Cómo cargarse un momento histórico

El amerizaje de la cápsula Orión la madrugada del sábado, que suponía el final de la misión del Artemis II, fue de una espectacularidad y un suspense extraordinarios. En la etapa más peligrosa de la misión entran en juego otros elementos, como la belleza de las imágenes, la violencia del contacto con la atmósfera y la eventual pérdida de conexión con la tripulación.

En TV3, después de la gala de Eufòria, se hizo un especial informativo con la severa austeridad que caracteriza estas emisiones. Jaume Freixes y el astrónomo Ignasi Ribas resolvieron correctamente un acontecimiento histórico que, televisivamente, quizá se podría haber hecho lucir un poco más. La sensación de soledad y de emisión inhóspita daba un poco de pena. Es una lástima que TV3 no aproveche estas oportunidades para promocionar el directo. Demostraría ambición periodística y que, más allá de la plataforma digital, la antena todavía le importa.

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En La 1, Lorenzo Milà condujo el programa especial con la colaboración de la jefa de meteorología y astrofísica de TVE Mònica López, la periodista Melanie Stüber –que ha cubierto la información del Artemis– y el director de misiones espaciales de Indra Space Systems Simone Centuori. Entrevistaron a expertos y contaron con un intérprete para traducir la línea interna de la señal de la NASA. El problema fue la competición entre los colaboradores por intervenir, pisándose los unos a los otros, hablando por encima de las conexiones con la NASA y olvidando un hecho esencial: la emoción. Incluso en el momento crítico en que la cápsula chocó con la atmósfera, se añadió en pantalla el titular "Silencio en las comunicaciones". Se podría haber notado ese silencio, la tensión en la sala de control y el sufrimiento general. Destacar el instante de riesgo poniendo la máxima atención en la imagen. Y, paradójicamente, aquello se convirtió en una olla de grillos, una tertulia caótica en la que los canales de audio se superponían. Para el espectador era difícil entender nada. Para acabarlo de adobar, en el momento de rescatar a los tripulantes y recuperar la cápsula del mar fueron a publicidad. Nos quedamos sin verlo.

Hay otra circunstancia, común a ambas cadenas, que dice mucho de nuestro tiempo. Se estaban emitiendo unas imágenes insólitas de una gran espectacularidad. La sensación de miedo y fascinación lo convierten en un instante sublime. Las imágenes del acercamiento a la Tierra, el reflejo de los astronautas en el cristal de la cápsula, el despliegue de los paracaídas, el impacto con el mar... son espectaculares. Y la televisión tapa la pantalla: cubren una quinta parte de la imagen con el rótulo del titular, ponen un código QR, la etiqueta para comentarlo en las redes, la mosca de la cadena, la hora, el rótulo que dice que es en directo, la web donde encontrar más información y recuadros anexos con los presentadores y comentaristas. Tapan incluso los datos de velocidad y distancia que ofrece la NASA, que serían interesantes de ver. ¿Dónde queda la belleza de las imágenes? ¿Dónde queda el respeto por la integridad visual de los hechos?