Trump condiciona el acuerdo con Irán a la normalización de relaciones con Israel
El presidente norteamericano pide a los países del Golfo firmar una "coalición mundial sin precedentes"
BarcelonaCuando el acuerdo entre los Estados Unidos y el Irán parecía inminente, Donald Trump ha dado un nuevo volantazo y ha condicionado el entendimiento a que los países del Golfo normalicen las relaciones con Israel, su histórico rival regional. En un mensaje en su red Truth Social, el presidente norteamericano ha instado a los estados mediadores, empezando por Qatar y Arabia Saudita, a firmar los conocidos como Acuerdos de Abraham –que recogen explícitamente esta normalización– si quieren que prospere el pacto que permitiría reabrir el estrecho de Ormuz.
"Pido obligatoriamente que todos los países firmen inmediatamente los Acuerdos de Abraham, y si el Irán firma su acuerdo conmigo, como presidente de los Estados Unidos de América, sería un honor que también formase parte de esta coalición mundial sin precedentes", ha escrito el mandatario, que ha invitado también a Teherán a añadirse a los acuerdos. Trump se dirigía a Arabia Saudita, Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto y Jordania, todos países que han ayudado a mediar en el acuerdo y con quienes Trump habría hablado por teléfono el sábado. El presidente norteamericano ha defendido esta firma porque supondría una "coalición mundial sin precedentes" y dejaría Oriente Medio "unido, poderoso y económicamente fuerte como seguramente ninguna otra región del planeta". "Si no lo hacen, no deberían formar parte de este acuerdo, ya que demuestra mala intención", ha añadido.
A estas alturas, solo Pakistán ha rechazado públicamente el ofrecimiento, mientras que el resto de países se han abstenido de comentar una propuesta que parece al menos improbable, teniendo en cuenta la desaprobación que los estados musulmanes hacen de la ofensiva militar de Israel en Gaza. La normalización de relaciones entre Arabia Saudita e Israel, dos potencias regionales aliadas de Washington, pero históricamente enfrentadas, supondría un cambio de primer orden en la geopolítica de Oriente Medio. De hecho, los Estados Unidos ya habían intentado propiciar este acercamiento bajo la administración demócrata de Joe Biden, pero las negociaciones se rompieron después de los atentados de Hamás del 7 de octubre y la brutal ofensiva israelí sobre Gaza.
La demanda "obligatoria" del líder republicano llega en un momento de mucha tensión diplomática, cuando los equipos negociadores de los Estados Unidos y el Irán aseguraban que el acuerdo para parar los combates y reabrir Ormuz era "más cerca que nunca". Según se había filtrado a diversos medios, el principio de acuerdo entre los dos países prevé reabrir el estrecho de Ormuz, levantar sanciones a Irán, desbloquear fondos iraníes y una tregua de 60 días para negociar un pacto nuclear.
Las dos partes aseguraban esta mañana que hay consenso en algunos ámbitos del acuerdo, pero discrepan de cómo y cuándo se debe anunciar. Esta mañana el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, desde Nueva Delhi, ha celebrado que los equipos negociadores norteamericanos e iraníes tienen "algo bastante sólido sobre la mesa" y que se podría llegar a un acuerdo de manera inminente. Pero también ha advertido que, si la vía diplomática no fructifica, considerará tratar con Irán "de otra manera".
Por su parte, Teherán ha confirmado que hay un marco de negociación, pero ha matizado que el entendimiento no tiene por qué anunciarse pronto. El portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmaeil Baghaei, ha dado a entender que el acuerdo implicaría precisamente el fin de los enfrentamientos, pero que la cuestión nuclear quedaría fuera de la ecuación, así como los detalles de la gestión del estrecho de Ormuz (y, por tanto, la posibilidad de que Irán pueda cobrar un peaje).
A pesar de los desacuerdos, las negociaciones continúan. La delegación iraní, encabezada por el ministro de Exteriores y el presidente del Parlamento, ha viajado este lunes a Qatar y se ha reunido con el primer ministro del país para profundizar en las conversaciones para poner fin a la guerra. Según fuentes citadas por diversos medios de comunicación, los puntos críticos que han tratado son las condiciones para reabrir el estrecho de Ormuz –aquí Irán insiste en su derecho a cobrar un peaje– y las reservas de uranio enriquecido, de las cuales Washington quiere sí o sí que Teherán se deshaga.
Israel intensifica los ataques al Líbano
Quien ve con malos ojos el borrador que se está discutiendo es el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que no está dispuesto a abandonar los combates en el sur del Líbano, tal como exige Teherán. Netanyahu, que ya mostró esta preocupación con una llamada a Trump el sábado, ha dejado claro que no tiene ninguna intención de subordinar sus planes en el Líbano al acuerdo de paz con Irán. Si ayer aseguraba que tiene el visto bueno de Washington para defenderse contra amenazas de todos los frentes –en clara referencia al Líbano–, hoy ha afirmado que intensificará los ataques contra Hezbollah.
El ejecutivo israelí sigue de cerca, pero no desde primera línea, la evolución de las negociaciones y mira de presionar como puede a su aliado en la Casa Blanca para que se alinee con sus intereses en la región. En una publicación en Telegram, el domingo insistía en que hay que "eliminar la amenaza nuclear" que representa Irán.
Tel Aviv tampoco se ha posicionado públicamente sobre el intento de Trump de incluir a los países mediadores en los Acuerdos de Abraham. Algunos analistas ven en este gesto un intento de hacer que el acuerdo con Irán sea más digerible para Israel. "Trump intenta vender un acuerdo con Irán como una secuela de los Acuerdos de Abraham: bueno para Israel, bueno para la región, lo suficientemente duro para Washington", decía Ali Vaez, director de proyectos para Irán del International Crisis Group, en declaraciones a Reuters. Pero el experto insistía en que Trump "está cambiando una fantasía por otra": si inicialmente aseguraba que obligaría a Irán a rendirse, ahora pretende fingir que el acuerdo puede imponer un nuevo orden en Oriente Medio.