La logística y los errores estratégicos complican la vida de los soldados rusos en Ucrania

Ucrania resiste la ofensiva rusa con más éxito del esperado, pero su capacidad para resistir es limitada

BarcelonaLa invasión rusa de Ucrania llega a su décimo día con resultados muy diferentes de los que esperaba el Kremlin. De momento, las fuerzas armadas rusas todavía están lejos de lograr los principales objetivos políticos y militares y, además, están pagando un elevado precio en bajas, tanto materiales como personales. Hacia dónde evolucionará el conflicto a nivel militar es difícil de predecir y dependerá de qué pase sobre el terreno, pero también de cómo avance la diplomacia y del impacto económico de las sanciones impuestas por Occidente en Rusia.

Los analistas militares y los servicios de inteligencia extranjeros intentan esclarecer toda la información que llega de Ucrania. No obstante, lo primero que hay que admitir es que la niebla de la guerra es real y hay que asumir que las imágenes e informaciones pueden ser falsas o incompletas. Los sesgos son muchos y la propaganda de los dos bandos es el pan de cada día en una guerra. Ahora bien, el consenso es absoluto en un hecho: Ucrania está resistiendo mucho mejor de lo que todo el mundo esperaba, especialmente el presidente ruso, Vladímir Putin.

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Putin planificó una guerra relámpago con pocas bajas, basada en ataques concentrados en varios puntos del territorio para romper las líneas de defensa ucranianas. La realidad apunta que las bajas son altas y el adelanto es más lento de lo previsto, sobre todo al norte del país. Michael Kofman, director de asuntos rusos de el think tank norteamericano Center for Naval Analyses, indicaba en Twitter que los objetivos militares y políticos de Putin de cara a la invasión no eran "realistas" teniendo en cuenta tanto el despliegue de fuerzas rusas como las capacidades de defensa de Ucrania. Con esta premisa, las claves para entender el conflicto son diversas.

Espacio aéreo disputado

La invasión empezó como se esperaba: con ataques aéreos rusos sobre aeródromos militares y contra las defensas antiaéreas ucranianas. Aun así, a diferencia de las ofensivas militares que habían hecho, por ejemplo, los Estados Unidos en Irak en 2003 o en 1991, que bombardeaban a gran escala objetivos estratégicos para obtener la superioridad aérea antes de desplegar el ejército de tierra, los ataques rusos solo duraron unas horas y fueron seguidos de la invasión terrestre. Los ataques, pues, fueron limitados y no diezmaron las fuerzas aéreas ucranianas. El resultado ha sido que la primacía sobre el aire todavía está en disputa, lo cual dificulta mucho el adelanto de las tropas rusas, puesto que no pueden recibir apoyo de su aviación sin sufrir la respuesta ucraniana.

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En este sentido, la poca contundencia para conseguir dominar el aire podría ser el primer error grave del Kremlin. Las posibles razones son diversas: la primera es que Rusia infravaloró la capacidad de defensa aérea ucraniana, que tiene una buena flota de aviones y, además, los temibles drones turcos TB2, que están haciendo estragos. La segunda es que la aviación rusa no tiene suficiente munición de precisión ni misiles guiados, por lo cual minimiza el uso de las fuerzas aéreas para evitar utilizar munición convencional, que tiene una precisión muy menor y, por lo tanto, un riesgo mucho más alto de afectar zonas residenciales o de acabar siendo fuego amigo. La tercera tiene que ver con la doctrina militar rusa, que da prioridad a la artillería.

El ejército ruso siempre ha basado el apoyo a la infantería en la artillería, que en la guerra moderna implica tanto cañones como misiles. Esto quiere decir que la aviación tiene un rol menos importante que en otras fuerzas armadas. La artillería, sin embargo, tiene un inconveniente que fastidia a los rusos: es muy intensa logísticamente.

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Complicaciones logísticas

La logística es, de momento, el otro de los grandes problemas que están teniendo las fuerzas rusas. La intendencia de las unidades más avanzadas es indispensable en cualquier ofensiva: las unidades necesitan comida, municiones y gasolina. Cuanto más lejos llegan, más se alargan las líneas de abastecimiento y, por lo tanto, más vulnerables son a ataques. Las imágenes de tropas rusas robando en supermercados pueden ser anecdóticas, pero no lo son las docenas de vehículos, tanques incluidos, abandonados en los arcenes de las carreteras por falta de combustible que han sido documentados por analistas.

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Los problemas logísticos no solo se deben a la mala organización, sino también a las disrupciones ucranianas. Los analistas sitúan las bajas de los dos bandos en unos 2.000 efectivos (a los que hay que añadir unos 2.000 civiles), que en el caso ruso es una cifra lejana tanto de los más de 9.000 que apunta el gobierno ucraniano como de los solo 498 admitidos por Moscú. Un gran parte de estos muertos rusos son por ataques a columnas de abastecimientos .

De hecho, a pesar de haber conseguido adentrarse bastante en territorio ucraniano, el control ruso sobre el territorio es limitado, puesto que los adelantos se producen por carretera. El inicio de la raspútitsa, la época del deshielo, cuando el terreno está muy enfangado, afecta sobre todo los vehículos de ruedas –menos los de tracción por oruga, como los tanques–, que se tienen que mover por asfalto. De momento las unidades ucranianas se han dedicado a permitir adelantos rusos por carretera para que alarguen las líneas, para atacar posteriormente los convoyes de suministros con los efectivos antitanques portátiles NLAW y Javelin proporcionados por los países de la OTAN.

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El hecho de que las regiones al sur del país tengan un clima más seco y tengan menos presencia militar ucraniana explica que sea donde los rusos hayan obtenido más éxitos y sea una preocupación para Kiev.

Unidades haciendo "lo que hacen"

Los problemas logísticos y el poco apoyo aéreo han dejado a la intemperie en muchas ocasiones las tropas rusas sobre el terreno, las cuales, además, no habían sido debidamente informadas sobre cuáles eran sus objetivos y, en algunos casos, se pensaban que tendrían que participar en una misión de pacificación o en maniobras militares. De hecho, la mala planificación es uno de los hechos que más han sorprendido a los analistas, así como la reiteración de errores estratégicos en ciertas operaciones, sobre todo las aerotransportadas.

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Los mandos rusos han lanzado como mínimo tres operaciones aerotransportadas con paracaidistas –uno de los cuerpos de élite del ejército ruso– en las afueras de Kiev, con resultados calamitosos en los tres casos, con elevadas bajas –hay duras imágenes de paracaidistas muertos calcinados en vehículos– y varios helicópteros y aviones rusos abatidos. "Han dispuesto las fuerzas de tierra de manera inconsistente, han usado mínimamente el poder de fuego y ataques electrónicos y han empleado de forma chapuzara fuerzas ligeras y aerotransportadas", resumía Mick Ryan, general australiano recientemente retirado. La sensación, añadía Kofman, era que estas operaciones eran solo para que las unidades especializadas hicieran "lo que hacen" habitualmente, sin tener mucho en cuenta la efectividad.

Cambios de estrategia

El jueves los mandos ucranianos avisaron que pasarían a la ofensiva después de semanas organizando la defensa del país. Esto se vio ya con asaltos en las afueras de Kiev. No obstante, en el frente oriental –Sumy y Járkov– se han limitado a repeler los ataques rusos. De hecho, todos los expertos, así como el departamento de Defensa de los EE.UU., apuntan que los principales cambios vienen del lado invasor, que probablemente empezará a hacer un uso más intensivo de los ataques aéreos y de artillería, sobre todo en zonas urbanas, un hecho que está afectando zonas residenciales en las principales ciudades asediadas.

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La incógnita es si las fuerzas armadas rusas optarán por intentar entrar en las ciudades o simplemente las rodearán y pasarán de largo mientras las martillean con bombardeos. La primera opción tendría unos costes altísimos en vidas civiles y militares, pero consolidaría el dominio ruso. La segunda daría opciones a los ucranianos de ir interrumpiendo las vías de suministro rusas, pero permitiría a los rusos rodear tanto Kiev como las numerosas unidades ucranianas concentradas en el Donbás, controlado por Rusia, con adelantos desde Járkov y desde Zaporiyia. Un cercamiento que también hicieron, a menor escalera, en Jersón y que están implementando en Mariúpol, las dos al sur del país.

La guerra relámpago de Putin no parece una realidad, pero el conflicto lleva pocos días en marcha. Derrotar Ucrania en uno o dos meses sería un éxito para Putin, pero habrá que ver si las fuerzas rusas podrán sostener el elevado número de bajas que han sufrido hasta ahora y corregir los numerosos errores logísticos y estratégicos. Por el lado ucraniano, el interrogante es si serán capaces de resistir por tierra, pero sobre todo por aire, y evitar un baño de sangre entre civiles. Lo peor, coinciden todos los analistas, todavía está por llegar.