta de la Comisión Europea. Ahora bien, como ya pasaba con Josep Borrell, Von der Leyen la quiere atar corto.
La cuestión es que no queda claro si la propuesta llegará nunca, por mucho que un grupo bastante grande de países lo pida. Está claro que Alemania no está entre los países interesados en sancionar de ninguna manera a Israel, mientras que sí es uno de los firmantes de la carta que pedía una reunión con los talibanes.
Todo ello deja en evidencia no solo la doble vara de medir de esta Comisión Europea y el Partido Popular Europeo, sino también las dinámicas de poder entre capitales como Berlín y Bruselas, el presidencialismo con el que gobierna Von der Leyen y, lo más difícil de revertir: una pérdida de credibilidad que la Unión Europea acentúa cada vez más en todo aquello que tiene que ver con el respeto por los derechos humanos y el derecho internacional.