De prodigio a paria: la rocambolesca historia del académico estrella de Cambridge acusado de plagio
Jason Arday se ha visto obligado a renunciar a su plaza como profesor después de protagonizar uno de los casos más dantescos del mundo académico británico
BarcelonaJason Arday es un sociólogo británico que ha renunciado a su plaza como profesor de Cambridge en medio de acusaciones de plagio. En principio, no sería una noticia trascendental si no fuera por la enrevesada historia que hay detrás. El académico, mundialmente reconocido por ser la persona negra más joven en enseñar en la prestigiosa universidad, se ha visto obligado a dejar la institución, no solo por las dudas que rodean sus trabajos académicos, sino también por su trayectoria vital. El escándalo que ha generado supone uno de los casos más dramáticos de la historia de la academia británica.
En el año 2023 la noticia de que Arday había conseguido una plaza como catedrático de sociología en Cambridge dio la vuelta al mundo: tanto su historia personal como sus éxitos profesionales, además de tener solo 37 años y simbolizar un triunfo frente al auge de los discursos racistas, hicieron de su figura un emblema de progreso dentro de la institución y en el mundo académico en general. Ahora, tras su renuncia, los profesores piden que los líderes de la universidad asuman la responsabilidad de este nombramiento y acusan a la institución de contratarle para conseguir una "solución rápida" para mejorar la diversidad del personal. Según The Guardian, los catedráticos están haciendo circular una carta en la que piden una investigación sobre los procesos y las circunstancias en las que Arday recibió el cargo, y aseguran que la cúpula de Cambridge es culpable de racismo, porque, según ellos, lo nombró solo porque era negro, lo que daba a la universidad una pátina de modernidad.
La rocambolesca historia de Jason Arday
Nacido en el Reino Unido en 1985 y criado en el sur de Londres por padres migrantes ghaneses, Arday siempre ha asegurado que fue diagnosticado con autismo de pequeño, que no habló hasta los 11 años y que no aprendió a leer ni escribir hasta los 18. A pesar de ello, consiguió estudiar y obtener un doctorado en educación, cuya tesis ha sido acusada de plagio. Esta y otras acusaciones, también sobre sus méritos y su biografía, han sido rebatidas por el excatedrático, que asegura que se trata de una campaña racista para desacreditarlo.
Pero su historia de superación no se limita solo al autismo. Él afirma haber corrido 30 maratones en 35 días para recaudar dinero para obras de caridad. Según The Guardian, el profesor también asegura que mientras corría tuvo una crisis epiléptica y se fracturó una pierna, pero que, a pesar de ello, corrió nueve carreras más para conseguir su objetivo. Además de sus logros deportivos, Arday defiende haber participado en causas benéficas. En entrevistas a los medios ha asegurado haber recaudado 5 millones de libras para organizaciones benéficas en un período de 20 años, una cantidad impresionante para una persona que no es famosa. Entre las causas que habría favorecido se encuentra la instalación de equipamientos de agua en América del Sur y África, a pesar de que WaterAid, la organización con la que dice haber trabajado, afirma que en sus proyectos no trabaja con voluntarios.
El polémico sociólogo asegura que la atención mediática que recibió al convertirse en el profesor negro más joven de Cambridge, con 37 años, lo convirtió en un foco de atención negativa. Está comprobado que Arday recibió abusos racistas y, según él, le entregaron una cabeza de cerdo decapitada en casa de sus padres y un intruso enmascarado acudió numerosas veces a su oficina con un cuchillo en las manos. Ahora bien, el intruso no fue registrado por las cámaras, y el profesor ni denunció ninguna de las intrusiones ni informó de la situación a sus compañeros de trabajo. En respuesta a una investigación de The Guardian sobre el episodio de la cabeza de cerdo, la policía de Londres concluyó que los detalles que dio Arday eran "categóricamente incorrectos", motivo por el cual decidió no abrir una investigación sobre los hechos.
Con esta avalancha de rumores y polémicas, la integridad académica del catedrático se ha puesto cada vez más en duda y la universidad ha acabado por anunciar nuevas investigaciones sobre sus cualificaciones y su carrera profesional. Cambridge había defendido, desde el principio, al académico. Pero investigaciones publicadas en diarios como The Times o The Telegraph aumentaron la presión sobre la universidad, que se ha visto obligada a actuar. Las primeras acusaciones se centraban en su tesis doctoral: los medios han publicado cientos de párrafos de la tesis de Arday que eran idénticos o casi idénticos a los de la tesis de Paula Zwozdiak-Myers, publicada en 2009, seis años antes. Él ha negado categóricamente cualquier plagio y la universidad donde presentó la tesis, John Moores, no ha actuado contra él.
A las acusaciones sobre la tesis se suman otras sobre algunos de sus trabajos publicados recientemente, que apuntan a numerosos errores. El Times publicó un análisis que concluyó que algunas de sus investigaciones contenían pruebas "imposibles" y estaban llenas de inconsistencias. Pero hay más: Arday afirma haber obtenido varias becas y cátedras prestigiosas en otras universidades, y que ha sido profesor visitante en la Universidad Estatal de Ohio y en la Universidad de Glasgow, un extremo que las dos universidades han negado.
Guerra cultural
Finalmente, viendo el aumento de la presión mediática, Arday ha decidido renunciar a su plaza como profesor, y no sería raro que pusiera en pausa la publicación de sus memorias, que estaba prevista para este mes de agosto de la mano de Simon & Schuster con el título Great and unfortunate things [Grandes y desafortunadas cosas].
En Inglaterra las acusaciones contra Arday han derivado en una auténtica guerra cultural. Desde el ámbito progresista se le ha defendido a ultranza, y se han llegado a firmar peticiones de apoyo que aseguran que el catedrático es víctima de una campaña de difamación racista. Para los conservadores, en cambio, el único motivo por el cual Arday ha conseguido engañar a tanta gente durante tanto tiempo es por el miedo que genera denunciar a personas negras, una acción que puede derivar en una acusación de racismo.
Atrapado por el seguido de investigaciones, Arday continúa defendiéndose: "Las acusaciones incesantes, las especulaciones y los comentarios públicos han tenido un impacto profundo en mí y en las personas que amo, razón por la cual he decidido apartarme"; según él, para poder "acabar este capítulo".