Con alto el fuego en Irán o sin él, los estadunidenses continúan ahogados

La dilatación del conflicto amenaza con empeorar la economía ya tensionada de las familias norteamericanas y empeora las expectativas de Trump para las legislativas

WashingtonEl alto el fuego entre Estados Unidos e Irán no ha silenciado las bombas en Oriente Medio. Tampoco ha traído un respiro económico a las familias estadounidenses. El anuncio de la pausa en las hostilidades no se notó entonces y tampoco se ha notado ahora, cuando el presidente norteamericano, Donald Trump, ha anunciado que la tregua "se ha acabado". A pesar de que en las últimas semanas el precio del barril de crudo había dejado atrás las cifras de infarto y volvía a rondar los 70 dólares, el bolsillo de los votantes no había experimentado ninguna mejora. A estas alturas, la mitad de los estadounidenses dicen que tienen problemas para pagar la gasolina (un 52%) y la cesta de la compra (un 51%), según una encuesta publicada el martes por The Guardian.

La sensibilidad del barril de Brent, que fluctúa con una rapidez fulminante, no es la misma que la de los surtidores de las gasolineras. Los precios ya no están por encima de los 4,50 dólares el galón (que son unos 3,78 litros), pero tampoco han vuelto a bajar por debajo de los 3 dólares previos a la guerra. De hecho, esta semana, en la gasolinera de Washington de la calle 16 con la calle U se elevaba a 3,99 dólares.

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Una encuesta previa, publicada por la CNN a finales de mayo, ya advertía de un encarecimiento del coste de vida: la mayoría de los estadounidenses (61%) decían que habían tenido que reducir la cesta de la compra. Otro 59% decían que habían dejado de gastar en entretenimiento o que habían recortado en gastos extras. Más de tres cuartos de los ciudadanos, incluyendo el 55% de los republicanos, afirmaban que las políticas de Trump habían incrementado el coste de vida en su comunidad. En la encuesta de The Guardian la comparación con el sondeo de febrero tampoco favorecía a Trump. Entonces, casi la mitad de los republicanos decían que la economía estaba mejorando, pero ahora solo lo creen el 27%.

La guerra de Irán no es el único factor detrás de este empeoramiento de las condiciones materiales de los votantes, pero sí el más visible y evitable. Trump empezó el 2026 con la popularidad a niveles muy bajos y con un problema por el galopante encarecimiento de la cesta de la compra. Precisamente el magnate venía de cerrar un acuerdo con el gobierno de Argentina para comprar 80.000 toneladas métricas de carne con el objetivo de paliar la frustración de los consumidores y rebajar un poco el precio de la ternera, que no hacía más que subir. Una medida tomada a cargo de las bases rurales y que, según describió al New York Times Kyle Hemmert, un ganadero de Kansas, suponía "una auténtica patada en los huevos".

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Pero lo peor no fue volver a enfadar a los ganaderos y agricultores –que ya se quejaron a Trump el verano pasado por las redadas del ICE en el campo–, sino que tampoco consiguió solucionar nada. El precio de la carne picada sigue batiendo récords este año, y 400 gramos ya valen 7 dólares, según la Oficina de las Estadísticas Laborales del gobierno estadounidense. Cuando el republicano cerró el acuerdo con su homólogo argentino, Javier Milei, 400 gramos valían 6,32 dólares. En aquel momento ya representaba un incremento del 14% desde que Trump había vuelto al Despacho Oval, según calculaba la Reserva Federal del Banco de Saint Louis.

Tormenta perfecta

En una medida todavía más extrema, este lunes la gran cadena de supermercados Walmart anunciaba que bajaría el precio de una serie de productos básicos como parte de una serie de descuentos. Entre los productos seleccionados se encontraban los rollos de carne picada, el maíz fresco, las cerezas y la Coca-Cola. Hace ya meses que las grandes superficies tienen problemas a causa de una tormenta perfecta en la que se combinan estos recortes en los gastos familiares, la reducción de los subsidios alimentarios a raíz de la Big Beautiful Bill de Trump y el encarecimiento generalizado por la guerra de Irán, que aún aprieta más a los consumidores.

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Aunque el comunicado de la compañía no hacía mención a la Casa Blanca, Trump no tardó ni cinco minutos en compartir la noticia y colgarse la medalla: "Walmart reducirá los precios, mucho, a petición de mi administración para celebrar el 250º aniversario del país". El pasado sábado, en la celebración del 4 de julio, el mandatario se esforzó en recalcar "la excepcionalidad" de los Estados Unidos y en agitar el fantasma de una supuesta amenaza "comunista". Todo ante el avance de los Socialistas Democráticos de América (DSA) en las primarias demócratas y el claro empeoramiento de las condiciones materiales del grueso de la ciudadanía.

En enero ya se preveía que las elecciones legislativas serían complicadas para los republicanos. Entonces, en un acto del partido en el Kennedy Center de Washington, el magnate ya criticaba a los suyos: "Dicen que cuando ganas la presidencia pierdes las elecciones de medio mandato. Me gustaría que pudierais explicarme qué demonios pasa por la cabeza de la gente". La guerra de Irán no ha mejorado las perspectivas de poder cambiar lo que pasa por la cabeza de la gente, y menos aún de solucionar lo que pasa en su bolsillo. Trump había prometido que si ganaba los comicios de 2024 los precios bajarían, pero la realidad ha sido otra.

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El magnate no solo está obviando la situación, diciendo en cada comparecencia que la economía del país va bien, sino que este mismo viernes también se permitía anunciar que no firmaría la ley bipartidista que el Congreso había aprobado ante la crisis de la vivienda que sufre el país. En una publicación en Truth Social anunciaba que no firmaría la norma como "protesta", porque el Senado continúa sin aprobar su ley electoral, Save America.

El presidente tenía diez días hasta este viernes para decidir si el proyecto de ley entraba en vigor con su firma o sin ella. En medio de los problemas por el coste de vida, la impopularidad de la guerra y las elecciones ya en el horizonte, ha decidido darle la espalda. Mientras tanto, hace dos semanas, el alcalde socialista de Nueva York, Zohran Mamdani, acaparaba los titulares después de conseguir congelar el alquiler para un millón de neoyorquinos.