Israel

Escupitajos de ultranacionalistas israelíes en la Ciudad Vieja de Jerusalén

La marcha de las banderas por el día de Jerusalén atraviesa el barrio musulmán con fuerte despliegue policial y restricciones para residentes palestinos

Catherine Carey
14/05/2026

La Ciudad Vieja de Jerusalén, núcleo amurallado y sagrado para judíos, musulmanes y cristianos, se ha vuelto a convertir en un embudo de cánticos ultranacionalistas, empujones e insultos. Desde las doce del mediodía, miles de jóvenes judíos ultranacionalistas, muchos de ellos colonos llegados de diferentes puntos de Israel y de Cisjordania, han inundado las calles estrechas del barrio musulmán durante su celebración del Día de Jerusalén, la jornada con que Israel conmemora la conquista de Jerusalén Este en 1967, la parte de la ciudad de mayoría musulmana. El resultado, un año más, ha sido una demostración de fuerza cargada de tensión, intimidación y violencia verbal contra palestinos, activistas y periodistas. En medio del caos de la mañana, varios grupos de voluntarios del movimiento judeoárabe en contra de la ocupación Standing Together intentaban hacer de barrera humana entre los grupos ultranacionalistas y los palestinos. “Nosotros hacemos de presencia protectora. Intentamos parar la violencia con técnicas de no-violencia, con nuestro cuerpo. Sabemos que podemos ser detenidos. Pero no queremos dejar la ciudad en manos de los extremistas ni separar aún más Jerusalén”, explicaba uno de los activistas de la organización. Según él, el movimiento ha crecido año tras año hasta ser 400 hoy. A primera hora de la tarde, la marabunta de judíos ultranacionalistas entrando por la Puerta de Damasco, la entrada que conecta Jerusalén Este con el barrio musulmán y el principal acceso de los palestinos a la Ciudad Vieja, ha sido impresionante: ríos humanos de banderas avanzaban lentamente entre bailes, tambores y cánticos. “Hace falta otra Nakba” o “que arda vuestro pueblo”, han sido unos de los principales lemas. “Tenemos que acabar con ellos [los árabes] porque nos quieren matar. Es nuestro día”, decía uno de los pocos manifestantes que aceptaba hablar con la prensa.Autobuses enteros han descargado grupos de jóvenes con kipá, la casquete típica que llevan los judíos, que portaban pancartas gigantes, banderas israelíes y del Tercer Templo, un símbolo religioso utilizado por los movimientos mesiánicos que defienden la construcción de un templo judío en la explanada de las Mezquitas, el lugar donde hoy se alza la mezquita de Al-Aqsa, el tercer espacio más sagrado del islam. A media tarde, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, ha llegado a la marcha entre aplausos después de haber visitado durante la mañana la explanada de las Mezquitas. Poco después también se le ha añadido el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich. Como cada año, las marchas han acabado en el muro de las Lamentaciones.Sin embargo, no todos los participantes de la marcha compartían los cánticos más radicales. “Celebramos la unificación de la ciudad y los agresivos son casos aislados”, defendía un joven con una bandera israelí sobre los hombros. “Yo creo que hay una solución de paz bajo control israelí de toda la ciudad. No me gusta que se pegue a los palestinos”. Durante toda la jornada, los comercios palestinos del barrio musulmán han cerrado. “Es como si durante unas horas la ciudad dejara de ser nuestra”, decía el propietario de una pequeña tienda de comestibles casi vacía. “No tengo miedo, pero hoy es mejor permanecer abierto el mínimo posible”. Según las autoridades, se han desplegado más de 4.000 agentes, entre soldados y policía, para blindar esta parte de la ciudad.El servicio militar de los ultraortodoxos

La tensión en las calles coincide con un momento político delicado: este mismo miércoles, los partidos de la coalición de Benjamin Netanyahu han registrado una propuesta de ley para disolver anticipadamente el parlamento israelí y convocar elecciones, en una maniobra con la que Netanyahu intenta controlar los tiempos de la crisis política antes de que sea la oposición quien capitalice la ruptura interna del gobierno, según los medios israelíes. El texto plantea celebrar comicios en un plazo mínimo de noventa días después de la aprobación de la ley, hecho que abriría la puerta a unas elecciones ya a finales de agosto o principios de septiembre, en vez de octubre.La crisis se ha precipitado a raíz del conflicto con los partidos ultraortodoxos por la exención del servicio militar obligatorio de los estudiantes haredíes. Después de meses de negociaciones sin acuerdo, la facción ultraortodoxa Degel HaTorah anunció esta semana que apoyaría disolver el Parlamento ante la incapacidad del gobierno para aprobar una ley que garantice la exención militar de los ultraortodoxos. La semana próxima el proyecto de ley se someterá a una primera votación. En caso de superar este primer trámite, la propuesta deberá superar tres votaciones más antes de activar oficialmente la convocatoria electoral.