De Hezbollah a los houthis, la guerra en Irán expone las fisuras internas del eje de la resistencia

Las tensiones dentro de Hezbollah y la fragmentación entre las otras milicias debilita a los aliados regionales de Irán

08/03/2026

BeirutLa guerra regional desatada tras los ataques contra Irán ha colocado el llamado "eje de la resistencia" frente a su crisis más profunda en sus dos décadas de historia. Mientras Israel intensifica los bombardeos sobre Líbano –incluidos los suburbios del sur de Beirut– y el conflicto con Irán se extiende por la región, la red de aliados de Teherán intenta mantener una apariencia de unidad. Pero en la sombra se multiplican las tensiones, los cálculos políticos y las estrategias de supervivencia.

En el centro de esta arquitectura está Hezbollah. Durante años, el movimiento libanés fue el actor más poderoso del eje, la pieza clave que conectaba Irán con el Mediterráneo y coordinaba, directa o indirectamente, otras milicias aliadas en Irak, Siria o Yemen. Sin embargo, hoy el grupo está bajo una presión sin precedentes.

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Los bombardeos israelíes se han intensificado sobre sus bastiones tradicionales, desde el sur del país hasta los suburbios meridionales de Beirut o el valle de la Bekaa, en el centro. Edificios destruidos, barrios evacuados y miles de desplazados muestran el impacto de una ofensiva que busca debilitar su capacidad militar. Al mismo tiempo, Hezbollah sigue lanzando cohetes y misiles contra posiciones israelíes en el norte, en un intento de mantener la presión sin provocar un enfrentamiento total.

Pero la presión no viene sólo desde el exterior. El gobierno libanés ha tomado una decisión histórica al prohibir cualquier actividad militar de Hezbollah dentro del país y afirmar que "la guerra y la paz" son decisiones "exclusivas" del Estado. El ejército ha comenzado controles y detenciones por posesión de armas, en un gesto que refleja el creciente malestar de los políticos libaneses ante la participación de Hezbollah en un conflicto que amenaza con arrastrar al país al desastre.

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Dentro de Hezbollah también hay tensiones visibles, aunque no siempre públicas. El ala militar defiende mantener una postura agresiva frente a Israel para proteger la credibilidad del grupo y su capacidad de disuasión. Sectores más políticos y pragmáticos temen que una escalada total ponga en peligro la supervivencia de la organización en el sistema libanés. Además, la base social del movimiento comienza a mostrar fatiga: las zonas chiítas han sufrido nuevamente desplazamientos, destrucción y en una guerra abierta. Aunque el apoyo a la resistencia sigue siendo fuerte, la población está cansada y alerta ante la posibilidad de un conflicto más devastador.

Fragmentación

Estas tensiones en Hezbollah reflejan un mayor problema dentro del eje de la resistencia. Durante años, la estrategia de Irán se basó en mantener una red de aliados capaz de abrir múltiples frentes si el país era atacado. Pero la guerra actual muestra que esta red funciona de forma fragmentada.

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En Irak, las milicias chiíes agrupadas en las Fuerzas de Movilización Popular mantienen una postura ambigua. Algunas facciones cercanas a Irán, como Kataib Hezbollah, han lanzado ataques limitados con drones o cohetes contra intereses estadounidenses. Sin embargo, la mayoría evita involucrarse plenamente en la guerra regional. Muchas de estas milicias forman parte del aparato de seguridad iraquí y dependen del presupuesto del Estado. Abrir un frente militar grande podría poner en riesgo su influencia política y desestabilizar al país.

Además, el campo de milicias iraquíes está marcado por rivalidades internas y agendas locales. A diferencia de Hezbollah, que tiene una estructura centralizada, las milicias iraquíes operan de forma más independiente, lo que limita su capacidad de actuar como un bloque coherente dentro del eje.

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Más imprevisible es el caso de Ansar Allah, los houthis que controlan amplias zonas de Yemen. En los últimos años, el grupo ha desarrollado capacidad para lanzar misiles y drones a larga distancia, lo que le permite proyectar mucho más allá de sus fronteras. Sus ataques contra rutas marítimas y objetivos regionales le han convertido en uno de los actores más activos del eje. Pero también calibran los límites de su participación en la actual guerra. Una escalada demasiado directa podría provocar una intervención militar contra el territorio que controlan.

En conjunto, estos desarrollos muestran que el eje de la resistencia ya no funciona como una alianza centralizada. Cada actor responde según sus intereses nacionales. La red opera hoy como un conjunto de actores independientes vinculados por lazos estratégicos pero con autonomía táctica.

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Israel aprovecha las grietas

Para Irán, esa descentralización tiene ventajas y riesgos. Permite que la red sobreviva incluso si algunos de sus componentes son golpeados, pero reduce su capacidad de coordinar una respuesta unificada frente a una crisis de primer orden. Sin embargo, Israel parece aprovechar estas vulnerabilidades. Sus ataques buscan no sólo debilitar la capacidad militar de Hezbolá, sino también erosionar el entramado regional construido por Irán durante décadas.

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En este contexto, el futuro del eje depende en gran medida de lo que ocurra en Líbano. Hezbollah sigue siendo el actor más poderoso del grupo y el principal puente entre Irán y el Mediterráneo. Pero hoy se enfrenta a una presión simultánea que nunca había vivido: la guerra con Israel, la presión política interna y las tensiones que recorren el propio eje de la resistencia.

La guerra contra Irán no ha destruido esta red de aliados, pero ha dejado al descubierto algo que durante años quedaba oculto: sus profundas divisiones. Cada día de conflicto revela las fragilidades que podrían decidir si el eje logra sostenerse o se fragmenta frente a la primera gran crisis.