BarcelonaCada verano, cuando el hielo cede en los pasos de alta montaña del Himalaya, miles de fieles de todo el mundo emprenden el peregrinaje más extremo y espiritual del planeta: la ruta hacia el monte Kailash y el lago Mansarovar, en el Tíbet. Venerado como el centro del mundo por el hinduismo, el budismo, el jainismo y la religión bön, el trayecto exige superar altitudes superiores a los 5.000 metros en una prueba de devoción sin parangón. Este año, la temporada álgida de agosto y septiembre se ha visto sacudida por la tragedia. Una violenta riada en el norte de Nepal, en el distrito de Rasuwa –puerta de entrada hacia la frontera tibetana–, ha devastado puentes y carreteras y s'ha cobrado de momento 250 muertos y más de 1.500 desaparecidos, cosa que pone en evidencia los riesgos extremos de un viaje que, para muchos creyentes, supone la experiencia espiritual definitiva.