Operación Vivaldi: la contraofensiva ucraniana secreta que ha frustrado los deseos de Putin en el Donbás

Kiev ha conseguido frenar el avance ruso hacia los últimos bastiones de Donetsk y retrasar la conquista del territorio

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Una mujer caminando por una calle de Sloviansk.
21/10/2026 - 11:20 h

MoscúLos mandos rusos llevan meses prometiendo a Vladímir Putin la conquista inminente del Donbás. El triunfalismo del presidente ruso le llevó a proclamar, a principios de octubre, que este territorio caería mucho antes de lo que pronosticaban Volodímir Zelenski y los aliados europeos. Ahora bien, durante los últimos meses, una contraofensiva del ejército ucraniano, que no ha tenido nada de publicidad y de la cual solo recientemente se han empezado a conocer detalles, ha pillado por sorpresa a las tropas rusas y a los mismos observadores militares. Kiev ha podido estabilizar el avance de los soldados del Kremlin en el cinturón de fortalezas de Donetsk y ha frustrado los propósitos de Putin de conseguir una de sus fijaciones en esta guerra antes de final de año.

La estrategia de Rusia era clara: cercar los últimos dos grandes bastiones del Donbás bajo dominio ucraniano, Sloviansk y Kramatorsk, haciendo una pinza desde el norte y el sur. Los soldados rusos habían estado muchos meses avanzando por el flanco norte, en la ciudad de Limán, en dirección a Sloviansk, y se habían acercado a la periferia de esta localidad. Pero el estado mayor ucraniano ideó la llamada Operación Vivaldi, una contraofensiva destinada a dinamitar estos logros y a obligar a los soldados rusos a retroceder.

La clave del asalto de Kiev fue el secretismo. Las fuerzas del 3.er cuerpo del ejército de Ucrania penetraron en la retaguardia de las tropas rusas, que tuvieron que replegarse hacia el río Zherebets para evitar quedar cercadas. Los mandos ucranianos explotaron una de las debilidades de los hombres del Kremlin: lo que el think tank Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) describe como la “cultura de la mentira”. Es decir, los oficiales rusos dibujan una imagen sesgada del frente y se apuntan conquistas que no son reales, de modo que, a la hora de reaccionar, no disponen de una fotografía precisa del campo de batalla. Esto, combinado con la “seguridad operativa”, el silencio sobre las acciones en curso, respetado también por los analistas militares proucranianos, dificultó en gran medida la respuesta rusa.

Además, el ejército ucraniano utilizó una combinación innovadora de tecnología militar que le allanó el camino. Los Grifones, drones bombarderos pesados, introdujeron robots terrestres kamikazes en la retaguardia rusa, a diez kilómetros de la primera línea, que cortaron las comunicaciones enemigas sin que al principio lo detectaran. También enviaron antiguos blindados soviéticos cargados de explosivos, teledirigidos a distancia, contra zonas fortificadas rusas para facilitar el paso de la infantería. Y, a pesar de la supremacía de los drones, Ucrania utilizó tanques para movilizar rápidamente a sus hombres y recuperó el fuego constante de la artillería convencional para no dar tregua al ejército ruso.

Cuando los blogueros Z empezaron a alertar de la situación ya era demasiado tarde. El resultado fueron cerca de 200 kilómetros cuadrados recuperados por las tropas ucranianas, unos 250 soldados rusos capturados y más de 5.000 muertos y heridos, según cálculos de Kiev. En cuestión de semanas, Rusia malgastó la ventaja en el sector norte de Donetsk y desapareció la lengua que amenazaba con aislar Sloviansk. Esta semana, el analista Clément Molin ha dado el frente por estabilizado y coincide en que la Operación Vivaldi ha sido fundamental para alejar a los soldados del Kremlin de Sloviansk y Kramatorsk. El ISW, por su parte, considera que ahora Moscú deberá “reconstituir las posiciones que acaba de perder” antes de volver a lanzar un ataque contra la ciudad.

Dobropillia, la gran batalla

Ahora bien, a pesar del revés, Putin continúa decidido a mantener los esfuerzos en el flanco sur de la pinza. La gran batalla en estos momentos se libra en la ciudad de Dobropillia, desde donde Rusia quiere avanzar hacia el norte en dirección a Kramatorsk, aunque la opción de rodear el municipio ya no sea factible. Molin admite que es el punto donde los soldados rusos ejercen más presión y donde la situación resulta más delicada para Kiev. “Si las fuerzas ucranianas pueden mantener Dobropillia, las perspectivas rusas de tomar las ciudades del cinturón de fortalezas se volverán extremadamente tenues”, concluye el informe del ISW.

En cambio, Ucrania sí que ha podido frenar los progresos rusos en Kostiantínivka y Druzhkivka, los dos enclaves que cierran el paso hacia Kramatorsk por la carretera principal. Hace un año que los soldados rusos empezaron a infiltrarse en Kostiantínivka y varios analistas predijeron, a mediados de junio, que la población caería en manos del Kremlin en cuestión de semanas. Y, si bien Rusia continúa penetrando en ella muy poco a poco, la conquista todavía no se prevé inminente.

Estos ejemplos demuestran que 2026 ha roto con una tendencia que se arrastraba desde octubre de 2023. Desde entonces, el ejército ruso siempre había acumulado ganancias territoriales netas. Desde hace unos meses, las cosas han cambiado y, aunque esto no significa que Ucrania esté recuperando terreno ni que haya frenado completamente los avances de Rusia, sí permite afirmar que el Kremlin ya no lleva la iniciativa en todos los frentes, como Putin a menudo declara. Y, sobre todo, lo que hace evidente es que si la conquista total del Donbás ya se preveía larga, ahora todavía lo será más.

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