Asia

La guerra entre Pakistán y Afganistán deja cientos de muertos y miles de desplazados en seis días

La ofensiva militar de Islamabad provoca otra crisis humanitaria, mientras la diplomacia de Ankara y Pekín intenta frenar la escalada

ARA
04/03/2026

BarcelonaSeis días después de la reanudación de los combates, la "guerra abierta" declarada por Pakistán en Afganistán la semana pasada presenta un balance de cientos de víctimas y miles de desplazados, aunque es imposible conocer el número exacto de bajas y refugiados. Mientras el gobierno de Pakistán ha asegurado este miércoles haber matado hasta ahora a 481 combatientes talibanes y haber herido a otros 696 en el marco de la operación Ghazab-lil-Haq, las autoridades de Kabul sitúan la cifra de sus soldados muertos en 28. Según la misma fuente, habrían muerto 150 militares dos lados de la frontera, conocida como línea Duran y que se extiende a 2.600 kilómetros.

Por su parte, Naciones Unidas ha confirmado el desplazamiento de 8.000 personas y la muerte de 42 civiles, incluidos mujeres y niños, bajo el fuego de la artillería y los ataques aéreos. Uno de los ataques con misiles desde Pakistán, por ejemplo, ha impactado cerca de un campamento que alojaba a desplazados por el terremoto de Kunar de 2025. El resultado de este incidente, según datos del Consejo de Refugiados de Noruega, ha sido de tres personas fallecidas y otras siete heridas. Unas 650 familias se han visto obligadas a huir de nuevo.

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El conflicto ya ha derivado en una guerra de desgaste contra las posiciones fortificadas. El ministerio de Información de Pakistán, bajo el liderazgo de Attaullah Tarar, afirma que han desarticulado la capacidad logística talibán destruyendo 226 puestos de control en la frontera y capturando otros 35. Según los informes oficiales de la operación, el ejército paquistaní habría eliminado 198 unidades de maquinaria pesada, incluyendo tanques, vehículos blindados y piezas de artillería, mediante ataques aéreos dirigidos a 56 puntos estratégicos de las provincias de Kunar, Paktika y Khost.

Las fuerzas del Emirato Islámico de Afganistán sostienen una versión opuesta sobre el estado del frente. Según sus comunicados, sus tropas capturaron 10 puestos de control paquistaníes y destruyeron un tanque, además de haber derribado cinco drones de vigilancia y ataque. La disparidad en los informes de daños subraya la dificultad de verificar el alcance real del conflicto y la destrucción en unas zonas fronterizas que permanecen cerradas en la prensa independiente desde el 12 de octubre.

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Impacto en los servicios básicos

Más allá del frente militar, los ataques han golpeado a centros de servicios esenciales. La ONU ha confirmado graves daños en un hospital de emergencias y en el centro de tráfico fronterizo de Torkham, un punto vital para el flujo humanitario y comercial entre Pakistán y Afganistán. Esta situación ha forzado al Programa Mundial de Alimentos a detener sus actividades en las zonas más calientes y dejar a miles de personas sin asistencia básica. Según informaciones locales, los residentes de provincias como Panjshir y Kapisa denuncian bombardeos que han afectado directamente a viviendas, escuelas y mezquitas y han provocado el desplazamiento de 8.000 personas para buscar refugio lejos de la línea de fuego.

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En el ámbito político, la situación se encuentra en un punto muerto. El ministro de Exteriores talibán, Amir Khan Muttaqi, trasladó al embajador chino, Zhao Xing, que cualquier violación de la soberanía afgana tendrá consecuencias para la estabilidad de toda la región. Pese a que China y Turquía han intentado ejercer de mediadores, las posiciones siguen enrocadas: Islamabad exige que Kabul deje de amparar al grupo yihadista Tehrik-y-Taliban Pakistán (TTP), mientras que los talibanes acusan a Pakistán de utilizar "excusas ilógicas" para justificar. En este sentido, en declaraciones a la cadena qatarí Al Jazeera, Hamdullah Fitrat, portavoz del gobierno talibán, aseguró que "el Emirato Islámico de Afganistán busca resolver la cuestión a través de canales diplomáticos". Igualmente, enfatizó que su país "no inició la guerra, sino que se encuentra inmerso en un conflicto defensivo".

Por su parte, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha mantenido conversaciones con el gobierno de Pakistán para intentar restablecer el alto el fuego ofreciendo a Ankara como sede para futuras negociaciones. Sin embargo, la falta de una condena explícita a las acciones militares de Islamabad y el cierre de la embajada paquistaní en Kabul sugieren que una resolución diplomática a corto plazo es, en estos momentos, poco probable.

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La actual "guerra abierta", según la declaración del ejecutivo paquistaní la semana pasada, es la mayor escalada hasta ahora del conflicto latente entre ambos países desde en octubre, cuando Kabul e Islamabad acordaron un alto el fuego después de una semana de hostilidades. El enfrentamiento actual es el más grave desde el regreso de los talibanes al poder, en agosto de 2021.