Ayuso y la televisión más vulgar

Los últimos días, Isabel Díaz Ayuso ha estado de viaje oficial a México. La distancia le ha impedido meterse en la actualidad más candente de la semana y la finalidad de su visita transoceánica se ha puesto en duda. Por este motivo, nada más poner los pies en España ha necesitado un altavoz de urgencia para intervenir, aunque fuera en diferido, en todas las polémicas.Martes al mediodía, Nacho Abad la acogió en En boca de todos, uno de los programas más amarillos y ultras de la televisión. Un espacio con un registro poco adecuado para hacer entrevistas presidenciales. Abad, con actitud servil, preparó un guion donde Ayuso pudiera practicar sus dos deportes preferidos: el victimismo y colgarse medallas. Nada más empezar, Abad le hizo un recopilatorio de los insultos que sus adversarios políticos le habían dedicado en los últimos días: “Le voy a decir lo que han dicho de usted: la han llamado trasnochada, ridícula, esperpéntica, provocadora, mentirosa contumaz y víctima recalcitrante”. Mientras tanto, ella bajaba la mirada afligida, lamentando la agresividad de la política. Ayuso respondió todas las preguntas con un tono apocado y una actitud infantilizada, como si repitiera una lección aprendida de memoria para exhibir sus virtudes. Nacho Abad le iba sirviendo los temas en bandeja para que ella los rematara con claridad: “¿Vamos a regularizar delincuentes?”, “¿Hay dinero para todos?”, “¿Qué es la prioridad nacional?” Unas preguntas que le servían a ella para soltar un mitin político con los grandes hits de la derecha más aferrada, poniendo en el centro la españolidad y los peligros de la inmigración. No es casualidad. Hacer énfasis en los problemas de inseguridad que conlleva la inmigración es una de las obsesiones de Abad en las noticias de sucesos. El presentador también apuntó que estaban investigando a Zapatero por cobrar comisiones ilegales. “¿Zapatero o lavadero?”, rotulaba el programa en la pantalla para dar contexto a la respuesta. También le mostraron las críticas del gobierno español por haber desatendido la crisis del hantavirus, y Ayuso se permitió la libertad de imitar ridículamente al ministro Ángel Víctor Torres por los mensajes que le había enviado. Hizo lo mismo con la ministra Mónica García, que será su adversaria en las próximas elecciones en Madrid. Ante las críticas por su viaje a México y las actividades que había llevado a cabo, Ayuso cargó contra la presidenta Claudia Sheinbaum por haberle boicoteado los actos y por ponerla en peligro durante el viaje. Calificó a México de "narcoestado" y advirtió que, con Pedro Sánchez en el gobierno, “España podía convertirse en México”.El espectáculo televisivo llama la atención desde la perspectiva catalana. En Cataluña, nos hemos acostumbrado a que el presidente de la Generalitat, sea quien sea, intervenga en entrevistas institucionales, formalmente muy cuidadas y preparadas desde la exigencia periodística. Es un servicio al ciudadano. Lo que vimos en Cuatro fue todo lo contrario: un show para que Ayuso se sirviera de él en beneficio propio, como plataforma de propaganda y limpieza de imagen.