Sólo Netanyahu lleva el timón

Se puede decir de muchas formas, pero el significado es el mismo: Benjamin Netanyahu es quien lleva el timón de la guerra. Incluso lo tienen claro en EE.UU. muchos republicanos, que están muy lejos de ser antisionistas. El excelente periodista israelí Barak Ravid, corresponsal en Washington, que a menudo habla telefónicamente con Donald Trump, lo ha dicho de la siguiente manera: cada día que pasa Trump se identifica más con Netanyahu.

No es sólo ahora, durante la guerra; lo mismo ocurrió con el estallido del conflicto hace casi tres semanas. El pasado martes dimitió Joe Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo, que ha sugerido que Trump, que le escogió para el cargo, ha mentido diciendo que Irán era un peligro inminente para la seguridad de Estados Unidos.

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Kent justificó su dimisión diciendo que "en buena conciencia" no podía apoyar la guerra. "Irán no representaba una amenaza inminente para nuestra nación, y está claro que nosotros empezamos esta guerra por la presión de Israel y de su poderoso lobi americano", explicó haciéndose eco de un argumento que no sólo comparten en el ala izquierdista de los demócratas, sino también muchos republicanos conservadores aliados de Trump.

Justificaciones cambiantes

En las últimas tres semanas, Trump ha justificado la guerra con varios argumentos, y el miércoles dijo que la administración republicana no necesita "gente que no sea inteligente", como Joe Kent, es decir, que crea que la guerra no está suficientemente justificada. Cabe recordar que Mike Johnson, el republicano que preside la Cámara de Representantes, también ha sugerido que Israel arrastró a Estados Unidos a la guerra y dejó a Trump una "decisión muy difícil".

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Pocos días antes, el secretario de Estado, Marco Rubio, también dijo de una manera muy explícita que Israel arrastró a Estados Unidos a la guerra, pero Trump lo negó y Rubio tuvo que corregirse pocas horas después. En cualquier caso, esta opinión la comparten un número significativo de republicanos conservadores, un sector que se está alejando de Israel.

Es difícil saber si la relación del Partido Republicano con Israel cambiará a corto o medio plazo, pero ésta es una posibilidad clara que están considerando en el estado judío. Parece difícil que el presidente Trump que conocemos dé un giro en esta cuestión, pero es evidente que las bases republicanas no son las mismas que hasta hace algunos años, y las actitudes ante la guerra de Irán son una prueba de ello.

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En todo caso, Netanyahu no sólo ha arrastrado a Trump a la guerra, sino que también lleva el timón del conflicto. Parece difícil que la guerra acabe si Netanyahu no quita algún rédito político a cambio de detenerla. Las elecciones israelíes tendrán lugar antes del 27 de octubre, en una fecha que aún no se conoce, y para Netanyahu la guerra es un elemento significativo de su campaña electoral.

Algunas encuestas recientes cuestionan su popularidad, por lo que el primer ministro israelí necesita obtener resultados claros y convincentes sobre el campo de batalla. Es lo que le piden sus electores. Esta circunstancia significa que intentará alargar el conflicto hasta que la opinión pública esté convencida de que él sigue siendo la mejor opción de futuro. Por tanto, la decisión de acabar la guerra depende más del líder israelí que de Trump.

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