El eclipse total de Sol en Cataluña de 1905
El Observatorio del Ebro, una iniciativa de los jesuitas, fue inaugurado con motivo del eclipse de 1905
Alquilaron un tren para la ocasión. Aquel 30 de agosto de 1905, el ferrocarril salió a las seis de la mañana de la estación de Francia de Barcelona y regresó a la ciudad bien tarde, de noche. El motivo del viaje era poder ver desde el nuevo Observatorio del Ebro, en Roquetas, el eclipse total de Sol.
«Desde los primeros momentos reinó en el interior de los departamentos gran algazara y bullicio, menudeando las bromas de buen género entre los expedicionarios. El convoy, que estaba formado por más de veinte unidades, era saludado al paso por las estaciones con nutridas salvas de aplausos por las gentes reunidas en los andenes. Los viajeros contestaban a estas demostraciones de cariño agitando pañuelos y sombreros», explicaba un diario de la época. La perla del artículo es para mí este comentario: «Figuraba en el pasaje una nutrida representación del género femenino, que fue la nota más simpática del viaje». Hace más de un siglo, que las mujeres se sumaran a un viaje astronómico era algo estratosférico.
Otra de las informaciones que me llaman la atención es que los cálculos eran menos precisos: «Con veinte segundos de anticipación a la hora calculada mordió la luna el disco solar». El eclipse fue a pleno mediodía. Era el segundo de los tres eclipses totales de Sol del siglo XX, que internacionalmente son conocidos como “los eclipses españoles”. El primero tuvo lugar en 1900, el segundo en 1905 y el tercero en 1912. Los diarios que recogieron estas informaciones del momento en que el Sol, la Luna y la Tierra quedaron alineados en 1905 se conservan en la Biblioteca del Observatorio del Ebro. La biblioteca tiene unos 50.000 volúmenes. Está especializada en ciencias de la tierra y el espacio. Hay bastantes libros de Narcís Monturiol, como por ejemplo el primer tratado de navegación submarina de la historia: Ensayo sobre el arte de navegar por debajo del agua.A Monturiol no le fueron bien las cosas económicamente. Tuvo que desmantelar el submarino y tuvo que vender la mayoría de sus libros. Por suerte, sus herederos guardaron los libros más importantes, que habían servido para construir el submarino, y los dieron a la biblioteca. A Monturiol las instituciones no le hacían mucho caso. "Como mucho le daban palmaditas en la espalda. Como pasa ahora con muchas iniciativas", me comenta, socarrón, Juan José Curto, doctor en Ciencias Físicas, investigador y jefe de cultura científica del Observatorio del Ebro. "¿Ya has hecho la foto del Sol, Miguel Ángel?", pregunta Juan José al profesional de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) con quien nos cruzamos. "Sí, acabo de hacerla", le responde. Lo acompañamos hasta su mesa para seguir hablando con él. "Fotografiamos cada día el Sol, si la meteorología lo permite. Desde los inicios del Observatorio", comenta Juan José. Miro el calendario de pared. ¡Hace tres meses que no han pasado página! No deben haber tenido tiempo. "Observamos las manchas y hacemos un seguimiento de cómo nacen, viven y mueren", me explica Miguel Ángel. Las manchas solares son regiones del Sol que tienen una temperatura más baja que los alrededores, y una actividad magnética intensa. Una sola mancha puede llegar a medir hasta 12.000 km, casi tanto como el diámetro de la Tierra. "¿Cuánto tiempo «viven» las manchas?", pregunto a Miguel Ángel. "Desde unos días hasta varias semanas". "¡Ah, solo?", digo. "Esto no es nada teniendo en cuenta los tiempos de muchos elementos del universo", pienso. "El Sol tiene un ciclo de actividad de 11 años. Es como un corazón que late". Este tiempo ya me parece más normal. ""Aquí se recogen datos meteorológicos desde antes de que existiera el Observatorio", me comenta Juan José. "Los jesuitas, fundadores del Observatorio, empezaron a recogerlos en el año 1880, veinticuatro años antes de fundarlo", añade cuando estamos delante de la estación meteorológica. Es la más completa que he visto jamás: mide la lluvia, el viento, la temperatura, la presión, la humedad, la radiación solar, la nubosidad, los tipos de nubes...Oigo de lejos el brrrmmm de un camión y los uuuiis! de un partido de fútbol. Y eso que el Observatorio, una veintena de edificaciones dispersas situadas encima de una colina, se encuentra bastante aislado. Esto explica que hay aparatos que se han tenido que trasladar a lugares más tranquilos. Es el caso de los sensores sísmicos y de los magnéticos.
"La del Observatorio del Ebro es una de las estaciones sísmicas más antiguas de Cataluña; es de la misma época que el Observatorio Fabra", explica Juan José, y me muestra la maqueta de un sismógrafo que se hizo para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Entonces detiene la explicación. Recuerda que, de niño, vino aquí con la escuela. Y hizo una redacción sobre este sismógrafo. Las escuelas han sido –y continúan siendo– uno de los públicos principales de este magnífico Observatorio.Creado por la Compañía de Jesús para estudiar las "relaciones" Sol-Tierra"En Tortosa pudimos convencernos de que la ciencia y la fe son dos hermanas gemelas. Ambas lo llevaban de frente los Padres de la Compañía según ayer pudieron acreditarlo a la faz del mundo.", decía una crónica del eclipse de Sol de 1905. El Observatorio del Ebro fue fundado en 1904 –se inauguró coincidiendo con el eclipse del año siguiente–, por la Compañía de Jesús, precisamente para estudiar las "relaciones" Sol-Tierra. Los jesuitas siempre han tocado muy de pies en tierra.