80 días sin internet en Irán

El régimen bloquea el acceso a la ciudadanía y solo permite conectarse a los empresarios y a sus propagandistas

Marta López
20/05/2026

BarcelonaDesde el 28 de febrero, cuando comenzó la ofensiva conjunta de Israel y los Estados Unidos, el régimen de Irán ha desconectado a sus más de 90 millones de ciudadanos de internet. Ochenta días de apagón digital, la más larga de la historia. Antes, Teherán había cortado la conexión con el mundo siempre que había habido oleadas de protestas y también durante la guerra de junio del año pasado. Pero con el alto el fuego firmado a principios de abril no se ha levantado el bloqueo, y no parece que el régimen tenga ninguna intención de hacerlo. Al contrario, Teherán está consolidando la represión digital: solo sus propagandistas y los empresarios que pueden pagar tasas desorbitadas tienen acceso a internet, mientras que la gran mayoría de la población continúa desconectada del mundo.

Durante semanas, Neguin Ghadimi –nombre ficticio– no ha podido hablar con su familia, que vive en la ciudad de Mazandaran. "Veía los bombardeos y no podía saber si estaban bien, era muy angustiante", recuerda. Ahora apenas pueden hablar una vez a la semana, porque su hermano ha conseguido instalarse una red privada virtual (VPN) para saltarse los filtros, pero igualmente el sistema es muy caro. "10 GB de datos cuestan 20 millones de tomans, el equivalente al salario mínimo mensual", constata la joven refugiada en Barcelona.

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Algunos tienen la posibilidad de conectarse por satélite a Starlink, de la empresa de Elon Musk, pero hacerlo es demasiado arriesgado. Una nueva ley aprobada hace unas semanas en el Parlamento equipara el uso de esta tecnología al espionaje.

Hasta ahora, las autoridades iraníes habían permitido al conjunto de la población un acceso restringido a internet. En 2009, con Movimiento Verde, la oleada de protestas contra el fraude electoral, el régimen entendió que internet podría ser una amenaza y el líder supremo Ali Jamenei estableció el Consejo Supremo del Ciberespacio. Este órgano se encargó de la creación de un internet doméstico, que se bautizó con el nombre de National Information Network (NIN), con su propia infraestructura.

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Básicamente, el sistema funcionaba con una sola puerta de acceso al mundo, bajo control gubernamental. Al mismo tiempo se sustituyeron las aplicaciones de mensajería y redes sociales por equivalentes locales bajo control del régimen: la versión iraní de WhatsApp es Bale, el equivalente a Telegram es Eitaa y Sorush emula Instagram. Ninguna de estas aplicaciones permite enviar mensajes encriptados y los estudiantes se las tenían que instalar para poder operar con las universidades o con la administración.

Apartheid digital

Amir Rashidi, director de ciberseguridad y derechos digitales en Miaan Group, una entidad que vela por la libertad digital, explica a l’ARA que tras el ataque de Estados Unidos e Israel, el régimen iraní ha cambiado de estrategia y está dejando a la mayoría de la población sin conexión, mientras solo permite el acceso a internet a grupos específicos: "El acceso a internet ha dejado de ser un servicio público con restricciones, y se ha convertido en un privilegio concedido por el régimen".

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Asegura que se ha pasado de un sistema clásico de censura a una arquitectura discriminatoria: la mayoría de la gente solo puede acceder a la red iraní, NIN, y solo una élite privilegiada ligada al régimen tiene acceso a la red global. Además, están las tarjetas SIM blancas, que requieren una autorización de seguridad al más alto nivel. Rashidi tuvo que abandonar Irán en 2010 huyendo de la represión y ahora vive en Italia.

Las restricciones impuestas suponen que el acceso real a internet queda en manos de una minoría privilegiada, en una especie de apartheid digital. Hace unas semanas se lanzó Internet Pro, un servicio diseñado para negocios, empresas, empresas emergentes, comerciantes, instituciones de investigación y gremios, que ofrece un acceso menos restringido a los servicios internacionales y una conexión más estable.

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Para obtenerlo, hay que tener una empresa con licencia y hay que solicitarlo a los operadores de telecomunicaciones, presentando todos los datos personales y empresariales. Si se obtiene la aprobación, al usuario se le asigna una tarjeta SIM y puede tener acceso a internet con una IP específica. Así se obtiene un determinado nivel de acceso, que está totalmente controlado y es rastreable. "Quizá a ti como periodista te dan acceso a la BBC pero no a YouTube, y a otra persona al revés", alerta Rashidi. Además, este sistema es muy caro: 10 euros por kB, además del coste de la VPN.

Netblocks, que monitoriza el tráfico de datos en la red, constata que solo entre el 1 y el 2% de las conexiones de Irán han continuado funcionando.

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Rashid explica que, en el contexto de la guerra, la prioridad del régimen es controlar el relato y por eso permite que sus propagandistas publiquen en las redes sociales: "Yo estoy en contra de esta guerra, porque genera dos problemas: los estados que nos atacan desde fuera, y el régimen que mata desde dentro. Las voces que oímos desde dentro de Irán amplifican la propaganda. Y dos meses después, los algoritmos amplifican la maquinaria".

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El bloqueo de internet también ha tenido un efecto económico devastador y el impacto es aún más grave sobre pequeñas empresas lideradas, sobre todo, por mujeres. Una editora de Teherán contactada por este diario, que pide no revelar su nombre, explica que los sectores de la publicidad y la traducción han sufrido las consecuencias por el apagón digital. "Sin internet, la actividad ha caído: yo trabajaba en una empresa de publicidad que me ha despedido, como al 80% de la plantilla, y la editorial me ha recortado el salario a la mitad". También las mujeres que sostenían a sus familias vendiendo artesanía o comida casera en línea se han quedado sin trabajo.

El experto en ciberseguridad alerta que el apagón no es un problema solo para los iraníes. "El régimen ha podido crear una tecnología que permite discriminar el acceso a un sistema de internet libre. No es como China, donde internet siempre ha estado bajo control gubernamental. Y esto es algo que ahora puede exportar a cualquier sistema autoritario".