Adiós a Soledad Gallego-Díaz, alma de ‘El País’
La periodista fue una de las artífices de la gran exclusiva de la Transición
BarcelonaSoledad Gallego-Díaz solo fue directora de El País dos años y una semana (del 8 de junio de 2018 al 15 de junio de 2020) del medio siglo que celebra precisamente estos días la cabecera, pero posiblemente es la periodista que mejor encarna los valores profesionales e ideológicos que permitieron al rotativo establecerse como diario más vendido en España. De hecho, el máximo cargo le llegó cuando ya estaba parcialmente jubilada –después de haberlo rechazado a finales de los ochenta– con la misión de hacer volver el diario a su ideario progresista fundacional, después de la etapa de hostilidad abierta con Pedro Sánchez y el PSOE durante la etapa de su predecesor, Antonio Caño. La periodista falleció este martes, a los 75 años, víctima de un cáncer.
Su trayectoria está ligada de manera indisoluble a la Transición, ya que fue una de las responsables de la exclusiva más importante del momento: la publicación, en Cuadernos para el diálogo, del borrador de la Constitución que se guardaba bajo siete llaves. Airear aquel texto secreto permitió abrir el debate público sobre lo que acabaría siendo la carta magna española. Gallego-Díaz ingresó en El País en sus inicios y allí hizo de reportera y cronista política, pero también de directora adjunta de Juan Luis Cebrián, Joaquín Estefanía y Jesús Ceberio, además de corresponsal en Bruselas, Londres, París, Nueva York y Buenos Aires, profesora de la escuela de periodismo que impulsa el medio, delegada en Sevilla, editorialista y defensora del lector.
Su maestría en periodismo pasaba por defender el valor de la verdad en estos tiempos de relativismos y mirar con escepticismo algunas de las modas vanas digitales. “En mi juventud me habría enfadado mucho si me hubieran llegado a decir que los periodistas queremos tener una marca, porque habría creído que me estaban tomando por un detergente. Entonces, lo que queríamos tener era una firma”, dejó dicho. Y tenía claro que uno de los problemas actuales es el del ruido: “El objetivo del periodismo es convertir una multitud de noticias en información”.
"Era la mejor periodista de España, con diferencia", valoraba para el ARA Enric González, experiodista de El País. "Encarnaba la conciencia ética de un diario que ha pasado épocas difíciles en la materia. Ella era la persona a la que podías ir: sensata, inteligente, cabrona cuando quería... Porque la señora era dura, pero yo la quería mucho".
A pesar de ser la directora más breve, no lo fue en impacto: durante su mandato el diario incorporó el muro de pago, se enfrentó al reto de cubrir la pandemia e impulsó una refundación de la redacción aprovechando la autoridad que tenía entre los periodistas deEl País. Su aceptación se dejó ver en los resultados de la consulta preceptiva pero no vinculante que se hace a sus profesionales cuando se nombra un director: obtuvo el 97% de votos favorables y solo seis votos contrarios, y dos en blanco. El contraste con Caño era evidente, que cuatro años antes solo consiguió un 42,9% de sufragios favorables.
Su espíritu de trabajo en equipo se hizo patente el día que recogió el premio Ortega y Gasset que entrega el mismo diario, uno de los muchos reconocimientos que recibió a lo largo de cinco décadas de carrera. “Les decía que siempre he sido una periodista de información, o mejor debería decir, una periodista de redacción”, declararía entonces. “Y quiero hacer aquí, expresamente, un homenaje a las redacciones. Son las redacciones las que hacen grandes los medios de comunicación. Formar parte de una redacción supone trabajar para un colectivo y compartir un compromiso, implica una complicidad y una misma manera de concebir esta profesión, una misma cultura y un mismo respeto por los procedimientos, las imprescindibles reglas de este oficio”.