Avivando el fuego contra Pedro Sánchez
Que los magazines matinales españoles organicen todo el relato televisivo contra Pedro Sánchez ya es un clásico. Tanto Telecinco como Antena 3 cargan hacia la derecha, y cualquier oportunidad es buena para atacar al gobierno socialista. Los grandes incendios en Madrid, Ávila y la Vall d'Uixó se han convertido ahora en el combustible perfecto para atizar aún más el fuego con la misma virulencia que queman los bosques.Para arrancar las emisiones hace días que encienden el discurso del melodrama. Hacen videoclips con las imágenes de los incendios y las propiedades arrasadas por el fuego, combinando cánticos operísticos con el sonido ambiental de la tragedia: llantos, sirenas y gritos. Se recrean en la desgracia de la gente que ha visto quemar su casa y, aún peor, los exponen a contemplar la devastación con los reporteros hurgando en la herida: “Les acompañamos por primera vez y con nuestra cámara de testigo para ver cuál es su reacción al descubrir, frente a su mirada, la devastación del fuego”. Les hacen explicar, al detalle, cada espacio quemado, cada objeto calcinado. Para añadir drama también van dando los nombres de los famosos a quienes se les ha quemado la finca. A los afectados por el fuego, después de interrogarles sobre las pérdidas y las miserias, les preguntan por los responsables políticos. Constantemente se repite la idea falsa sobre la prohibición de recoger piñas y limpiar el terreno. Y aprovechan la oportunidad para cargar contra los ecologistas y la idea del cambio climático. Es un mantra que cada entrevistado reitera. Una vez ejecutada la fase del drama, se vuelve a incidir en los insultos a Sánchez, que es la nueva tendencia informativa. Subrayar, subtitular y ampliar los improperios lanzados contra los políticos socialistas en cualquier circunstancia. “¿Evita a la gente?”, retocan en pantalla. Y transcriben cada uno de los exabruptos, por vulgares que sean. Los micrófonos a duras penas los captan, pero transcritos a la pantalla y repetidos en bucle, incrementan la sensación de crispación. “¡Hijo de p...!” o “¡Perro, a la cárcel!” son inserts que, cada dos por tres, se añaden en los reportajes. “¿Teme Sánchez el contacto con los ciudadanos?” es el lema que ya repitieron hasta el aburrimiento durante las elecciones andaluzas. “¿Puede Sánchez escapar del síndrome de Paiporta?”, se preguntan como si viviera sentenciado a una condena eterna.Pero lo que hacen, en realidad, es el típico ejercicio de exaltar a las masas y asociar la figura de Sánchez con la reacción natural de insultarle. Es lo mismo que hacían los informativos de deportes cuando, durante el Procés, se preguntaban durante días y días si en los estadios donde jugaba la selección española la grada pitaría a algunos de los futbolistas catalanes. Es una manera de excitar a la audiencia y de crear una especie de predisposición, de inercia lógica, al insulto y a la crispación como un derecho popular que se extiende indefectiblemente. Es la manera de garantizarse siempre la noticia y de consolidar y normalizar la imagen del menosprecio colectivo.