Conexiones que te dejan atónito

Miércoles por la noche, en La revuelta, David Broncano anunciaba una conexión en directo con Afganistán para entrevistar a uno de los mejores médicos del mundo. Al otro lado de la pantalla, desde una calle de Kabul, apareció el doctor Diego González Rivas para explicar su proyecto personal: al día siguiente inauguraba el primer hospital de cirugía mínimamente invasiva de Afganistán y enseñaría a cirujanos del país a operar con su maquinaria. La conexión era bastante deficiente, a través de una videollamada del móvil. El médico expresaba su alegría por estar en ese país y enseñaba los tres guardaespaldas que le protegían en todo momento: tres hombres con vestimenta paramilitar y armados con kaláshnikov que ponían cara de pocos amigos. "¡Very safe!", decía el médico. Presentó otro cirujano, que saludó a la audiencia: "¡We are really happy!", exclamó. Acto seguido entraron en un restaurante y subieron en un ascensor hasta una sala donde había más hombres. De por medio, unas cuantas pancartas publicitaban este nuevo centro. El médico presentó Broncano a sus colegas: "He is my sufriendo!", les decía. En un programa anterior, hace meses, supimos que este médico había operado al presentador. El doctor González Rivas explicaba que al día siguiente se entrevistaría con el ministro de Sanidad del régimen talibán y expresaba su ilusión de poder operar a la gente del país con una técnica a la que no tenían acceso hasta ahora, después de más de cua quirúrgica. En medio de la euforia presentó a un empresario que colaboraba en el proyecto y, con humor, comentó que aquel hombre había sido encarcelado dos veces cuando era joven y que había quemado una biblioteca entera.

Teniendo en cuenta que se trata de una televisión pública, quizás hubiera sido importante que todo ello se explicara mejor o que se proporcionara un contexto más esmerado a la audiencia. No quedó claro si lo que promocionaban era un proyecto solidario o privado, ni qué criterios o garantías existían de atención pública. Pero bajo un régimen talibán habría sido necesario aclararlo. En toda la conexión vimos un buen puñado de hombres, pero, como era de esperar, ni una sola mujer. Ya sabemos en qué situación se vive en Afganistán. Habría podido explicarse si las mujeres tendrán acceso a este hospital o si podrán ser tratadas con esta técnica revolucionaria. Lo esperpéntico es que estas situaciones se vendan como síntomas de apertura o de cambio y se hable con tanta ligereza. Desde la vuelta al poder de los talibanes, las mujeres han sido excluidas de la educación y de las universidades. No pueden ser atendidas como pacientes si no van acompañadas por un hombre. No todo el mundo está tan safe ni tan happy con el sistema sanitario en Afganistán. En televisión es muy delicado vender la atención médica como una heroicidad individual, porque deforma la realidad sanitaria del país.