Prisiones

"No tenemos tiempo de tratar a los internos": los efectos de estar avanzando el tercer grado

Con las prisiones al límite de su capacidad, profesionales y académicos también defienden que anticipar la semilibertad mejora las perspectivas de reinserción

Abrir las celdas Un preso en la unidad de toxicomanía del centro Can Brians 1, de Sant Esteve Sesrovires.
20/09/2026 - 17:00 h.
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BarcelonaCon las prisiones llegando al límite de su capacidad, una de las formas con las que la administración intenta ganar espacio es potenciando la semilibertad. Como ya explicó el ARA, la directriz generalizada a los trabajadores de las prisiones es tender a la apertura, que el Gobierno ya había defendido en la legislatura anterior para mejorar la reinserción y que ahora cobra también un sentido logístico. Mientras que profesionales y académicos coinciden en que las semilibertades mejoran las perspectivas de que un preso no reincida, la aceleración de los terceros grados en los últimos meses deja algunas preocupaciones entre los trabajadores, que alertan de que en algunos casos no tienen suficiente tiempo para tratar a los internos. "Se están realizando excarcelaciones un poco antes de tiempo y no tenemos tiempo de tratarlos", resume en conversación con el ARA una psicóloga penitenciaria.

La misma trabajadora señala el caso de una persona que había terminado en la prisión por conducir sin carné tras perder todos los puntos por conducir bebido. No era una condena larga y pronto salió en semilibertad. "El problema de fondo no es que perdiera el carné, sino el consumo. Lo que sería ideal es trabajar todo el tema del consumo antes de que salga, y en casos como este no llegamos a tiempo", explica la psicóloga, una de las figuras profesionales que valoran a los internos para valorar si están listos para disfrutar de permisos o pasar, por ejemplo, de segundo grado —el más común— a la semilibertad de un tercer grado.

Fuentes penitenciarias explican que lo más habitual cuando alguien entra en la prisión es dejar un "periodo de observación inicial" antes de plantear una semilibertad. Durante estas primeras semanas, educadores, trabajadores sociales y psicólogos se entrevistan con el interno y valoran qué itinerario de tratamiento es más adecuado para cada caso. "Si pasa muy rápido todo este proceso, no podemos hacer una observación tan cuidadosa de cuál es la tendencia del interno", advierte una educadora. También disponen de la herramienta RisCanvi para valorar el riesgo de reincidencia del interno. Todos estos factores se tienen en cuenta para decidir sobre los permisos o semilibertad de un interno, y también influirá la duración de la condena y si es la primera vez que delinque.

Aun así, en todos los casos, la Fiscalía puede presentar un recurso si cree que un permiso o una semilibertad no es adecuada, y la última palabra la tendrá el juez de vigilancia penitenciaria. Fuentes penitenciarias también subrayan que un interno en tercer grado continúa en seguimiento por parte del personal de tratamiento, que están en contacto también con su entorno y el lugar donde trabaja.

"Es un paso necesario"

El catedrático de derecho penal y criminología de la Universidad Autónoma de Barcelona Josep Cid, que dirige el grupo de investigación en desistimiento del delito y políticas de reinserción, recuerda que desde la academia y los organismos internacionales hace décadas que se defienden los beneficios de terminar las condenas fuera de la prisión, en semilibertad, para favorecer la reinserción. "El régimen abierto dura un tiempo, un periodo largo. Cuanto más tiempo estás sin reincidir, a pesar de poder hacerlo porque no estás en la prisión, hay menos riesgo. El primer año es importantísimo, la semilibertad es un paso necesario y falta más conciencia sobre esto", explica.

Cid recuerda que en la anterior legislatura el Gobierno fijó el objetivo de llegar al 30% de penados en semilibertad, y a estas alturas son el 21%. "Se tiene que llegar, pero se debe hacer bien. Las prisiones tienen un papel importante, y deben poder preparar bien a las personas para el medio abierto. La alianza terapéutica, la relación entre el profesional y el interno, es muy importante en el tercer grado", añade.

Las semilibertades se controlan desde los centros penitenciarios abiertos o prisiones donde hay módulos abiertos, y en función de cada caso los internos vuelven cada tarde o algunas noches cada semana. "El tercer grado es exigente", defiende Cid. "Una persona que madruga para ir a trabajar fuera tiene que volver al centro a una hora concreta, cumpliendo los horarios, te pueden controlar en el trabajo... Compaginar el régimen abierto con una vida normal no es nada fácil, pero esta exigencia funciona. Cuanto más tiempo pasa, más garantía de que esto irá bien", explica.

Los efectos del aumento de las semilibertades se notan ya en algunos centros abiertos. Fuentes cercanas al centro de Puig de les Basses explican que el hecho de que el Centro Abierto de Gerona esté colapsado hace que cada vez más semilibertades se controlen desde la misma prisión. "Esto también significa más entrada de droga y móviles", dice un funcionario del centro.

Un "puente" hacia la libertad

"Todo lo que sea reinserción y rehabilitación, bienvenido, pero con medios", dice Imma del Amo, educadora social y delegada del sindicato IAC-Catac, que pide ampliar el personal para poder hacer un seguimiento más exhaustivo de los internos en semilibertad y crear más recursos fuera de la prisión que hagan "de puente" entre el centro penitenciario y la libertad. Lo ve especialmente importante cuando el interno no tiene familia o red personal cerca, que pueden empezar a tener permisos de fin de semana, pero no tienen un lugar a donde ir ni una familia con quien los educadores puedan contactar para saber cómo ha ido.

En algunos casos una persona condenada a prisión puede ser clasificada directamente en tercer grado, de manera que cumpla desde el principio en semilibertad. Fuentes penitenciarias señalan que esto puede pasar, entre otras situaciones, en delitos leves que hayan tardado mucho en ser juzgados y, en el momento de la condena, la persona ya haya rehecho su vida y no haya reincidido durante años. O, por ejemplo, alguien que hubiera delinquido en relación con una adicción que ya ha superado.

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