El régimen iraní opta por la estrategia coral para sobrevivir a la muerte de los grandes líderes

El asesinato de Ali Larijani refuerza el sector duro de Teherán, que llevaba décadas preparándose para una guerra con EEUU

Act. hace 6 min

BarcelonaHasta el asesinato del Guía Supremo de Irán al inicio de la guerra, el aitolá Ali Jamenei, la estructura de poder de la República Islámica era bastante clara. Jamenei tenía la última palabra en todos los asuntos relevantes, como el programa nuclear y las negociaciones con Occidente. Tras su muerte, se abrió una lucha por el poder entre las diversas facciones del régimen. Ali Larijani, director del Consejo Supremo de Seguridad Nacional que falleció el martes en un ataque israelí, formaba parte del sector más pragmático, que se inclinaba por negociar con Washington. Con su asesinato y el de otros líderes pragmáticos, el sector duro del régimen, articulado en torno a los Guardianes de la Revolución, sale reforzado, lo que aleja un poco más el fin de la guerra con EEUU e Israel. En este contexto los ataques persisten y este miércoles la cúpula del régimen ha quedado aún más descabezada después de que Israel haya asesinado al ministro de Inteligencia, Esmaeil Jatib, en un bombardeo de madrugada sobre Teherán.

Los equilibrios y las luchas de poder dentro de la República Islámica, como suele suceder en todos los regímenes autocráticos, no son precisamente transparentes. Además, el hecho de que su diseño institucional sea muy complejo, con numerosas institucionessui generisconectadas entre sí, no facilita la interpretación de sus dinámicas políticas internas. Sin embargo, existe un consenso entre los expertos a la hora de señalar que, desde su fundación en 1979, la figura del Guía Supremo había ido adquiriendo poder en detrimento del presidente, un cargo electo a través del sufragio universal. Y a la sombra del Guía Supremo, otro poder fáctico que ha ido acumulando poder es el Guardianes de la Revolución, guardia pretoriana del régimen y principal ejecutor de la represión de las sucesivas oleadas de protesta de los últimos años.

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La preeminencia de Ali Jamenei no derivaba sólo de las atribuciones del cargo reconocidas en la Constitución, sino también de la personalidad del líder y de su capacidad de tejer relaciones con las demás instituciones. Por eso, se preveía que, al menos al inicio de su mandato, el nuevo Guía Supremo fuera una figura más débil e influenciable, lo que abrió una auténtica batalla entre las diversas facciones del régimen, que The New York Times contaba esta semana en un detallado artículo acorde con varias fuentes que participaron en la elección.

A grandes rasgos, se configuraron dos coaliciones, una que apostaba por el hijo del difunto Guía Supremo, Mojtaba Jamenei, para que mantuviera la línea inflexible y desafiante de su padre. Dentro de este grupo se encontraban los Guardianes de la Revolución, así como otros influyentes halcones del régimen, como el presidente del Parlamento, Mohamed Ghalibaf. El otro campo, que apostaba por una figura más moderada, estaba integrado, entre otros, por Ali Larijani, el presidente Masud Pezeshkian, o el expresidente Hassan Rouhani.

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El relato de la elección está repleto de intrigas y giros propios del guión de un gran thriller político, con el uso de las últimas voluntades de Ali Jamenei como recurso de última hora para invalidar la elección de Mojtaba Jamenei. No en vano, Ali Jamenei consideraba que la elección de su hijo como líder del país pondría en peligro la legitimidad de la República Islámica, puesto que podría ser acusada de haberse convertido en un sistema hereditario, como la infamada monarquía del sha. En cualquier caso, los esfuerzos del sector pragmático fracasaron, y los halcones ahora dirigen el país.

¿Dónde está Mojtaba Jamenei?

Un hecho que no está nada claro es cuál es el estado de salud de Mojtaba Jamenei, y hasta qué punto ha tomado realmente las riendas del país. Dado que no ha hecho ninguna aparición pública, desde Washington y Tel Aviv se apunta que podría estar gravemente herido. Otra interpretación posible es que está escondido para evitar ser víctima de un nuevo asesinato selectivo de Israel. Sea como fuere, parece evidente que todo el poder de decisión ya no está concentrado en manos del Guía Supremo, sino que ahora Irán se encuentra bajo una dirección coral, con los Guardianes de la Revolución como institución clave. La muerte de Larijani, probablemente, el individuo más influyente en el régimen, no ha hecho sino reforzar aún más la hegemonía de los Guardianes, una institución paramilitar con decenas de miles de miembros. Por cierto, uno de sus máximos responsables, Golamreza Soleimani, también fue asesinado este martes.

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Más allá de su poca popularidad –Mojtaba Jamenei ni siquiera había hecho casi ninguna comparecencia pública antes de su elección–, un aspecto importante que debilita la figura de la actual Guía Supremo es el no tener unas lustrosas credenciales religiosas. De acuerdo con la Constitución, su cargo debe ser ocupado por un teólogo de reconocido prestigio, es decir, un gran ayatolá, un grado al que todavía no había accedido el último dirigente de la dinastía Jamenei. Así, cuál será el liderazgo real de la República Islámica añade una incertidumbre más en el futuro de Irán.