Golpe de estado en Birmania

Los manifestantes en Birmania: "Si me matan, donad mis órganos"

La violencia de los militares se intensifica y la ONU pide que "dejen de asesinar"

Kyel Sin tenía 19 años y una camiseta de "Todo irá bien" cuando salió a las calles de Mandalay el miércoles a protestar contra el golpe de estado militar en su país, Birmania. Su muerte, de un disparo en la cabeza, la ha convertido en un nuevo icono de la protesta, elevada a través de las redes sociales a mártir y heroína. "Un ángel sin alas", la llamaban en Twitter, usando el apodo que ella misma se había puesto en Facebook, la plataforma más utilizada en el país, donde aparecía como Deng Jia Xi (Àngel).

En su perfil de Facebook fue, precisamente, donde esta joven estudiante, que formaba parte de un grupo de danza de su universidad, había dejado escrito que su tipo sanguíneo era el A y que quería dar los órganos en caso de morir. Muchos de los manifestantes birmanos llevan estos días encima etiquetas con instrucciones de este tipo, conscientes de que protestar por la democracia en su país les puede costar la vida. "No me intubéis si quedo en coma. Y si me matan, donad mis órganos", se leía en algunas de estas etiquetas escritas a mano y fotografiadas por los propios manifestantes.

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Tuit amb imatges de Kyel Sin i una fotografia de l'etiqueta d'una altra manifestant on hi posa el seu grup sanguini i que es donant d'organs (signada per Sandakuu)

"Sabemos contra qué estamos luchando", explica al ARA Toe Zaw Latt, delegado en Rangún de Burma Democratic Voice. "Esto parece una zona de guerra", describe desde ahí al día siguiente de la jornada más mortífera hasta ahora en las calles de Birmania, la que mató a Kyel Sin pero también dejó al menos 37 muertos más. Unas 100.000 personas participaron este jueves en Mandalay en el funeral de la joven, según Toe Zaw Latt. El mismo día, cinco aviones militares sobrevolaban la ciudad. En Rangún y otras ciudades, los manifestantes salieron a la calle de nuevo y también de nuevo la policía los recibió con gases lacrimógenos y una fuerte represión, a pesar de que hasta ahora no se ha documentado ninguna nueva muerte.

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Pero los jóvenes que hace casi un mes que desafían a la junta militar birmana con las protestas masivas diarias saben el peligro que corren. Como dice Tow Zaw Latt, si salen a la calle, se encontrarán los fusiles del ejército y las pistolas de la policía, que desde hace unos días han empezado a disparar directamente a la cabeza y al pecho. "A muchos de los manifestantes les disparan francotiradores militares, y en el barrio de Oklalapa, en Rangún, ayer usaron incluso ametralladoras", explica a este diario Kyaw Win, director de la Burma Human Rights Network, que sigue con angustia desde Londres los acontecimientos en su país. "Esta es la brutalidad de estos días en el país", denuncia.

Un nivel de brutalidad, de hecho, que ha llevado a levantar la voz este jueves a la alta comisionada por los derechos humanos de la ONU, Michelle Bachelet, con un contundente comunicado en el que pide al ejército birmano que "deje de asesinar y encarcelar a manifestantes". “Es totalmente aberrante que las fuerzas de seguridad disparen fuego real contra manifestantes pacíficos en todo el país. También nos consternan los ataques documentados contra el personal médico de emergencia y las ambulancias que intentan atender a los heridos", decía Bachelet. En las redes sociales había circulado un vídeo en el que se ve a agentes de policía apaleando a los tres enfermeros de una ambulancia.

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Bachelet denunciaba así las "graves violaciones de derechos humanos" del ejército birmano, que añaden nuevos "crímenes contra la humanidad" a los que la ONU ya le ha atribuido en el pasado, especialmente con el genocidio contra la minoría musulmana de los rohingya.

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El rol de la comunidad internacional

"La pregunta es qué piensa hacer la comunidad internacional para proteger a la gente de Birmania, que solo está defendiendo su derecho democrático a tener un gobierno electo", remarca Kyaw Win, y denuncia la ideología "fascista" de la junta militar que ha ocupado el poder en su país, para quien reclama como mínimo "un embargo de armas internacional".

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La ONU ha contabilizado al menos 54 manifestados asesinados desde el golpe de estado militar del 1 de febrero, de los cuales 30 han sido en Rangún, la ciudad más poblada y capital económica del país, pero admite que la cifra tiene que ser más alta porque estas solo son las muertes que la ONU ha podido confirmar. También desde el golpe de estado, al menos 1.700 personas han sido "detenidas arbitrariamente" y muchas de ellas ya han sido sentenciadas y encarceladas, incluida la popular líder del país, Aung San Suu Kyi, que encabezaba de facto el gobierno elegido democráticamente que la junta militar, encabezada por el general Min Aung Hlaing, depuesto.

Los birmanos ya hace cerca de un mes que reclaman masivamente el regreso a la democracia. Según datos de las Naciones Unidas, ha habido protestas contra el levantamiento en 537 localidades diferentes dentro de Birmania. En muchos de los casos, la gran mayoría de manifestantes son jóvenes universitarios de entre 19 y 25 años. La Generación Z. Como Kyel Sin.