Rohilat Afrin, cap de les YPJ: "Nuestra existencia desafía la ideología del Estado Islámico, que dice que la guerra es masculina y sagrada"

Comandante de las Unidades de Protección de la Mujer (YPJ) y miembro del mando general de las Fuerzas Democráticas Sirias

28/02/2026

Al-Hasakah (Kurdistán sirio)El 29 de enero, el gobierno sirio anunció un acuerdo integral con las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) que supone un duro golpe a la autonomía que los kurdos habían mantenido en el este del país con apoyo de EEUU, escudándose en la guerra contra el Estado Islámico. Rohilat Afrin, comandante de las Unidades de Protección de la Mujer (YPJ) y miembro del mando general de las Fuerzas Democráticas Sirias, describe un proceso de negociación marcado por la tensión, desconfianza y presión sobre el terreno.

El 18 de enero hubo una reunión importante en Irbil [en Kurdistán iraquí] entre las SDF y el gobierno sirio. ¿Qué ocurrió?

— Cuando llegamos a Irbil, antes incluso de sentarnos a la mesa, nos informaron que habían empezado unos enfrentamientos a Deir Hafir y Maskanah, en el este de Alepo, entre nuestras fuerzas y las del gobierno sirio. Esto marcó totalmente el ambiente de la reunión. Nosotros habíamos llegado a un acuerdo: nuestras fuerzas se retirarían y posteriormente entrarían las suyas. Pero ese calendario no se respetó. Los combates empezaron antes de que se completara el proceso pactado. Esto significa que estábamos negociando mientras, al mismo tiempo, había fuego cruzado sobre el terreno. No puede hablarse de diálogo real en estas condiciones. La tensión era evidente. Cuando salimos de la reunión, la situación militar se había deteriorado aún más y los puntos tratados habían quedado prácticamente anulados por los hechos.

¿Y qué ocurrió al día siguiente en Damasco?

— El 19 de enero, en Damasco, nos dijeron que lo que se había discutido debía entrar en vigor de inmediato. No había margen para consultar a nuestra sociedad ni para explicar los términos con calma. La presión era clara: o aceptábamos o habría guerra. Ante esta disyuntiva, respondimos que no podíamos traicionar a nuestro pueblo. No podíamos aceptar una imposición bajo amenaza. En ese momento decidimos anunciar la guerra y la movilización general ya estaba declarada en Rojava. Si ese día hubiéramos dicho que sí bajo presión, hoy probablemente no estaríamos hablando en estos términos.

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Después de estos episodios y días de conflicto, ¿qué representa el acuerdo del 29 de enero?

— El acuerdo es el resultado de una situación muy tensa. No es un acuerdo ideal, pero mejor que los escenarios anteriores. Ha abierto un espacio de negociación formal que antes no existía en estas condiciones. Se han producido movimientos concretos: reposicionamiento de fuerzas, entrada limitada de efectivos gubernamentales en Qamishli y Al Hasakah –Al Hasakah es la única provincia que todavía está bajo el control de las SDF–, presentación de candidatos para cargos administrativos. Éstos son los pilares del acuerdo. Pero su implementación es irregular. No todas las decisiones han sido confirmadas oficialmente. Y los garantes internacionales supervisan, pero no garantizan. Esto deja el acuerdo en una situación vulnerable.

¿Se puede decir que el asedio de Kobane ha terminado?

— Uno de los objetivos incluidos era poner fin en el sitio de Kobane. Pero, en la práctica, la situación no se ha resuelto por completo. Esa contradicción entre lo que se acuerda y lo que se ejecuta es lo que genera desconfianza.

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¿En qué punto está la integración de las YPJ y YPG [Unidades de Protección Popular] en el ejército sirio?

— Todavía no existe una integración efectiva. Existen conversaciones y propuestas, pero no una estructura definida. El principal problema es que el ejército sirio no contempla espacios reales para unidades femeninas con identidad propia. Nosotros no podemos disolver trece años de experiencia en una estructura que no reconoce nuestra especificidad. No hablemos de cantidad. Incluso si sólo existiera una brigada femenina reducida, esto sería esencial para mantener la continuidad política y simbólica de las YPJ. La integración es una nueva experiencia para ambas partes. No es sólo un proceso técnico, es una transformación estructural.

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¿Por qué es tan importante preservar la identidad de las YPJ?

— Porque las YPJ no son sólo una fuerza armada. Representan un cambio social. Cuando empezamos, en las academias había veinte hombres por tres mujeres. Con el tiempo, la presencia femenina se ha ido expandiendo. No podemos olvidar nuestra lucha contra el Estado Islámico como parte de la Coalición Internacional. Esa trayectoria nos ha dado legitimidad y también responsabilidad.

¿Existe riesgo real de que el Estado Islámico se reorganice?

— Sí. El vacío político y de seguridad facilita que sus células se reorganicen. Aunque no controlen territorio, siguen activas. Nos preocupa especialmente la situación de las prisiones que han pasado a estar controladas por el gobierno y el campo de Al Hawl. Los movimientos de familiares y antiguos miembros pueden generar nuevas redes. Un resurgimiento no sería sólo un problema para nosotros, sino para toda la región y más allá.

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¿Por qué es tan brutal la violencia contra las mujeres combatientes?

— Porque nuestra existencia desafía su ideología. Según su concepción, la guerra es masculina y sagrada. La mujer no tiene sitio. La humillación de los cuerpos, lanzarlos desde lo alto de edificios, cortar trenzas, son actos cargados de simbolismo. No son hechos aleatorios; son mensajes de venganza. Cuando hemos pedido explicaciones, las respuestas dejan ver una mentalidad que quiere castigar a la mujer por haber roto un orden impuesto.

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¿Existe un conflicto real entre kurdos y árabes?

— Hay propaganda que intenta crearlo. En Raqqa hubo tensiones con algunas tribus, pero no puede generalizarse. La convivencia ha sido posible durante años en la Administración Autónoma [del Norte y Este de Siria]. El problema es la intervención de actores externos con intereses propios. La población civil, kurda y árabe, paga el precio de la inestabilidad.

¿Se sienten traicionados por Estados Unidos?

— No hemos recibido garantías claras por su parte. Ha habido posicionamientos que han favorecido a una parte. Sin embargo, también ha habido voces en el Congreso estadounidense que han denunciado crímenes contra nuestra población y han criticado a determinadas políticas diplomáticas. La política internacional se mueve por intereses. Nosotros hemos aprendido que la principal fuerza que tenemos es nuestra sociedad.

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¿Qué futuro ve para Rojava?

— Es una etapa difícil pero no necesariamente el final. Puede ser el inicio de una nueva fase. Durante más de trece años hemos construido estructuras de autogobierno y defensa sin soporte externo directo. Esa experiencia no desaparece fácilmente.

¿Qué papel tendrán las mujeres en la reconstrucción?

— Central. Han estado en el frente, pero también en la organización social, la educación y la administración. Cuando hoy una niña levanta el símbolo de victoria, lo hace con conciencia. Esto indica que el cambio cultural es profundo. Pueden cambiar gobiernos y fronteras, pero la transformación social que se ha iniciado es muy difícil de borrar.

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