¿Una mujer secretaria general de la ONU?
Comienzan las audiencias para determinar el nuevo líder de las Naciones Unidas, que tendrá el reto de devolver la legitimidad a la organización
BarcelonaA finales de este año se agota el mandato de António Guterres, actual secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Y la carrera para sucederle ha comenzado con una pregunta bien presente: ¿la organización estará liderada por una mujer por primera vez en sus 80 años de historia?
Este martes comienzan las audiencias públicas en Nueva York, un mecanismo instaurado en 2016 en el que los candidatos exponen su hoja de ruta. Este año, hay un gran consenso entre diversos países para que una mujer asuma el liderazgo de la ONU. Una decisión que corregiría "una situación anómala" en la organización que "arbitra y enmarca las acciones por el progreso, la igualdad y la defensa de los derechos humanos", sostiene en el ARA Cristina Gallach, exsecretaria general adjunta de la ONU. La ahora directora ejecutiva de Global Women Leaders defiende que "quien establece las estructuras de igualdad debería verse afectada".
El liderazgo, sin embargo, también lo reclama la región de América Latina en virtud de una tradición no escrita de rotación geográfica. Ahora bien, quien tiene más peso a la hora de decidir quién tomará las riendas de la organización son los países miembros del Consejo de Seguridad y más concretamente los cinco miembros permanentes con derecho a veto: los Estados Unidos, China, Rusia, el Reino Unido y Francia.
Quien sea que acabe dirigiendo la organización tiene por delante el reto mayúsculo de devolver la legitimidad a la organización internacional, tan erosionada por los reveses de Donald Trump y por la crisis del derecho internacional que ha evidenciado la guerra de Gaza. "El reto más importante es volver a poner la ONU en el centro de la acción internacional. Ahora vemos cómo se la esquiva en procesos de negociación y en estructuras de gobernanza postconflicto", asegura Gallach. En la misma línea se pronunciaba la presidenta de la Asamblea General, la alemana Annalena Baerbock, al inicio de la sesión plenaria, en la que ha defendido que la elección del secretario o secretaria "no es simplemente una decisión administrativa, sino una declaración de intenciones".
Michelle Bachelet
Entre los cuatro candidatos hay dos hombres y dos mujeres; tres de América Latina y uno de África. La primera en presentar sus argumentos ha sido Michelle Bachelet, que ha reivindicado "la necesidad urgente de esperanza" ante un mundo en el que el derecho internacional se encuentra "bajo una presión sin precedentes". Dos veces presidenta de Chile, Bachelet fue alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, y también ejerció de 2010 a 2013 como directora ejecutiva de ONU Mujeres, la agencia de la organización que promueve los derechos de las mujeres. Aunque se propuso con el apoyo de su país, el nuevo presidente chileno, José Antonio Kast, le retiró alegando la falta de consenso político nacional. Pero su candidatura se ha mantenido con los apoyos de Brasil y México.
Bachelet estuvo en la cumbre progresista organizada en Barcelona este fin de semana en la que tanto el expresidente de Chile Gabriel Boric como Pedro Sánchez abogaron porque la ONU esté liderada por primera vez por una mujer. Sus posturas progresistas –es partidaria del aborto, por ejemplo– le han valido críticas del enviado de Washington a la ONU, Mike Waltz, que pareció desestimar su candidatura al decir que compartía las preocupaciones de un senador estadounidense sobre su idoneidad.
Rafael Grossi
El candidato con más visibilidad es Rafael Grossi, director general y figura omnipresente del organismo de control nuclear de la ONU los últimos seis años. Diplomático de carrera y de nacionalidad argentina, Grossi ha recibido el apoyo de su presidente, Javier Milei, que ha oficializado su candidatura y con quien "mantiene una buena relación", según declaró en una entrevista a El País a finales del año pasado.
Desde el volante de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), ha supervisado el programa nuclear de Irán durante mucho tiempo y lideró las negociaciones entre Teherán y Washington en 2018, cuando Donald Trump decidió retirarse del acuerdo nuclear. Entre sus éxitos más destacables está el de conseguir que un equipo de la AIEA fuera destinado a la central nuclear de Zaporiyia, en territorio ucraniano ocupado por Rusia, después de varios viajes al frente. Si tiene más números de acabar ocupando el cargo es porque, durante los años que ha encabezado la AIEA, se ha mantenido al lado de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, cuyo apoyo es imprescindible para llegar a dirigir la ONU.
Rebeca Grynspan
La otra mujer que opta al cargo es Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica y, hasta ahora, líder de Comercio de la ONU. Grynspan dejó el cargo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo a finales de septiembre para evitar un conflicto de intereses durante la campaña. Un gesto que su contrincante Rafael Grossi ha declinado.
Nacida de padres que huyeron de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, vincula directamente su visión del mundo con los orígenes de la ONU y su papel en la cooperación internacional y la prevención de conflictos. Se describe a sí misma como una multilateralista con mentalidad reformista que ha luchado contra las barreras de género y ha creído toda la vida en la ONU y su compromiso con la paz, el desarrollo y los derechos humanos.
Macky Sall
El último de los candidatos y el único que no es del continente americano es Macky Sall, que fue presidente de Senegal doce años hasta 2024. Hijo de un vendedor de cacahuetes de una zona rural de Senegal, el desarrollo de infraestructuras que llevó a cabo bajo su mandato, pesa como activo por el papel que pueda jugar.
Fue nominado por Burundi y su candidatura recibe mucho apoyo en el continente africano, pero no de su país de origen ni de Nigeria, según Reuters. Si es escogido, sería el tercer secretario general africano después del egipcio Boutros-Ghali y el ghanés Kofi Annan.