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La indefensión del consumidor y los tóxicos que nos hacen daño

Fruta envuelta en plástico en una frutería en Barcelona
19/09/2026 - 21:01 h.
2 min

Si tienen tápers de plástico, no los pongan en el microondas y, en general, intenten que no se calienten. Algunos, la mayoría, son disruptores endocrinos. Es decir, a pesar de ser productos derivados del petróleo, simulan un funcionamiento hormonal que altera la salud de maneras muy diversas. También son disruptores endocrinos las etiquetas con el precio que se ponen sobre las bandejas de producto fresco o cocinado de los supermercados. Los expertos aconsejan que no las toquemos y que evitemos rápidamente su contacto con la comida. También puede ser tóxico el plástico que envuelve estas bandejas. Y el champú, la crema solar o la ropa sintética que repele el agua. Los científicos han identificado un millar de elementos tóxicos que pueden funcionar como disruptores endocrinos, y que en algunos casos penetran en el cuerpo humano y pueden quedarse incluso años. No es algo inmediato. No hay una relación causa-efecto clara, y contribuyen otros factores, pero cada vez está más claro, después de cientos de estudios científicos, que la constante exposición a este cóctel de tóxicos acaba teniendo consecuencias. Se ha relacionado, por ejemplo, con la pubertad avanzada, la obesidad, la diabetes y los problemas de infertilidad. Y empieza a haber indicios que los relacionan con algunos tipos de cáncer hormonales, como los de próstata o el de mama. Sobre todo son peligrosos en embarazadas, niños y adolescentes.

Hace treinta años que hay evidencia científica de la peligrosidad del bisfenol A (BPA), un compuesto habitual en envases de bebidas y comida desde hace años. Desde el pasado julio ya no se puede comercializar en materiales en contacto con alimentos en la Unión Europea. La prohibición es de 2025, pero ha habido un periodo transitorio para que la industria pudiera adaptarse a la normativa. De hecho, en algunos casos, como las latas de conservas de frutas, verduras y productos de pesca, la comercialización estará permitida hasta 2028. Puede parecer inocuo, pero es una muestra de hasta qué punto los consumidores estamos indefensos, porque la regulación llega tarde y tampoco hay una información clara de cómo nos puede perjudicar el producto. Cuando compramos determinados productos esperamos que sean seguros, pero en el caso de estos materiales de consumo no hay una regulación previa –como sí ocurre con los nuevos fármacos–, sino que es después cuando se tiene que demostrar la toxicidad del producto. Y eso cuesta.

Está claro que el petróleo y sus derivados, desde combustibles hasta plásticos, pesticidas o fertilizantes, nos han hecho la vida más fácil, pero también están contribuyendo a contaminar tanto el planeta como a nosotros mismos. La solución, como se ve en todo el proceso de descarbonización, no es fácil y es cara, algo que perjudica sobre todo a los más desfavorecidos. Pero hay que escuchar a la ciencia, aumentar los controles y las prevenciones y hacer mejores campañas de conciencia ciudadana. Cambiar todo esto implicará sacrificios económicos y personales, pero cuanto antes se afronte esta realidad antes podremos encontrar soluciones y mejoras en la salud de los humanos y del planeta.

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