27/08/2026 - 14:12 h.
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BarcelonaCada verano, cuando el hielo cede en los pasos de alta montaña del Himalaya, miles de fieles de todo el mundo emprenden el peregrinaje más extremo y espiritual del planeta: la ruta hacia el monte Kailash y el lago Mansarovar, en el Tíbet. Venerado como el centro del mundo por el hinduismo, el budismo, el jainismo y la religión bön, el trayecto exige superar altitudes superiores a los 5.000 metros en una prueba de devoción sin parangón. Este año, la temporada álgida de agosto y septiembre se ha visto sacudida por la tragedia. Una violenta riada en el norte de Nepal, en el distrito de Rasuwa –puerta de entrada hacia la frontera tibetana–, ha devastado puentes y carreteras y s'ha cobrado de momento 250 muertos y más de 1.500 desaparecidos, cosa que pone en evidencia los riesgos extremos de un viaje que, para muchos creyentes, supone la experiencia espiritual definitiva.

La silueta inviolable del Kailash
Un paso de montaña señalizado con banderas de oración
Cabal extremo en el río Trishuli
El monte Kailash, punto de referencia religiosa
Ascenso bajo la lluvia por caminos escalonados
Concentración de fieles en condiciones de alta montaña
El lago Gosainkunda, a 4.380 metros de altitud
Rituales tradicionales al lado de un túmulo de piedras
Población local de las zonas fronterizas
Temporada alta y coordinación internacional compleja
La cuna hidrográfica de tres grandes ríos de Asia
6.638 metros de altitud preservados por la fe
La circunvalación circular de 52 kilómetros del monte Kailash
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