OTAN

Pistolas de regalo y el servilismo de Rutte: los momentos más estridentes de la cumbre de la OTAN

Trump eclipsa el encuentro y deja en segundo plano cuestiones como el rearme o las ayudas a Ucrania

09/07/2026 - 19:59 h.

Enviado especial a AnkaraTodo lo que toca Donald Trump se vuelve impredecible e inverosímil. Y la cumbre de la OTAN de esta semana en Ankara no ha sido una excepción. La reunión se ha visto eclipsada por los aspavientos y las amenazas del magnate neoyorquino a sus aliados, y las cuestiones que realmente importan al entendimiento militar han quedado relegadas a un segundo plano, como el rearme de Europa o las ayudas militares a Ucrania. También han sido protagonistas el anfitrión del encuentro, el turco Recep Tayyip Erdogan, y Pedro Sánchez, que ha sido la diana preferida del presidente de los Estados Unidos. El encuentro ha dejado una lista de anécdotas que, aunque puedan parecer triviales, son sintomáticas del momento que vive la Alianza.

Los insultos y lapsus de Trump

Trump da por acabada la tregua con Irán

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El presidente de los Estados Unidos llegó a la cumbre insultando a diestro y siniestro. Calificó de "escoria" y de "cáncer" a los dirigentes del régimen iraní, con los que dejó la puerta abierta a negociar la paz, y calificó a los ciudadanos del estado español de "mala gente". Pocas horas antes había incendiado la cumbre cuando recuperó sus anhelos expansionistas con Groenlandia, que es territorio soberano de Dinamarca –estado miembro de la Unión Europea y aliado de la OTAN–. El resto de la cumbre se centró, sobre todo, en enfriar la tensión y evitar que Trump subiera aún más el tono.

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A pesar de moderar los insultos, el presidente estadounidense protagonizó dos lapsus. En una reunión con Volodímir Zelenski en los márgenes de la cumbre, Trump se refirió al presidente ucraniano como "presidente Putin". Minutos antes, en la misma conversación, el magnate neoyorquino atribuyó a la "República Islámica de Japón" un ataque iraní con misiles contra un buque estadounidense en Oriente Medio, según declaraciones que recogió la agencia japonesa de noticias Kyodo.

El servilismo de Rutte y la pregunta incómoda

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Una de las imágenes que se hicieron más virales fue cuando, en la foto de familia de los dirigentes, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, señaló a Trump y se rió de las zapatillas deportivas de color blanco que llevaba el primer ministro de Albania, Edi Rama, que suele llevar este calzado. Aunque el dirigente de la Alianza Atlántica parecía esperar encontrar una señal de complicidad en el inquilino de la Casa Blanca, el magnate neoyorquino no se lo tomó nada bien y continuó con su cara de pocos amigos.

Esta actitud fue criticada, sobre todo en las redes, porque constata hasta qué punto Rutte le baila el agua a Trump, que domina claramente la Alianza Atlántica, aunque el precio a pagar sea el de menospreciar al resto de aliados del entendimiento militar. Al día siguiente, en la rueda de prensa final, también se hizo viral una pregunta de un periodista danés al secretario general de la OTAN por este tipo de actitud. "Se sienta al lado de Trump cuando habla de la conquista de Groenlandia y arremete contra aliados como España, cosas que no parece que el antiguo Rutte hubiera aprobado. ¿Sentarse allí y no decir nada no afecta a su dignidad personal?", le preguntó. Rutte respondió reivindicando el liderazgo de Trump en la OTAN, y volvió a remarcar que, gracias a él, el entendimiento militar es "muy fuerte".

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Las pistolas y la cleca de Erdogan

Erdogan reprimió de manera preventiva y antes de que comenzara la cumbre detuvo a cientos de activistas, políticos y periodistas críticos con el régimen, lo que se notó en la rueda de prensa final. A pesar de que los guardias de seguridad pedían a los periodistas que, tras la comparecencia de Trump, se quedaran a escuchar la de Erdogan, fueron pocos los profesionales extranjeros que no se movieron del asiento. Ahora bien, tampoco tuvieron escapatoria: en la sala de prensa pusieron la rueda de prensa del líder turco a todo volumen y, a pesar de los diversos intentos, ningún trabajador de la cumbre bajó el volumen.

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La gran mayoría de periodistas que asistieron a la rueda de prensa eran turcos y se notó el filtrado hecho por Erdogan. Los profesionales aplaudían a cada intervención del líder turco y todas las preguntas fueron más bien afables. También era sorprendente ver una ciudad como Ankara casi vacía, fantasmal. Cortaron gran parte del tráfico, dieron fiesta a funcionarios y profesores y estudiantes, y suspendieron celebraciones y ceremonias. Todo para evitar una pancarta en contra del régimen o de la cumbre. Una clara contradicción entre las democracias occidentales que dice defender la Alianza Atlántica.

Además, el líder turco hizo un regalo a sus homólogos que los cogió por sorpresa: una pistola, con balas y un equipo de limpieza. Un regalo bien sintomático en épocas de rearme, de frivolización de la guerra y de escalada bélica a escala internacional. Algunos dirigentes europeos, sin embargo, han dejado las pistolas en Turquía por motivos de permisos y controles aeroportuarios, así como ideológicos.

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