La guerra de Trump ahoga a sus aliados
Los estadounidenses están notando en el bolsillo el precio de la guerra de Donald Trump en Irán. El viernes pasado, el precio medio del diésel en los Estados Unidos estaba cerca de su máximo histórico de 6,43 dólares por galón, según GasBuddy, y los mismos votantes del presidente expresan sin miedo su descontento en las redes. Es una situación que preocupa a los republicanos porque se suma a la crisis que provocó también la guerra de los aranceles. Su situación económica, sin embargo, no es ni de lejos tan grave como la de otros países, de Guatemala a Indonesia, donde ha habido manifestaciones y protestas por la subida y la escasez de combustibles a causa de la crisis del Golfo. En España, por supuesto, si no llega a ser por las ayudas estatales, el malestar también sería más profundo, e incluso así ya se prevé un otoño caliente, porque agricultores y transportistas reclaman más ayudas, ya que las que tienen no son suficientes para mantener la actividad.
La situación, sin embargo, se puede agravar todavía más las próximas semanas, ya que al cierre del estrecho de Ormuz se ha sumado ahora el bloqueo del otro estrecho crucial, el de Bab el-Mandeb, controlado por los houthis de Yemen, que también han obligado a cerrar con sus ataques el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita. Este pasado sábado ha habido una nueva escalada cuando los houthis han anunciado ataques directos a la misma capital saudita, Riad, y la ofensiva se mantiene, porque el alargamiento de la guerra está provocando que ni los Estados Unidos ni, sobre todo, sus aliados tengan suficientes reservas de defensas aéreas. El conflicto aumenta de intensidad, pero los países del Golfo, y especialmente Arabia Saudita, se están encontrando con que no pueden contar con los Estados Unidos para defenderlos. Por eso están ahora en la búsqueda desesperada de otros aliados.
El presidente de los Estados Unidos, mientras ocurre todo esto, intenta desviar la atención con el pacto con Dinamarca y Groenlandia, que de momento no queda claro hasta qué punto supera lo que ya tenía firmado en los años cincuenta durante la Guerra Fría. Y Benjamin Netanyahu, el gran instigador de la guerra contra Irán que ha puesto el mundo patas arriba y quizás, está por ver, le puede costar a Trump perder las elecciones de medio mandato, está manteniendo un perfil bajo, como si la cosa no fuera con él. También tiene elecciones a la vista. Los dos amigos se volverán a encontrar en el marco de la 81ª edición de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que comienza este lunes en Nueva York. Pero también habrá muchos otros dirigentes que antes eran amigos y ahora ven que lo que se les pide desde Washington es un vasallaje sin muchas compensaciones. Será muy interesante ver qué pasa esta semana y los discursos que se hacen en la sede de la ONU en Nueva York. Trump ha conseguido crear un clima de miedo, sobre todo económico, y ha enfadado mucho a sus aliados. Xi Jinping, que también estará en Nueva York, donde finalmente se verá con Trump, está tejiendo su propio sistema de alianzas. En una situación tan incierta como la actual, la reunión que comienza este lunes puede ser clave para entender cómo se reorganizan las alianzas en este nuevo mundo.