El régimen iraní inicia el camino para sobrevivir sin el líder Jamenei
Para evitar el vacío de poder, Teherán constituye un gobierno transitorio con el presidente, un ayatolá y el jefe de la judicatura
BeirutEl domingo por la mañana, en la ciudad santa de Qom, una bandera roja se eleva lentamente sobre la cúpula de la mezquita Jamkaran. El trapo carmesí, que en la tradición chií simboliza la sangre derramada y la llamada a la venganza, ondeaba pocas horas después de que las autoridades iraníes confirmaran que Ali Jamenei, líder supremo desde 1989, falleció el sábado durante una serie de ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán, en las suyas. La televisión estatal interrumpió la programación habitual para emitir versos coránicos y música fúnebre, mientras el gobierno decretaba cuarenta días de luto nacional y siete días de cierre oficial. Israel se ha atribuido este domingo la autoría del ataque.
La desaparición del hombre que concentró el poder político y religioso durante más de tres décadas ha abierto una transición inédita en la historia reciente de la República Islámica. De madrugada, responsables oficiales anunciaron la activación del mecanismo previsto por el artículo 111 de la Constitución. Un consejo interino ha asumido provisionalmente las funciones del guía supremo hasta que la Asamblea de Expertos designe al sucesor. El ayatolá Alireza Arafi, miembro veterano del Consejo de los Guardianes, junto al presidente Masoud Pezeshkian y el jefe de la judicatura forman este gobierno transitorio. El órgano, previsto por la Constitución para garantizar la continuidad del estado en períodos sin líder supremo, ha asumido las responsabilidades institucionales mientras la Asamblea de Expertos avanza en la elección de un nuevo guía. Pero por ahora es imposible que esta asamblea se reúna sin exponerse a un nuevo ataque. Arafi, de 67 años y figura de peso en el clero, ha sido elegido para asegurar que el sistema siga operando durante la transición.
La muerte de Jamenei no ha sido la única vez. Teherán también confirmó la muerte de varios altos responsables militares y de seguridad, entre ellos mandos del cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica, pilar estratégico del sistema. En las últimas 48 horas, ataques selectivos impactaron contra decenas de objetivos vinculados a estructuras militares. Las autoridades iraníes han reconocido "pérdidas significativas" sin ofrecer un balance completo.
Desde los primeros bombardeos, la confrontación sigue abierta. Israel y Estados Unidos mantienen los ataques contra objetivos en Irán, mientras Teherán prosigue con el lanzamiento de misiles y drones contra posiciones israelíes y bases estadounidenses en la región. Las fuerzas militares de Irán y sus aliados regionales, incluido Hezbolá en Líbano y grupos en Irak, se mantienen en alerta máxima. La escalada ha activado la diplomacia en el Golf. Ayer, los ministros de Asuntos Exteriores del Consejo de Cooperación del Golfo se reunieron por videoconferencia para coordinar una respuesta a los ataques iraníes en sus territorios.
El hijo del sha se ofrece para la transición
Mientras en el interior se organiza la transición formal, desde el exterior han surgido llamamientos a un cambio de régimen. En un mensaje en vídeo poco después del anuncio oficial, el príncipe heredero en el exilio, Reza Pahlavi, que había apoyado alúltima ola de protestas populares de diciembre-enero fuertemente reprimida, instó a las fuerzas de seguridad ya los funcionarios de la República Islámica a entregar el poder "sin más derramamiento de sangre". Según él, cualquier intento de nombrar a un sucesor carecerá de legitimidad y prolongará décadas de represión. También apeló a militares, policías ya la diáspora iraní para que presionen para provocar la caída del sistema.
La arquitectura institucional iraní fue concebida para evitar un vacío de poder. Tras la revolución de 1979, el sistema incorporó órganos superpuestos con funciones de supervisión y equilibrio: el Consejo de los Guardianes para garantizar la conformidad ideológica de las leyes, la Asamblea de Expertos para elegir y supervisar al líder, el Consejo de Discernimiento para resolver bloqueos institucionales y el cuerpo de los Guardianes. Esta red permitió absorber crisis y garantizar la continuidad del sistema ante muertes repentinas de dirigentes.
En 1981, tras la destitución del presidente Abolhassan Banisadr y el asesinato de su sucesor en un atentado, el régimen reorganizó el poder en pocas semanas. En 1989, a pesar de que Jamenei no poseía inicialmente el mayor rango religioso, la Asamblea de Expertos alcanzó un consenso para designarle guía supremo tras la muerte de Ruhollah Jomeini. Más recientemente, en el 2024, la muerte del presidente Ebrahim Raisi en un accidente de helicóptero también activó los mecanismos constitucionales sin fracturas visibles en la cúpula del estado.
El régimen iraní afronta ahora una prueba sin precedentes. La combinación de ataques militares, la eliminación de altos mandos estratégicos y la presión social acumulada desde 2022 ha sometido al sistema a una tensión nunca vista desde la revolución de 1979. La reacción de las fuerzas de seguridad y de las instituciones centrales determinará si la República Islámica logra mantenerse intacta o si entra en un período.
Por primera vez desde la elección de Jamenei como líder supremo en 1989, la República Islámica afronta una sucesión en medio de una confrontación militar directa con potencias extranjeras y bajo una presión económica y social acumulada durante años. El sistema fue diseñado para sobrevivir a la desaparición de sus dirigentes, pero nunca había tenido que poner a prueba esta arquitectura en un contexto de escalada militar y de llamadas explícitas a su caída. En los próximos días, la rapidez con la que se articule la sucesión y capacidad de las estructuras de seguridad para mantener el control ofrecerán la primera medida real de la solidez –o la fragilidad– del régimen iraní.