Ana Rosa Sherlock Quintana: caso resuelto

El lunes, un periodista del New York Times descubrió, cerca de la zona del accidente de Adamuz, uno bogie del tren accidentado: una pieza de diez toneladas de la parte inferior de uno de los convoyes que salió disparada a 270 metros de las vías. El hallazgo estimuló el espíritu detectivesco del equipo de Ana Rosa Quintana, que enseguida preparó una excursión por la zona para ver si encontraban más chatarra. A las nueve de la mañana del jueves, la presentadora anunciaba el descubrimiento de unas piezas clave para resolver la causa del accidente. Como señuelo utilizaban un vídeo digno de un true crime de bajo presupuesto, donde un redactor y cuatro adolescentes vecinos de Adamuz exploraban el territorio haciendo de sagaces detectives. Para crear intriga, mostraban la escena de su hallazgo, pero pixelaban la chatarra como algo pornográfico, como si pudiera herir la sensibilidad de la audiencia. Para competir con el New York Times enseñaban el bogie y decían: "Esta pieza se queda en nada en comparación con la pieza que hemos encontrado en el programa de Ana Rosa". Construían una épica barata para describir cómo habían luchado contra los elementos para encontrar los fragmentos de tren: "Llovía mucho, había barro por todas partes...". Y enseñaban las imágenes del equipo, mojados como piojos, con una música de gladiadores a punto de saltar a la arena del circo romano. Aseguraban que las piezas que habían encontrado podían cambiar el rumbo de la investigación y aclaraban que ya habían informado a la Guardia Civil de todo el inventario de la mañana hasta las mañanas las imágenes de material localizado en. true crime casero en un rincón de la pantalla bajo un letrero en mayúsculas: "EXCLUSIVA: Encontramos una prueba clave para la investigación".

Tras crear expectativas durante dos horas, emitían la película completa de la aventura, como si fuera un National Geographic trepidante. "Queremos descubrir si estas montañas amadan más secretos", decía la locución, imitando el espíritu de un Indiana Jones de pega. El reportero hacía que los adolescentes cogieran y tocaran cada pieza que encontraban y les incitaba a hacer valoraciones. Los chavales, con la autoestima por las nubes, sintiéndose útiles en medio de la tragedia, imitaban el tono de los:Esto tiene pinta de ser un brazo de suspensión...", decía uno. El otro teorizaba sobre la importancia de un eje de las ruedas. Y buscaban las marcas de la vía en el plato de hierro: "Esto puede ser la causa del accidente", decía otro, haciéndose el sabio.

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En medio de la tragedia y del espectáculo morboso también hay mucha benditería. Ana Rosa Sherlock Quintana tiene la ilusión de encontrar pruebas como si el caso fuera un rompecabezas en el que deben juntarse las piezas. Esto demuestra la ignorancia de este tipo de accidentes. También delata una estulticia profesional que confunde la performance televisiva con el reporterismo clásico y pretende competir con la policía. Elemental, querido Watson: no faltan piezas, sobra mal periodismo.