Aznar, Epstein y la espuma de la cerveza

La desclasificación de una ingente cantidad de documentos relacionados con el corruptor de menores Jeffrey Epstein plantea una serie de retos importantes en el periodismo actual. Enseguida han aparecido una miríada de informaciones en la que se dice que tal o cual persona aparecen citadas. Control + F para buscar nombres, y abajo, que hace descarga! Así es, por ejemplo, que sabemos que José María Aznar, Ana Botella y su yerno salen. Pero, de momento, nadie ha relacionado esta mención con ninguna posible actividad delictiva, menos aún relacionada con la red de prostitución y pedofilia que mantenía. El vínculo aparente más relevante entre ambos, en estos momentos, es el discurso que hizo Aznar en su era de delirios de grandeza cuando justificaba acudir a la guerra en el Golfo durante un acto de una fundación financiada por el millonario. Por funesto que haya sido este personaje acomplejado en la historia española, convendremos que la mera inclusión de su nombre en un paquete de dos millones de páginas no comporta ningún escándalo e incluso podría ponerse en duda de si merece ser noticia (cuando el ánimo evidente es salpicar su nombre, poniéndolo junto al magnate caído en desgracia).

Otra cosa es si se encuentra el motivo por el que Aznar recibió un paquete suyo y eso ilumina alguna cuestión relevante. Me inquieta que la liberación de estos dos documentos se quede en un simple vaciado acrítico de nombres. A ver quién, en esta sopa de letras, es el primero en encontrar a alguien conocido, preferentemente de la trinchera contraria. Si no hay una verdadera investigación a partir de aquí y nos quedamos con la respuesta marcada por el perverso ritmo de la inmediatez –efervescente y vistosa, pero que baja como la espuma de la cerveza–, habremos perdido una oportunidad de oro para demostrar la potencia del periodismo en la era de los datos.