El descrédito de las víctimas

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Una imagen de 'Believe Me'.
07/10/2026 - 20:30 h
Periodista y crítica de televisión

La plataforma Movistar+ ha estrenado Believe me (Creednos), una serie de cuatro capítulos que nos remite a las violaciones múltiples que hubo en Londres entre los años 2000 y 2008. Más de cien mujeres que tomaron uno de los emblemáticos taxis negros de la ciudad y fueron drogadas y violadas por su conductor, John Worboys. Durante años, aquel taxista pudo actuar con absoluta impunidad porque la policía menospreciaba a las denunciantes y las prejuzgaba por su estado de inconsciencia o por haber salido de fiesta. Tampoco archivaban correctamente las denuncias, y eso hacía que las pruebas y los relatos de las víctimas se perdieran en las bases de datos sin que se pudiera trazar un rastro del culpable ni se detectara un patrón de conducta delictiva. Es inevitable que esta serie nos recuerde a otra muy similar que Netflix estrenó en 2019. Unbelievable (Creedme) dramatizaba una historia real muy similar que ocurrió en los Estados Unidos. La serie mostraba cómo una investigación policial puede agravar el trauma de las víctimas de violación, sometiéndolas a sospechas y culpabilizándolas. En aquella producción se explicaba cómo dos inspectoras de policía asumieron los casos con el rigor necesario, estableciendo unos protocolos imprescindibles. Pusieron de manifiesto cómo el respeto a las víctimas era esencial para encontrar a los culpables.

A pesar de los seis años de diferencia entre las dos series y la distancia geográfica que separa los hechos reales, retratan una misma década y comparten la denuncia y el mensaje. Believe me se centra en la historia de cuatro de aquellas víctimas y reproduce su periplo emocional a lo largo de los años. Mientras que Unbelievable hacía énfasis en las negligencias policiales iniciales y el contraste con el trabajo cuidadoso de las dos inspectoras, esta siempre gira en torno a las víctimas y su punto de vista. El eje es la desprotección institucional que sufren, que narrativamente se acentúa en los dos últimos episodios, cuando luchan contra el sistema policial y judicial que las ha ignorado. Se explica la violencia que conlleva el hecho de no ser creídas. Esto tiene una implicación directa en la construcción de los personajes de las protagonistas. No son solo víctimas. Son madres, hijas, esposas, estudiantes, enfermeras... y en cada uno de estos ámbitos el impacto de la violación tiene consecuencias y genera comentarios del entorno. Cada personaje afronta su situación de maneras diferentes, lo cual evidencia que no existe un modelo definido de víctima. El actor Daniel Mays interpreta al violador, un rol delicado porque hay que encontrar el equilibrio entre explicar el modus operandi y dar protagonismo al criminal. En este caso, su papel sirve para hacer explícitas las sutilezas conductuales de los depredadores sexuales y las estrategias para evadir la justicia.

Por los títulos originales, tanto Unbelievable como Believe me ponen el acento en la importancia de la credibilidad de las denunciantes, y esto convierte a las series en un magnífico manual de atención a las víctimas que, desgraciadamente, conviene recordar de vez en cuando.

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