El fin de la era Orbán: la oposición de Péter Magyar arrasa en Hungría
Tisza consigue una mayoría de dos tercios en un Parlamento que se queda sin izquierda
Enviada especial a BudapestEl sistema que Viktor Orbán se ha hecho a medida durante la última década y media no ha podido con la euforia y la esperanza de cambio generada por Péter Magyar. Tisza, el partido que ha conseguido aglutinar toda la oposición al gobierno de Fidesz, ha arrasado en las elecciones legislativas de este domingo. Con el escrutinio casi cerrado, los resultados proyectan un Parlamento con una mayoría absoluta de Tisza, que conseguiría 138 escaños, es decir, tendría el control de dos terceras partes de la cámara baja. Fidesz se llevaría 54 y el partido de ultraderecha Movimiento Nuestra Patria, siete. En porcentaje de voto, Magyar consigue el 53% de los apoyos, y Orbán el 37%. Una derrota sin paliativos ni precedentes para Orbán, que ha aceptado la derrota y ha felicitado a su rival.
"El resultado electoral es doloroso, pero claro; he felicitado al partido ganador", ha dicho el primer ministro desde la sede electoral de Fidesz. “No sabemos qué supondrán estos resultados para el destino de nuestra nación, el tiempo lo dirá, pero nosotros serviremos a nuestro país incluso desde la oposición –ha asegurado. Todo el mundo debe saber una cosa, en esta sala y en todo el país: jamás, jamás, jamás nos rendiremos”.
Estas elecciones marcan el fin de la era Orbán, que ha gobernado Hungría con mayorías absolutas los últimos dieciséis años, durante los cuales ha erosionado la democracia del país y la ha convertido en una especie de laboratorio del movimiento ultraconservador global. Por eso, estos resultados no son solo un golpe durísimo para Orbán, sino que también resuenan más allá de las fronteras húngaras. Caras largas también en Washington y en Moscú. La derrota del primer ministro húngaro deja a Vladímir Putin sin su gran aliado dentro de la Unión Europea.
Desde Bruselas, en cambio, ya han salido a celebrarlo con euforia. “El corazón de Europa late con más fuerza esta noche en Hungría”, ha escrito la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Participación récord
La señal más clara que demuestra que los húngaros se han tomado los comicios muy en serio es la movilización masiva. La participación ha rozado el 80%, la más elevada desde 1990 y 10 puntos por encima de las de 2002, que tenían el récord hasta ahora.
Todas las encuestas independientes publicadas durante la campaña daban un amplio margen de ventaja a Tisza, pero los seguidores y los analistas se mostraban prudentes. En estos dieciséis años, Orbán ha creado una gran maquinaria que trabajaba a su favor, con los medios públicos capturados por el partido gobernante y todas las instituciones repletas de fieles. Todo esto le había bastado en las últimas cuatro citas electorales, en parte por la ineficacia de la oposición, pero nada ha podido frenar el empuje de Tisza.
en las zonas rurales hay mucha gente pro-FideszEl miedo vs. la esperanza de cambio
Orbán había planteado estas elecciones como un referéndum entre “guerra o paz”. Ha reiterado que Magyar, a quien caracteriza como una “marioneta” de los “burócratas de Bruselas”, arrastraría Hungría a la guerra contra Rusia, mientras que un gobierno de continuidad garantizaría un futuro pacífico al país.
Por su parte, el líder opositor ha prometido devolver Hungría a la vía democrática y eliminar el sistema corrupto que ha implantado el primer ministro. Por ello, la clave era conseguir una representación equivalente a dos terceras partes del Parlamento, la que Fidesz ha tenido desde 2010. Esto permitió a Orbán, ya durante el primer mandato, cambiar la Constitución sin tener que consultarlo con ningún otro partido y empezar a eliminar los principales mecanismos de control al gobierno.
El hemiciclo húngaro tiene 199 escaños, desde la modificación de la ley electoral impulsada por Fidesz en 2011 –antes, tenía 386–. Los electores han votado con dos papeletas: una de una lista nacional, de la que salen 93 diputados que se reparten de manera proporcional, y otra en la que se eligen representantes locales, de la que salen los 106 escaños: el ganador por mayoría simple se lleva el escaño. La reforma reforzó los distritos uninominales, lo que favorece a los partidos con más apoyo en zonas menos pobladas, como es el caso de Fidesz. En cambio, hay una gran concentración de votantes opositores en distritos urbanos muy poblados, especialmente en Budapest, lo que en los últimos años ha perjudicado al resto de partidos. Esta ingeniería electoral tampoco ha sido suficiente esta vez.
"Todo el mundo quiere el cambio"
A primera hora de la tarde, en la explanada frente al majestuoso Parlamento húngaro, los grupos de turistas se mezclaban con una quincena de personas que montaban una estructura de luces y altavoces. "No lo organiza nadie, somos un grupo de personas privado. Es un festival de tecno, no es nada político", explicaba uno de los tres hombres que estaban montando unos lavabos portátiles a pocos metros de allí. Estaban justo enfrente del ministerio de Construcción y Transportes, que estaba blindado con vallas metálicas y agentes de policía. Les pregunto si han votado y qué expectativas tienen. No se explayan en la respuesta, que es bastante concisa: "Todo el mundo quiere el cambio".
En los colegios electorales, los mensajes iban en la misma línea. Pero uno de los pocos que ha accedido a responder (sin decir su nombre) apuntaba al siguiente motivo: "Aquí, en Budapest, la gente es más liberal, pero en las zonas rurales hay mucha gente pro-Fidesz". "Soy una persona que pertenece al colectivo LGTBI y me gustaría mucho ver a Orbán fuera del gobierno", afirmaba. Uno de los objetivos de la cruzada ultraconservadora del gobierno de Viktor Orbán ha sido este colectivo. "Todo el mundo a mi alrededor está muy esperanzado en que ganará Tisza, pero yo tengo mis dudas", admitía.
Una chica que acababa de votar en el mismo colegio era más optimista, pero tampoco las tenía todas consigo: "Tengo muchas esperanzas, pero también tengo una mezcla extraña de sentimientos. Tengo miedo. Si no gana Tisza, será un desastre". Y apuntaba a una posibilidad que ha planeado los últimos días en el país: "Si no gana la oposición, quizás la gente se sublevará y saldrá a la calle a protestar". La gente ha salido. Pero no a protestar, sino a celebrar el cambio. A muchos les espera una noche de dormir poco.