Periodismo

El editor del ‘New York Times’ alerta del secuestro del ágora pública por parte de la IA

El ejecutivo habla ante el sector de la prensa congregado en Marsella por el gran acto anual de la entidad Wan-Ifra

Arthur Gregg Sulzberger es considerado un innovador dentro de la casa.
03/06/2026
4 min

BarcelonaEn poco más de cuatro años la inteligencia artificial ha conseguido ocupar un lugar central en nuestras vidas, pero su modelo actual amenaza no solo la sostenibilidad de los medios de comunicación sino también los fundamentos de la democracia. Así lo defendió el lunes por la noche A.G. Sulzberger, editor del New York Times, durante su intervención en el marco del gran encuentro anual de Wan-Ifra, la principal sectorial global de prensa, que este año se celebra en Marsella.

“El secuestro del espacio público es posible gracias al pecado original que anima los productos de la IA: un robo descarado de propiedad intelectual que se ha producido a una escala sin precedentes”, alertaba el ejecutivo. “Los gigantes tecnológicos saquean webs de noticias sin permiso ni compensación. Reempaquetan como propios estos bienes robados, y desvían las audiencias y los ingresos que de otro modo irían a parar a las organizaciones periodísticas que crearon estos contenidos. Y esto no pasa solo una vez durante el proceso de entrenamiento, sino innumerables veces cada día”.

Sulzberger denunció que aunque las compañías detrás de las principales herramientas de IA generativa son algunas de las empresas más ricas en la historia de la humanidad, no asumen las responsabilidades derivadas de su enorme impacto y del control que ejercen sobre los datos y la atención de los ciudadanos. Tal como recordó en su diagnóstico, aplicaciones como ChatGPT y similares necesitan cuatro ingredientes para funcionar: talento de los informáticos, capacidad de computación, energía eléctrica y datos. Para conseguir las tres primeras, estas compañías desembolsan grandes cantidades de dinero, mientras que para la cuarta, los datos y los contenidos, los toman sin ninguna compensación justa, lo que puede acabar minando el propio sistema y perjudicándolas.

El hecho de que las búsquedas en los chats de IA den la información directamente, sin necesidad de ir al medio que la ha generado, y a menudo sin siquiera citarlo, hace que aquella cabecera no pueda monetizar la inversión de recursos que ha destinado a producir aquel contenido poniendo publicidad en su página web. Y esto ocurre una vez las grandes tecnológicas han conseguido acaparar el grueso de la inversión de las marcas, con su capacidad de gestionar de manera personalizada estos anuncios, gracias a los ingentes datos personales que manejan. Según recordó el directivo, solo Meta –la empresa de Facebook e Instagram– ya factura ocho veces más que todos los diarios del planeta sumados. Y en dos décadas la facturación publicitaria de los medios se ha reducido en un 80%.

“Temo que estamos avanzando a toda velocidad hacia un futuro con cada vez menos periodistas dispuestos a hacer el trabajo duro y difícil del periodismo original: ir a los sitios, hablar con la gente, desenterrar información, cubrir temas y acontecimientos importantes, ofrecer contexto y análisis e investigar a los poderosos”, lamentó el editor. Y recordó que estos efectos no se limitan solo a la prensa, sino que afectan también a todas las industrias creativas, que dan trabajo a 50 millones de personas en el mundo y que producen aproximadamente un valor económico de 12 billones de dólares.

De hecho, cuando las empresas tecnológicas hablan de “datos”, según admitió, ya están ganando la batalla del discurso, porque en realidad se refieren en la mayoría de los casos a “contenido con copyright”.

Ante este panorama, Sulzberger se quejó de que el sector ha agachado demasiado la cabeza y ha actuado de manera fragmentada contra estas compañías. Defendió un entendimiento mutuo: “Las empresas de comunicación deberían querer abrazar lo que la buena IA puede aportar. Y las compañías tecnológicas deberían dar apoyo a una corriente saludable y sostenible de información e ideas y creatividad que alimenta la IA”.

La capacidad de negociación, sin embargo, es limitada, porque las seis empresas de IA más destacadas suman una valoración de 11 billones de dólares, lo que representa tres veces el PIB de Francia. “Esto significa que este robo de propiedad intelectual no tiene lugar por falta de capacidad de pagarlo. Aunque los acuerdos para licenciar contenidos que se han firmado no son públicos, teniendo en cuenta la dimensión pequeña de los que sí han trascendido, todo indica que menos de un 0,5% de sus inversiones se dedicará a compensar a la gente y a las empresas que crean los datos con los que se hace funcionar la IA”.

Sulzberger recordó que cinco de las diez webs más utilizadas para entrenar las IA más populares son propiedad de editores de prensa. “Aunque la mayoría de compañías de IA esconden las fuentes con las que entrenan sus aplicaciones, el New York Times fue la fuente individual más grande de datos con propietario de los bancos de datos utilizados para entrenar muchos modelos diferentes”. El editor reveló, también, que el rotativo ya ha gastado más de 20 millones de dólares en pleitos a lo largo de los últimos dos años y medio, en unos procesos especialmente largos y arduos. Su intervención concluyó con una llamada a actuar conjuntamente, presionar a los legisladores, reivindicar los derechos que pertenecen a los medios y, en caso de pactar con estas compañías, hacerlo con cuidado para que los beneficios a corto plazo no lo sean a cambio de comprometer la viabilidad futura.

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