Francia

Macron se topa con la Francia más ingobernable

La ley de inmigración, tumbada por la Asamblea, amenaza con romper las alianzas parlamentarias del presidente

ParísSin mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, era previsible que la legislatura no fuera un camino de rosas para el presidente Emmanuel Macron. Pero la realidad está siendo más dura de lo que posiblemente esperaba el inquilino del Elíseo. El gobierno francés no logra sacar adelante prácticamente ninguna reforma sin tener que recurrir a los decretos. En año y medio de mandato es una evidencia: Macron preside una Francia más ingobernable que nunca. La llamada mayoría presidencial –los partidos que apoyan parlamentario a Macron– empieza a resquebrajarse y la disolución de la Asamblea es un escenario que, aunque poco probable, ya no es inverosímil.

El último revés que ha sufrido el gobierno podría desembocar en una crisis política antes de Navidad. Macron veía la semana pasada cómo la Asamblea Nacional tumbaba su proyecto de ley de inmigración, una de las reformas más emblemáticas que debía llevar a cabo. Había sido impulsada por el ministro del Interior, Gérald Darmanin, uno de los hombres fuertes del ejecutivo y considerado el más conservador de los ministros de Macron. De hecho, el proyecto de ley que llegó a aprobarse en el Senado preveía un endurecimiento de la política migratoria, un gesto para contentar a la derecha y frenar el avance de la extrema derecha que sitúa al gobierno presidido por Élisabeth Borne en una posición cada vez más conservadora.

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El proyecto de ley no llegó a debatirse y subsanarse porque prosperó una moción a la totalidad que suponía una bofetada para Darmanin y para Macron. El ministro del Interior acabó presentando su dimisión al presidente, pero éste no le aceptó. El lunes una comisión mixta intentará encontrar una mayoría para votar en la Asamblea el proyecto de ley la próxima semana, pero las negociaciones no son sencillas.

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Endurecer la política migratoria

Sólo el apoyo del grupo de Els Republicans –la derecha tradicional– puede garantizar la aprobación del texto. Pero los conservadores ya han advertido de que solo votarán a favor si se vota el texto que aprobó el Senado, con medidas más severas que las presentadas por el gobierno. El texto enmendado por la derecha facilita las expulsiones de extranjeros en situación irregular, restringe el acceso a la asistencia sanitaria a los inmigrantes sin papeles y elimina la propuesta de regularización de los migrantes que trabajan en sectores en los que falta mano de obra, una medida que había incluido al ejecutivo en el texto inicial. También elimina las ayudas públicas –familiares, a la vivienda, etc.– para los extranjeros en situación regular, incluidos los europeos, que lleven menos de cinco años en Francia.

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Pero si Macron acepta votar la versión más dura del proyecto de ley, diputados progresistas de su propio partido, Renacimiento, y de las formaciones de centro que apoyan a la mayoría presidencial amenazan con votar en contra. Para los sectores progresistas y centristas, medidas como restringir el acceso a la sanidad a los inmigrantes sin papeles son una línea roja. Y en Francia la disciplina de voto es muy relativa. Es habitual que cada diputado vote según sus convicciones y no según dictamina su partido, algo que añade incertidumbre a cualquier votación en la Asamblea. "El texto del Senado es totalmente inaceptable para mí y para otros diputados", advirtió a France Info el diputado de Renacimiento Stéphane Travert.

El dilema de Macron

El presidente se encuentra ante un dilema que podría marcar el futuro de la legislatura: ¿debe aliarse con los conservadores para sacar adelante el proyecto de ley y arriesgarse a romper su mayoría parlamentaria? ¿O debe preservar la unidad de los suyos aunque esto suponga no poder aprobar reformas importantes? Conjugar ambas ideas –aprobar el texto con el apoyo de Los Republicanos y mantener unidos a sus diputados– será complicado.

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Que la reforma acabe en la basura también tendrá consecuencias. Darmanin ya ha dejado entrever que si la próxima semana la Asamblea no vota y aprueba la reforma de la inmigración, tirará la toalla. Algunas fuentes apuntan a que si el texto vuelve a fracasar, el ministro del Interior podría dimitir. Ahora en serio. Se abriría una nueva crisis política para Macron, la enésima de su segundo mandato. A Darmanin, aunque lo haga a regañadientes, le puede sustituir, pero lo que no puede cambiar el presidente de la República es la aritmética parlamentaria.

De cada fracaso parlamentario Macron sale más debilidad. Cada vez se pone más en evidencia la ingobernabilidad no sólo con un Parlamento en el que no dispone de mayoría absoluta sino también con una Asamblea fracturada entre las izquierdas y los conservadores, donde mantener un equilibrio entre la derecha y la izquierda y defender el espacio del centro ya no es una opción para el presidente.