El país que se manifiesta cada día desde hace dos años contra la influencia rusa
En Georgia, casi mil personas salen a la calle diariamente contra el partido Sueño Georgiano, que gobierna desde 2012
TiflisComo cada sábado, a las ocho de la tarde, cerca de un millar de personas se han citado en la plaza de Avlabari, cerca del centro de la capital georgiana. El ambiente reivindicativo, con profusión de banderas nacionales y eslóganes antigubernamentales, y sus demandas no son muy diferentes de las de otros países que sufren una deriva autoritaria en la actual ola populista de alcance global.
La particularidad, y el mérito, de la disidencia georgiana es que estas movilizaciones son diarias y ya se han sostenido durante más de 615 días. “No sé hasta cuándo seguiremos, supongo que hasta la celebración de unas elecciones libres”, comenta Natalie, que acaba de graduarse en lingüística y dice que asiste prácticamente cada día. El hecho de que Tiflis haya basculado hacia Moscú en detrimento de Bruselas, da al conflicto interno una dimensión geopolítica relevante.
El reloj de las movilizaciones empezó a contar después de la victoria del partido Sueño Georgiano, en el poder desde 2012, en las elecciones generales de octubre de 2024. Según los resultados oficiales, este partido, controlado por el magnate Bidzina Ivanishvili, con una fortuna estimada del 20% del PIB del país, obtuvo la mayoría absoluta con el 53% de los votos. Pero la oposición consideró que había habido un fraude masivo y convocó las movilizaciones, que en su punto álgido llegaron a convocar a más de 200.000 personas en un país de 3,5 millones de habitantes.
Las protestas cobraron impulso tras dos decisiones controvertidas del ejecutivo reelegido: suspender las negociaciones para integrarse en la Unión Europea, una ambición con el apoyo de más del 70% de los georgianos, y la aprobación de una ley de asociaciones muy restrictiva inspirada en la vigente en Rusia. Entre otras medidas, la nueva legislación obliga a todas las ONG con contactos en el exterior a registrarse como "agentes extranjeros", y solo pueden recibir fondos con un improbable visto bueno previo del gobierno. Cualquier incumplimiento se castiga con duras sanciones de hasta seis años de prisión.
Esta dureza también se aplica a las protestas, y son habituales los arrestos, a menudo con una brutalidad excesiva. Las organizaciones de derechos civiles calculan que hay cerca de 60 presos políticos en el país, y algunos han denunciado torturas. Además, los represaliados por castigos menores, como arrestos de corta duración y multas elevadas, se cuentan por cientos. “Hay días que tengo más miedo que otros, pero es importante luchar por el futuro de mi país”, dice Natalia, que cree que muchos jóvenes han dejado de asistir a las movilizaciones por miedo y por un sentimiento de frustración. “La policía puede ponerte multas de 5.000 laris (unos 1.700 euros) solo por asistir a las protestas. Y esto aquí equivale al salario de varios meses”, añade la joven activista.
“La experiencia de Georgia los tres últimos años es una advertencia sobre la velocidad con la que los gobiernos pueden convertir las instituciones estatales en unas herramientas potentes de represión para atrincherarse en el poder”, sostiene Denis Krivoxiv, responsable de Amnistía Internacional en la región del Cáucaso. “Las autoridades han creado un sistema en el que la disidencia pacífica es un crimen”, añade Krivoxiv.
Sofocar la sociedad
Uno de los efectos más importantes del paquete de medidas represivas del gobierno ha sido amordazar a una sociedad civil que hasta hace poco era sólida y vibrante. Ante la incapacidad de recibir financiación pública o extranjera, la mayoría de las ONG se han visto forzadas a hacer recortes drásticos de las plantillas y recurrir a voluntarios. “Las presiones sobre los intelectuales y los periodistas son muy fuertes. Nosotros en el diario lo padecemos. Pero debemos luchar por la libertad”, proclama el conocido escritor y periodista Zviad Kvaratskhelia, también presente en la manifestación. La marcha, rodeada de un gran jaleo por el sonido de los cláxones de los coches que quieren mostrar su apoyo, acaba frente al Parlamento, como siempre.
Además del descenso a un sistema autoritario, uno de los principales reproches de los manifestantes es el hecho de que el gobierno haya adoptado un posicionamiento pro-ruso, ya que Moscú ocupa un 20% del país desde hace décadas, las provincias separatistas de Abjasia y Osetia del Sur. Por ello, en la marcha hay numerosas banderas de Ucrania y uno de los lemas más repetidos es: “¡Viva Georgia, viva Ucrania y viva los héroes!”, en referencia a los soldados caídos en combate para defender la soberanía nacional.
Sin embargo, Eleonora Tafuro, directora del Centro del Cáucaso y Asia Central en el think tank italiano ISPI, matiza la etiqueta de pro-ruso que los manifestantes asignan al gobierno de Ivanishvili, que hizo buena parte de su fortuna durante el periodo de las privatizaciones en Rusia: "Es una simplificación. Sueño Georgiano solo busca la mejor manera de mantenerse en el poder. Respecto a Ucrania, ha buscado un equilibrio, votando en la ONU en contra de la agresión de Moscú, pero sin aplicarle sanciones. Además, utilizó el conflicto en las pasadas elecciones vendiendo la falsa narrativa de que, si la oposición prooccidental ganaba, Georgia entraría en la guerra junto a Ucrania".