Editorial

Tragedia en Colombia en el peor escenario posible

A la derecha, con la gorra de la Armada, Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia, atendiendo a las explicaciones sobre el epicentro del terremoto, ayer por la tarde.
11/08/2026 - 21:16 h.
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BarcelonaEl terremoto de magnitud 7,4 que ha asolado el oeste de Colombia no solo es una catástrofe humanitaria, sino que también llega en el peor contexto político posible: con un gobierno nuevo que acaba de tomar posesión tras unas elecciones ajustadísimas que han dejado el país profundamente dividido, y donde no ha sido posible ni siquiera un traspaso de poderes pacífico. En efecto, el nuevo presidente colombiano, el populista de derechas Abelardo de la Espriella, suspendió los contactos con la administración saliente del izquierdista Gustavo Petro, y ahora se encuentra con que, solo tres días después de la toma de posesión, la gran mayoría de cargos de la administración todavía son del gobierno anterior.

Así pues, De la Espriella se encuentra al frente de una catástrofe de grandes dimensiones (el recuento de víctimas mortales ya llega a las 240) sin tener ninguna experiencia previa de gestión, ya que él es un abogado penalista que vivió en Miami diez años, durante los cuales defendió a personas acusadas de narcotráfico y, según una investigación del New York Times, incluso a una persona acusada de blanquear dinero proveniente del gobierno chavista de Venezuela. Ahora, después de prometer una reducción del estado del 40%, se encuentra con que debe movilizar el máximo de recursos públicos tanto para las tareas de rescate como –más adelante– para la reconstrucción.

Cabe señalar que el sismo de Colombia se produce menos de dos meses después de otro que afectó a la vecina Venezuela y que, según cifras oficiales, provocó más de 6.000 muertos. Las imágenes del sismo muestran que en ciudades como Cali, Pereira y Manizales, relativamente lejos del epicentro, edificios de cinco plantas se desplomaron como un castillo de naipes, lo que demuestra que no estaban preparados para resistir sismos de esta magnitud. Y eso que Colombia está situada en una zona en la que convergen hasta tres placas tectónicas (Caribe, Nazca y Sudamericana) y hay zonas específicas, como las más cercanas al volcán Nevado del Ruiz, que sí están mejor preparadas después de la erupción de 1985 que provocó 25.000 muertos.

La experiencia, pues, demuestra que los estados deben prepararse cada vez mejor para hacer frente a toda clase de fenómenos naturales de carácter destructivo, y de ahí la importancia tanto de contar con unos equipos de emergencia perfectamente dimensionados y preparados como de proveerse de normativas que minimicen su impacto, por ejemplo, con las medidas de seguridad que deben cumplir los edificios, los planes urbanísticos y forestales, etc. Evidentemente, los recursos públicos solo serán efectivos si se erradica la corrupción endémica del estado colombiano, que es uno de los objetivos del nuevo presidente.

Habrá que ver qué lecciones extrae De la Espriella de la gestión del terremoto, y si esto le obliga a cambiar algunos de sus planes de recortes drásticos al estilo Milei. Pero lo que es evidente es que, ante estas situaciones, el ciudadano lo que espera es que el estado al que paga sus impuestos esté a la altura y no derive las responsabilidades a los privados o se encomiende a Jesucristo, como ha hecho el nuevo presidente colombiano.

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