¿Está Rusia detrás de las protestas de los jóvenes en las ciudades europeas?

El Kremlin niega toda vinculación con los disturbios, pero los amplifica y moja pan en el malestar social

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Protesta en París el 24 de octubre.
31/10/2026 - 16:01 h

MoscúDesde que comenzó la ola de disturbios juveniles en Europa Occidental, la sospecha de un ataque híbrido ruso ha planeado sobre la opinión pública. El desconcierto por unas acciones coordinadas a través de canales expresamente creados para la ocasión y la ausencia de líderes visibles han espoleado la sombra de una operación de influencia del gobierno de Vladímir Putin. La realidad, sin embargo, es que es imposible atribuir a Rusia el origen de las protestas. Lo que sí se ha demostrado es que Moscú ha amplificado los disturbios y ha tratado de presentarlos como la reacción social al militarismo de unas élites comunitarias entregadas a Ucrania. Un enfoque muy conveniente a las puertas de un ciclo electoral que podría catapultar a los partidos europeos más contrarios al apoyo a Kiev.

Aunque alrededor de la convocatoria de Barcelona no circularon mensajes relacionados con el gasto en defensa ni con la ayuda a Volodímir Zelenski, en el caso de Francia sí. El laboratorio Alliance 4 Europe ha descubierto que la red de desinformación rusa Döppelganger esparció, antes y durante las protestas más violentas, cientos de noticias que explotaban agravios reales y los redirigían hacia Ucrania. Incluso la portavoz del ministerio de Exteriores ruso, Maria Zakhàrova, las interpretó desde este prisma. “Pistolas y proyectiles en lugar de escritorios y libros de texto: estas son las prioridades actuales del establishment político francés”, dijo.

Ahora bien, los expertos creen que sería ir “demasiado lejos” afirmar que Rusia orquestó aquellas manifestaciones. Según explica a l’ARA Ilià Klixin, periodista especializado en propaganda digital rusa, desmantelar una única operación de influencia y determinar quién está detrás “puede requerir varios años”. Lo que sí han detectado los servicios de inteligencia españoles, tal como publicó el ABC, es que el Kremlin potenció en TikTok los llamamientos a la movilización en la capital catalana. Es decir, estas cuentas engordaron un fenómeno existente, pero no lo crearon.

“El objetivo no es tanto promover un relato concreto por su propio valor como aprovechar cualquier relato que pueda contribuir a desestabilizar otras sociedades, tanto si proviene de la extrema izquierda como de la extrema derecha”, apunta Klixin. Este método, además, es barato y reproducible, no requiere construir ninguna infraestructura desde cero y no necesita grandes resultados, sino que le basta con conseguir visibilidad y sembrar la discordia.

Aún más, magnificar estas injerencias da munición a Rusia, que alimenta su discurso con la denuncia de imputaciones infundadas por parte de Europa. Vladímir Putin ya se apresuró a advertir que señalarlos por estar detrás de los disturbios era “una exageración absolutamente evidente” y que los líderes europeos “no deben culpar a alguien del extranjero”, sino “ocuparse de los problemas propios”. A la vez, añadió: “No debemos alegrarnos ni aprovecharnos de ello para hurgar en la herida, pero cuando nos acusan debemos reaccionar de alguna manera”.

Y, de hecho, en los últimos días el presidente ruso ha aprovechado para hurgar en ella y ha apuntado directamente a los migrantes como los responsables de los actos vandálicos. Desde su punto de vista, los gobiernos europeos están revelándose incapaces de gestionar la inmigración descontrolada, un planteamiento que comparte con los partidos de extrema derecha. “¿Cómo pueden introducir las tradiciones y las costumbres europeas en estas comunidades cuando ellos mismos están destruyendo las suyas propias?”, se pregunta Putin. El líder del Kremlin entiende que la falta de recursos para abordar la crisis migratoria es el resultado de la decisión de Bruselas de dejar de comprar gas ruso y optar por la economía verde, que ha hecho inviables sus economías. También ha utilizado las protestas para reivindicar la importancia del control estatal sobre las redes sociales.

Injerencias en las elecciones

Los bots rusos ya están instrumentalizando las protestas juveniles en clave electoral. Las cuentas de la red Matrioska vaticinan disturbios en los Estados Unidos si ganan los candidatos demócratas en las elecciones de mitad de mandato. En Francia estos perfiles y medios falsos responsabilizan de ello a los representantes del partido de Emmanuel Macron, conscientes de que una victoria de Marine Le Pen en las presidenciales de la primavera podría significar el fin a medio plazo de la ayuda militar a Ucrania, tal como ella ha asegurado recientemente, y que en la izquierda Jean-Luc Mélenchon alerta contra el riesgo de entrar en guerra con Rusia.

En Italia el Kremlin tiene en el vicepresidente de Giorgia Meloni, Matteo Salvini, uno de los principales detractores del envío de armas a Kiev, y los éxitos electorales de Alternativa para Alemania han sido recibidos con esperanza en Moscú, donde consideran al canciller Friedrich Merz el máximo exponente de las políticas antirrusas en el continente. En cuanto al Estado español, aunque Podemos se opone a continuar armando a Zelenski, ni siquiera Vox cuestiona el alineamiento del PP y el PSOE en el apoyo a Ucrania y, a pesar de ello, España no suele ser objeto de las críticas del gobierno ruso.

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