Conflictos

Los expertos alertan de una "tormenta perfecta" para que crezca el número de conflictos

El personal desplegado en operaciones de paz cae al nivel más bajo de los últimos 25 años

BarcelonaLas misiones de mantenimiento de la paz se enfrentan a una crisis sin precedentes. El número de efectivos internacionales desplegados ha caído hasta los 78.633, la cifra más baja desde el año 2000 y que supone un 49% menos que en 2016. Es la conclusión principal de un informe del prestigioso Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), que alerta de que la viabilidad del mantenimiento multilateral de la paz está en riesgo. Si bien el número de personal desplegado ha ido disminuyendo a lo largo de toda la década, en 2025 se registró la caída interanual más pronunciada (de un 17%), coincidiendo con el inicio del segundo mandato de Donald Trump en los Estados Unidos. Durante el año pasado, hubo activas un total de 58 operaciones en 34 países, tres menos que en 2024.

Los autores del informe atribuyen este "debilitamiento dramático de la gestión multilateral" a una "tormenta perfecta": tensiones geopolíticas, presión política y una gran crisis de financiación en la ONU. ¿El resultado? "Probablemente habrá más conflictos, y es probable que estos conflictos tengan impactos aún más graves sobre la población civil a medida que los estados abandonen normas consolidadas desde hace tiempo", advierte el doctor Jaïr van der Lijn, director del Programa de Operaciones de Paz y Gestión de Conflictos del SIPRI. Coincide con él Jordi Calvo, investigador del Centre Delàs, que destaca en el ARA la confluencia de un "cambio político-cultural" con la tendencia de redirigir los recursos que antes se destinaban al multilateralismo hacia el gasto militar y el rearme.

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Lo cierto es que las Naciones Unidas hace tiempo que alertan que se encuentran en una situación crítica de financiació porque los principales contribuyentes (como los Estados Unidos) son reticentes a pagar su cuota. En julio de 2025, las operaciones de paz de la ONU tenían un déficit de 2.000 millones de dólares, cifra que representa más del 35% de su presupuesto total. Esta falta de financiación ha impactado directamente en las misiones de paz y ha obligado a la organización a hacer recortes de hasta el 25% en el personal militar y policial de algunas misiones. Calvo subraya otro factor: ha habido una bajada drástica del apoyo financiero de Europa en zonas donde tenía una influencia histórica. El ejemplo más claro es el Fondo Europeo de Apoyo a la Paz, cuyos recursos se han redirigido casi íntegramente hacia Ucrania por la proximidad del conflicto.

Más allá de materializarse en un incremento de las guerras, las tensiones geopolíticas también han paralizado el Consejo de Seguridad de la ONU, el núcleo donde se decide si se aprueban nuevas misiones de paz o se renuevan las ya existentes. Y, cada vez con más frecuencia, los estados priman sus intereses frente a los consensos internacionales, espoleados por el ejemplo de impunidad de los Estados Unidos. Uno de los ejemplos más vigentes es la misión internacional de la ONU en el Líbano, llamada UNFIL por sus siglas en inglés. A pesar de las numerosas violaciones del alto el fuego –y los ataques reiterados de Israel contra la misma misión, que han dejado tres soldados muertos–, los Estados Unidos, haciendo de altavoz de los intereses de Israel, han conseguido forzar una fecha de caducidad definitiva para la misión, que culminará el 31 de diciembre de 2026.

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Precisamente el caso del Líbano sirve para ilustrar las limitaciones de estas misiones de paz. Calvo considera que la presencia internacional es allí de las más necesarias del mundo para intentar disuadir el uso de la fuerza. Pero su no-intervención les ha hecho ganar un cierto desprestigio porque "no intervienen cuando pensamos que deberían intervenir, cuando las personas sufren".

Otras "misiones militares"

Todo ello deriva en un bloqueo que el informe ilustra con otro dato demoledor: desde 2014 no se ha aprobado ninguna nueva misión liderada por la ONU. La consecuencia es que las respuestas a las crisis se han ido desplazando hacia otras coaliciones y organizaciones regionales, con acuerdos guiados por intereses a corto plazo. Estos nuevos modelos, como la Fuerza de Represión de Bandas (GSF) en Haití o la misión AUSSOM en Somalia establecidas en 2025, a menudo están más militarizados y no tienen las herramientas de diálogo que han caracterizado históricamente a la ONU. "Decir que son misiones de paz no responde a su naturaleza", aclara Calvo, que prefiere calificarlas de misiones militares. "Pretenden conseguir ciertos objetivos, entre los que está la paz, pero hay más cosas", aclara, y pone el ejemplo de coaliciones como las que se formaron para Irak o Afganistán.

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El informe advierte que estos modelos no son "alternativas viables a la gestión de conflictos liderada por la ONU", ya que "no disponen de capacidades clave para una construcción de paz integrada y exitosa, y al mismo tiempo también se ven afectadas por déficits de financiación y por la incapacidad de llegar a acuerdos, como la ONU", en palabras de la doctora Claudia Pfeifer Cruz, investigadora sénior del Programa de Operaciones de Paz y Gestión de Conflictos del SIPRI.

El Sur Global, quien pone el cuerpo

Otra conclusión que se desprende del documento es que los países del Sur Global son los que sostienen el grueso de las misiones de paz sobre el terreno. Los diez principales contribuidores de personal militar en todo el mundo provienen, por este orden, de Uganda, Nepal, Bangladesh, la India y Ruanda. El resto del top 10 están en África subsahariana (Etiopía, Burundi y Kenia) o en Asia y Oceanía (Pakistán e Indonesia). En cuanto a las zonas de despliegue, África subsahariana también es el epicentro: a pesar de los recortes, acoge el 70% de todo el personal de paz multilateral y las cuatro misiones más grandes del mundo (República Centroafricana, Sudán del Sur, Somalia y República Democrática del Congo).